lunes, 28 de abril de 2008

La edad del sufrimiento y la felicidad del amor

Tenía 18 años "y esa no es edad para tanto sufrimiento", escribió Alberto Méndez en el segundo de los cuentos -"derrotas"- de "Los girasoles negros". ¿Cuál debe ser la edad para empezar a sufrir? Desconectada de su madre, apenas cumplidos los 15 años, mi hija debía afirmar su existencia en la idea de vivir a toda costa. Le pasaría como a la suya, a Anneli, que recibía visita de su padre en el pueblo natal de su familia paterna, Neheim, a una hora en coche de la ciudad de Colonia. Hacía días -¿semanas?- que no recibía carta de su madre con el acostumbrado encabezamiento de "mi querida Peter Pan", así que le espetó nada más que se quitaba su sombrero de tweed y su abrigo loden:
- Díme lo que quieras, papá. Lo que quieras, con tal de que no me digas que mamá se ha muerto.
Era muy similar lo que me venía a decir mi hija con sus lágrimas y sus convulsos cabeceos negativos cuando me acercaba a la UCI para anunciarle que ya no recibiría más la visita y el cariño de su madre. Yo salí de aquel sitio por un momento, haciendo como que me sonaba la nariz -aunque sólo estaba tomando un relevo a escondidas del sollozo anterior- y cuando regresé junto a su cama esa auxiliar doctorada en afectos y diplomada en sabiduría humana que es Begoña le había puesto un disco de los payasos de la tele y Pilar se había sorbido las lágrimas. En realidad había ella decidido renacer de nuevo, aunque es más cierto que emergía a la vida -y siempre contra pronóstico- todos los días de sus 20 años.
No existe una hora adecuada para el sufrimiento y siempre llega antes de tiempo, perdido entre el pelotón de una familia numerosa y sin afecto, deprimido y destructivo contra ti mismo te niegas a comer; herencia del gen de su madre desfallece y pretende obtener de otros sustitutivos la solución a su ansiedad o tiene una vida traspasada por la permanente agresión de unos tubos que le traen el aire y le proporcionan la comida o le quitan los mocos. 10, 35 años o los 20 de toda tu vida. Se le reconoce con demasiada facilidad: es el dolor, y es tan inmaterial e íntimo que no se desvanece con ninguna pastilla y tan poderoso y punzante que ningún sustitutivo es capaz de desterrarlo al olvido.
Se diría que es como afirmaba el personaje interpretado por Anthony Hopkins en "Tierras de penumbra", en las conferencias que dictaba, que en realidad Dios no quiere que seamos felices y con cada golpe de cincel que recibimos nos hacemos hombres, nos formamos. Así que nuestro destino es el sufrimiento y nuestro código genético el dolor. Pero cuando Hopkins se enamora ese proyecto se desvanece y entonces el amor aventa al sufrimiento. Enamorados se diría que levitamos o que al menos el suelo rebota por debajo de nuestros pies. Y cuando se ha experimentado una vez el amor se sabe que tu vida ya ha tenido sentido. Hopkins pierde después a su mujer, pero ha ganado al hijo de ella y es poseedor de un don que nadie le podrá nunca arrebatar y que se llama recuerdo.
Claro que a fuerza de tanto vivir nos salen canas y arrugas y nos volvemos viejos, quizás no tanto por la edad sino por las existencias de que un día formamos parte y ya han quedado atrás de manera irremisible. Y es que nadie puede mirar a la vida de la misma forma después de haber muerto, una, dos veces, con tus seres queridos.
Se puede esperar un nuevo amor o vivir en el recuerdo de los amores transcurridos, o las 2 cosas a la vez, pero la vida ya no ha pasado en vano. Es verdad que alguna vez nos entregamos a ella y nos hemos quedado un tanto desarbolados después de la tormenta. Perplejos, consideramos que el tiempo de nuestra felicidad fue demasiado corto y que es injusto que nos haya sido arrebatado. Pero el sabio refranero español tiene también respuesta para esa desagradable sensación:
"¡Que nos quiten lo bailao!"

9 comentarios:

Peter dijo...

Genial una vez mas.
Me voy a permitir hacerte una sugerencia, por que no escribes un libro sobre Pilar y tu experiencia junto a ella?
Seguro que a muchos padres o familiares de personas en la misma situacion que Pilar y tu les ayuda.
Un abrazo Fernando

Antonio Valcárcel dijo...

Estimado Fernando:

¿Cuantas lágrimas has derramado, cuando frente al inmenso vacio del ordenador, comienzas a escribir acerca de Pilar?

En las terapias psicológicas es bueno que uno escupa el dolor y, comparar incluso que su dolor puede ser ínfimo frente a otros casos. Lo patológico es guardarse el sufrimiento, sin escupirlo.
Cuando uno es capaz de confesar sus duelos y enfermedades, está más cerca de curarse.
De seguro, que tales experiencias te han servido y serán muy útiles en tu faceta de político, para cambiar algunas cosas: Investigación de las lesiones medulares, asistencias sanitarias, lucha contra las enfermedades raras, etc.
Yo se que tu eres de los pocos políticos a los cuales les solicitamos su ayuda y recibimos, al menos, una entrevista para exponer nuestros proyectos que supusieron la antesala de la Ley de Dependencia, y que fue defendida por el Dr. Ricardo Hueso, Parlamentario Vascos.
Tuyo es el blog, tuyas son las lágrimas. Y cuando expones tu dolor como la dinamita, por simpatía explota; y haces emanar por nuestros ojos, cascadas de lágrimas.

Lord Kobol dijo...

Es un off-topic que no viene al caso, pero el otro día vi un documental llamado "Uno por ciento esquizofrenia" que es estremecedor y debería ser de visión obligatoria para eliminar todos los prejuicios que existen en la sociedad en cuanto se escucha esa palabra.

Está dirigido por Ione Hernández y producido por Julio Medem.

Y lo podeis "encontrar en la red".

Saludos.

PS: Me sumo a Peter en su petición, no solo para padres de familia, sino para cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad y fe en el ser humano.

Antonio Valcárcel dijo...

Lord Kobol:

Creo entender que has pinchado en mi foto y has conectado con uno de mis artículos de mi blog en el cual defiendo al enfermo mental esquizofrénico paranoide.
Julio Medem acabó la carrera de médico-psiquiatra y al sentirse impotente para tratarla decide abandonar y dedicarse al cine. Sin embargo, no dejará nunca de preocuparse por la enfermedad mental. Es muy fácil traspasar la línea de la coherencia y quedar atrapado en el mundo surrealista que perciben, siente, ven y oyen…, el enfermo paranoide. Algunos logran adentrarse en ese mundo a través de psicótropos y diferentes drogas. Yo he conocido gente muy equilibrada hasta que su equilibrio social, económico, familiar..., se desestabilizó y al unísono enfermaron. No hay nada claro en cuanto a la enfermedad mental la situación política, terrorista ha creado y crea una nueva dimensión de la enfermedad mental que se ha tipificado en los manuales de la psiquiatría como: "Síndrome del Norte" (estrés postraumático) que está afectando a profesionales de la seguridad pública y privada (escoltas), dentro de este cuadro es susceptible de sufrir un sinfín de desarreglos de la personalidad. Ayer se presentó un escolta privado por la asociación con ideaciones autolíticas, que hemos derivado a psiquiatría.
¿La jurisprudencia es fuente de derecho? está creando el concepto de ciertas enfermedades mentales acaecidas durante el desarrollo profesional de algunos escoltas privados. Reconocen en sus sentencias judiciales con el fallo de "enfermedad laboral". Afortunadamente un balón de oxígeno para los trabajadores de la seguridad privada.

Recibe un abrazo.

Paloma dijo...

LLegué al blog de Fernando Maura interesada en sus opiniones políticas y estoy subyugada por sus post más personales e íntimos.
Qué absurdos y que pobres resultan los avatares políticos del día a día frente al drama humano de la vida y de la muerte.
Deseo de verdad que encuentre la felicidad que busca y que merece.

Luc dijo...

Gran blog Maura...sigues en forma...
L.

El blog de Fernando Maura dijo...

@Queridos amigos, hace algún tiempo recogí algunos momentos de la vida de mi hija a los quew puse como título provisional el de "Encuentros con Pilar". . Es lo quie os estopy ofreciendo con alguna frecuencia. Gracias por vuestro aliento. Abrazos.

Andrea Freire dijo...

Hola, me llamo Ana. Te he conocido por casualidad leyendo El País y la verdad es que he venido corriendo a leer tu blog. No sé, una fuerza me ha llevado a tus artículos, a tus relatos. Yo también escribo, bajo el seudónimo de Andrea Freire (www.andreafreire.com). Creo mis personajes y a veces cuento cosas de mi propia vida. En este momento muy duras. Mi padre está muy enfermo y estamos exprimiendo los días al máximo. Uno de los relatos está dedicado a esta difícil etapa. He visto en tu experiencia un ejemplo, un "flotador" para levantar mis fuerzas, y en tu hija un motivo para continuar luchando, porque cada sonrisa que lanza mi padre es un premio, que guardo con siete llaves. Gracias por compartir tus sentimientos.

El blog de Fernando Maura dijo...

Gracias, Andrea-Ana. Visitaré tu página.