viernes, 4 de abril de 2008

Era una mañana de cálida primavera en Barcelona. Me había citado con esa persona encantadora que es Sisi para visitar juntos la Casa del Tíbet.
Y lo primero que hizo Sisi fue enseñarme su jardín-azotea, un a modo de "solarium" en el que caben además todas las historias que Sisi nos quiere contar. Las figuras de un Nacimiento, de los animales de todas las condiciones y tamaños conviven con las plantas y se integran en unos tiestos rectangulares que son escenarios reducidos de la obras que en ellos se representan. Las figuras pierden su singular batalla contra la naturaleza vegetal, en una sorprendente contra-alegoría de los tiempos actuales, porque en el jardín de Sisi las plantas crecen y hombres y animales se retiran a los extremos del rectángulo, como boxeadores agotados por el combate y que sólo esperan a que alguien arroje la toalla por ellos.
Es el jardín de las mil y una historias vividas en los mil y uno días de luz, porque la verdura te devuelve la vida oxigenada -y respirada, de día, por lo mismo que te la roba por la noche en ese permanente ciclo del eterno retorno de los contrarios que es nuestra existencia.
La nuestra con la Casa del Tíbet fue una cita inexistente. Sisi tocaba la puerta acristalada de la oficina central y de ella salía un joven oriental que no podía sino ser tibetano. Ngawang -es su nombre- cree que tiene 33 ó 34 años -debe fiarse de la imprecisa memoria de sus padres, su partida de nacimiento ha desaparecido, ¡quién sabe si existió algún día!- y fue a ingresar en este mundo en el exilio, en el Nepal.
Tiene pocas noticias acerca de lo que está ocurriendo ahora en el Tíbet. Las conversaciones telefónicas con la región son escasas e invariablemente controladas. Los datos que se refieren a las víctimas mortales de los sucesos recientes proceden del gobierno tibetano en el exilio de Dharamsala y ascienden a unas 140.
Según Ngawang, China está protagonizando un verdadero proceso de colonización del Tíbet. Ha llegado a situar 7 millones y medio de chinos sobre 6 millones de ciudadanos. Las autoridades de Beijing ofrecen siempre los mejores puestos de trabajo a los chinos. Los tibetanos ocupam imvariablemente los empleos subordinados y están dirigidos siempre por chinos.
La cultura constituye otro de los problemas flagrantes -el Dalai Lama se ha referido al "genocidio cultural"-. Y Ngawang nos explica que a partir de los 5 años los niños ya no pueden estudiar en el idioma tibetano. Los medios de comunicación "libres" -emisoras de radio y cadenas de televisión- ven distorsionadas sus frecuencias por las autoridades chinas.
Las protestas de este año -al revés de la del '80- se ha extendido a todo el país. Ngawang reconoce que no han sido pacíficas por parte de los tibetanos.
Le pregunto por el régimen feudal que el propio Dalai Lama habría dirigido en Tíbet hasta su exilio en 1.959. Dice que no sabe muy bien si era o no feudal, que los monasterios y la nobleza tenían sus tierras que cultivaban los campesinos y que pagaban a sus dueños mediante retribuciones en especie.
Le pregunto también sobre el régimen electoral. En Dharamsala hay un parlamento elegido por los tibetanos exiliados en todo el mundo.
Mi última cuestión se refiere a la dicotomía entre la independencia y la autonomía. Para Ngawang no la hay: la autonomía es sólo un camino en la consecución del primero de los objetivos.
Cuando abandonamos el local, Sisi se advierte del mapa que figura en la salida y que representa al Tíbet y a China. Se trata de 2 países de extensiones similares con poblaciones harto desproporcionadas. Sisi lo ve muy claro.
- El Tíbet no tiene nada que hacer -me dice.

4 comentarios:

Pedro José Chacón Delgado dijo...

Vistas así las cosas, evidentemente, nada que ver con lo que aquí tenemos. Además de que da un poco de miedo todo lo que ahí se cuenta. Pero, insisto, nuestra mentalidad no es la suya. ¿Sabemos algo de la historia del Tíbet, de las relaciones que ha habido entre China y Tíbet, de por qué el Tíbet es el Tíbet y si tiene entidad diferenciada de lo que es China, qué idioma hablan, por ejemplo? Si China se permite introducir más población china en Tíbet que la propia tibetana preexistente, ¿cómo lo hace, cómo trabajan, les llevan obligados, hay industria en Tíbet que permita ese trasvase de población, sólo la agricultura los absorbe? Porque de la Administración solamente no van a vivir, supongo yo.
Y en el propio Tíbet, ¿cómo funcionan las cosas, hay enseñanza reglada para los niños y jóvenes, en qué idioma se enseña?
No sé, pensamos en Tíbet y China desde nuestros propios parámetros, pero ¿tenemos otros para ver la situación mejor?

Saludos.

Blanca Oraa dijo...

@ fernando y seguidores politologos:
Me gustaria que vivierais lo que estoy viendo yo en Tel Aviv y solo llevo 24 horas, para poder esperimentar lo que es un conflicto con letras mayusculas.
Todavia no he visto nada y ya estoy temblando...

paloma dijo...

Llevo toda la tarde leyendo el blog de Fernando Maura y llorando por Pilar, por su madre y por él mismo. Esperaba un blog con el análisis político de la situación en España y me encuentro con un despliegue de sensibilidad y de intimismo con el que no contaba. Me convierto desde hoy en una seguidora fiel de Fernando Maura y de sus comentarios, del tipo que sean. No creo que yo paticipe, pero leeré con avidez.
Gracias de antemano

El blog de Fernando Maura dijo...

@Pedro José. Es cierto que son muchas las preguntas que nos podemos hacer y que seguiremos intentando contestarnos entre todos.
@Paloma, gracias por tu comentario. Espero que no te defraude este blog.