jueves, 10 de abril de 2008

Anneli está obsesionada con la idea de la primera comunión de Pilar, así que decide pasar a una de las más difíciles de entre las ofensivas que tiene este asunto: la propia Pilar. Durante una visita que le hacemos ella y yo, su madre le habla de Eugenio, que es como se llama el cura. Según mi mujer es amigo mío. A pesar de que yo no le conozca. Anneli quiere que nuestra hija no sienta un rechazo previo en relación con el sacerdote. Yo hago un gesto de extrañeza y Pilar lo nota perfectamente. En todo caso tengo muy claro que no le voy a seguir el juego. Pilar me mira fijamente y mueve repetidas veces la cabeza haciendo una señal de negación. Esa actitud evidencia además la incomodidad que siente la niña en esos momentos, porque se agita violentamente y con furia -algunas veces yo mismo he puesto mi cabeza al lado de la suya durante estas agitadas expansiones, y puedo asegurar que el golpe resulta contundente-. Anneli hace a su vez todo tipo de aspavientos para que acepte que Eugenio es mi amigo. Entre dos mujeres que reclaman de mí una decisión yo me mantengo en mis trece: No le conozco, de modo que no puede ser mi amigo.
Intento en todo caso reconducir la situación. “¿Quieres que le regalemos un ejemplar de mi libro[1] de tu parte?”, le pregunto. Pilar es una niña generosa –es verdad, aunque lo es siempre bastante más en relación con las cosas que son de los demás, suele ocurrir a menudo...- y me contesta que sí. Ahora no tiene escapatoria. “De acuerdo –reflexiono en voz alta-. Entonces ¿cómo vas a negarte a recibir a una persona a la que le has regalado algo?"
Vencida por la evidencia del argumento Pilar va perdiendo convicción en sus movimientos de rechazo y cesa en ellos. Finalmente su cabeza reposa tranquilamente sobre el extremo de su cama de hospital, ligeramente levantada de la horizontal..
Sin recurrir a la mentira he conseguido reconciliar a mis dos mujeres con sus criterios previos.
Y es que estoy convencido de que a la niña no se la debe engañar. En cualquier momento ella se daría cuenta del ardid y eso le produciría una importante desazón de efectos imprevisibles. No hay que olvidar que está atravesando en la actualidad por la complicada fase de la adolescencia. Pilar se encuentra en un hospital; tiene una serie de funciones orgánicas limitadas, si se quiere atrofiadas por la ausencia de su uso. Pero no es tonta, ni retrasada. Nada de eso...
[1] “Sin perder la dignidad...”

2 comentarios:

aitor dijo...

Vaya desde aqui, nuestras máximas condolencias para Usted y su familia.
Nosotros (mi mujer, mi hija y yo), tuvimos la suerte de "disfrutar" de ella durante 25 días en Cuidados Intensivos y digo disfrutar porque eso fué lo que Pilar (nosotros la conocimos como Eugenia) nos hizo la estancia mucho mas fácil y agradable.
No se explicar la fuerza, la vitalidad, la sensación de presencia que Pilar daba la habitación. Ya desde la primera noche que mi hija paso en la U.C.I. Pilar nos dijo como había pasado la noche, si habia llorado mucho o no. luego a medida que pasaban los días fuimos conociendonos mejor, tenemos muchos recuerdos de su abuelo, un gran hombre y mejor abuelo, el amor que aquella persona procesaba por su nieta era digno de llamar la atención, en toda nuestra estancia su abuelo, no creo que fallase un solo día en ir a visitarla, siempre una buena cara, todo simpatía hacia su nieta.
Tambien tenemos buenos recuerdos de sus tia, 2 chicas que venian de muy buen humor, la disfrazaban y lo pasaban muy bien y nos lo hacian pasar mejor.

Nosotros le poníamos musica a nuestra hija, un CD, de un grupo que se llamaba Siempre Asi, era un CD azul, ó en una caja azul, que le regalamos a Pilar y que ponia muy a menudo.
Ella nos hizo ver y comprender que hay algo mas por lo que luchar, que ya sea en la vida, ó en la cama de un hospital, siempre hay algo mas.
Tenía unos detalles que a medida que la ibas conociendo no dejaban de sorprendernos.
Un dia, una chica de las que limpiaban, se subió a una escalera de tres peldaños para limpiar encima de las puertas y ella con su forma especial de hacerse entender, le grito a la chica que se bajase de las escaleras, que tenía miedo que se callese.
Nosotros en ese momento no entendiamos lo que decía, pero había una Auxiliar de Enfermeria rubia, solia ir siempre con muchas joyas y era un cielo de mujer (un 10 para ella) que le entendia a la perfección y nos hacia de interprete.
Detalles como ese tenia mil. Durante nuestra estancia todos los dias nos sorprendió con algo nuevo.
Desde que salimos de alli, no ha habido dia, semana, mes, que no hallamos tenido un recuerdo sobre Pilar, como se encontraría, que habría sido de ella, muchas veces hemos estado tentados de llamar por telefono al hospital para saber de ella, pero al final, quienes eramos nosotros para preguntar por una persona de la que no somos familia.
Solamente te queremos enviar desde este foro, un saludo de unos padres que tuvieron la suerte de conocerla y como te he dicho antes, de disfrutar de ella.
Atentamente, unos amigos de Vitoria.

Fran B dijo...

Acabo de leer el reportaje en El País. No tengo muchas palabras, solamente quiero decir que el adjetivo "admirable", tanto para usted como para su familia, se queda muy corto. Reciba un abrazo enorme, y todo el ánimo que pueda transmitirle con mis palabras, que ojalá sea mucho.

Fran, de Almería.