NO QUIERO MORIR
No quiero morir,
Por ti,
No quiero morir.
Me dicen que mi hija,
Nuestra hija,
Se nos está yendo;
Esta mañana tengo el azúcar disparado,
Sin que yo haya hecho exceso alguno para eso;
Y mi retina está sucia,
Y provoca manchas sobre mi universo exterior.
Vuela el avión hacia Bilbao
Y allí me esperan
Dos escoltas,
Y un coche pagado por el contribuyente,
Sólo porque estoy en política,
Y no soy como a algunos les gusta que se sea.
Los nacionalistas de la pistola
Me quieren matar.
Y, a pesar de todo, no,
No quiero morir,
Por ti,
No quiero morir.
Hoy me llamas,
¿Por séptima vez en el mismo día?
Cuando apenas alcanzo
La escalerilla del avión
Para decirme algo
Entre sollozos
Y entonces yo vuelvo a preocuparme
Y pienso en mi hija,
En el azúcar,
En lo sucia que se me ha puesto la retina,
En los dos escoltas,
En el coche oficial pagado por el contribuyente.
Verdaderamente que todo esto.
Es como para llorar.
Pero sólo ha pasado que
Te has cargado la televisión,
Y yo escribo estos versos
En tanto que el piloto
Anuncia que llegaré a tiempo
Para cenar.
Y yo pienso que quiero volver,
Y que a pesar de todas las cosas
De nuestra hija,
De mi sucia retina,
De los dos escoltas
Y del coche pagado por el contribuyente,
No quiero morir,
Por ti,
No quiero morir.
10.3.02
viernes 4 de diciembre de 2009
miércoles 2 de diciembre de 2009
Una justicia de barra libre
Asistimos en estos momentos, a una judicialización de la vida política y social de este país. Si uno de los rasgos característicos de nuestro sistema judicial es el ineficacia de su administración, para colmo se ha convertido en el escenario de la batalla política de dos partidos PP-PSOE que no son capaces de desarrollar su mandato democrático y ejercer su actividad en los foros propios de la vida política sino que de manera constante se enzarzan en una batalla judicial contribuyendo a colapsar, si es posible más, la ya de por si, saturada administración de justicia. A todo ello, se añaden los casos de corrupción política que invaden las instancias judiciales de todo el territorio nacional, y que muchas veces después de utilizar de manera exhaustiva todos los recursos judiciales disponibles, quedan impunes ,en la mayoría de los casos por algún defecto procesal.
La justicia, entendida como una de las premisas de nuestro sistema democrático consigue el fin contrario al perseguido cuando el modelo se ve saturado por un incremento constante de la litigiosidad. Sin negar la premisa, de que se debe facilitar el acceso a la justicia a todos los ciudadanos, dichas facilidades no pueden suponer una carga insoportable para el Estado, que nos conduzca a una justicia inoperante.
Entre las medidas que permiten esa “facilidad de acceso”, destaca la inexistencia de costas judiciales. En la actualidad existe una multiplicidad de litigios cuya temeridad no se ve sancionada con pena alguna, sobre todo en el ámbito contencioso-administrativo y en el ámbito penal, siendo evidente que si el ciudadano debe acceder de manera ágil a los tribunales debería ser una premisa inseparable del anterior, la necesidad de hacer soportar las costas de una utilización indebida de la justicia a todos aquellos litigantes temerarios.
Así de sencillo, el principio de justicia que debe imperar en todo el sistema judicial es que “el que pierde paga”. De este modo, la puesta en marcha del aparato judicial sin haber conseguido una sentencia estimatoria debería determinar la imposición automática de las costas judiciales, un hecho excepcional en casi todos los procedimientos.
En muchos casos esas costas deberá pagarlas la propia administración, y en otras debería aplicarse a aquellas conductas temerarias de quienes utilizan la justicia arbitrariamente. Y es que la constante judicialización de cualquier conflicto de la vida política y social y la utilización de la justicia con fines mediáticos y partidistas no contribuye sino a agravar el problema de nuestros tribunales. El que pierde debe pagar y nuestros políticos deben saber que acudir a los tribunales no siempre es “gratis”.
La justicia, entendida como una de las premisas de nuestro sistema democrático consigue el fin contrario al perseguido cuando el modelo se ve saturado por un incremento constante de la litigiosidad. Sin negar la premisa, de que se debe facilitar el acceso a la justicia a todos los ciudadanos, dichas facilidades no pueden suponer una carga insoportable para el Estado, que nos conduzca a una justicia inoperante.
Entre las medidas que permiten esa “facilidad de acceso”, destaca la inexistencia de costas judiciales. En la actualidad existe una multiplicidad de litigios cuya temeridad no se ve sancionada con pena alguna, sobre todo en el ámbito contencioso-administrativo y en el ámbito penal, siendo evidente que si el ciudadano debe acceder de manera ágil a los tribunales debería ser una premisa inseparable del anterior, la necesidad de hacer soportar las costas de una utilización indebida de la justicia a todos aquellos litigantes temerarios.
Así de sencillo, el principio de justicia que debe imperar en todo el sistema judicial es que “el que pierde paga”. De este modo, la puesta en marcha del aparato judicial sin haber conseguido una sentencia estimatoria debería determinar la imposición automática de las costas judiciales, un hecho excepcional en casi todos los procedimientos.
En muchos casos esas costas deberá pagarlas la propia administración, y en otras debería aplicarse a aquellas conductas temerarias de quienes utilizan la justicia arbitrariamente. Y es que la constante judicialización de cualquier conflicto de la vida política y social y la utilización de la justicia con fines mediáticos y partidistas no contribuye sino a agravar el problema de nuestros tribunales. El que pierde debe pagar y nuestros políticos deben saber que acudir a los tribunales no siempre es “gratis”.
martes 1 de diciembre de 2009
Carta a Aminatou Haidar
Señora. Aminatou Haidar
Estimada Señora,
Una visita de mis compañeros de Unión, Progreso y Democracia de Sevilla me ofrece la oportunidad de ponerme en contacto con usted en la huelga de hambre que viene haciendo para denunciar públicamente su situación.
En esta sociedad que vivimos, en que la imagen se ha convertido en el más acabado producto de la noticia del drama que se encuentra detrás de ella, la conmovedora visión de su figura en nuestras pantallas de televisión está acercando a muchas personas a la realidad de la situación que padece usted así como su pueblo, el del Sahara Occidental.
Tuve noticia de su decisión de iniciar una firme protesta contra las autoridades marroquíes y españolas el día anterior a la marcha que muchos afiliadps de Unión, Progreso y Denocracia hacíamos, junto con los simpatizantes de la causa saharaui, en el 34 aniversario de los vergonzantes “Acuerdos de Madrid” que darían cobertura a la ocupación por el reino de Marruecos del territorio de su pueblo. Algo en mi interior me decía que su actitud podria tal vez dibujar una especie de frontera, que como consecuencia de su resuelta posición existiría un antes y un después de ella. Un antes, definido por el olvido mayoritario por parte de la sociedad española respecto de la situación real de su pueblo; un después, que vendría determinado por un mayor conocimiento de esa realidad y la consiguiente reclamación de medidas para su solución dirigida por nuestra ciudadanía al gobierno español.
Nuestro partido acaba de celebrar su primer Congreso. Y debo decirle que, tanto la reivindicación de un Sahara libre como su situación han tenido una atención decisiva a lo largo de su desarrollo. Recibí al Ministro de la RASD, señor Salek Bopih, que se dirigió al Pleno de nuestra Asamblea y tuvimos la oportunidad de hablar acerca de la situación del Sahara y de la suya propia. En algún momento de nuestras conversaciones le dije al Ministro que el gobierno de Zapatero no cree en los principios, pero sigue muy de cerca las encuestas.
No sabe de principios. No quiere enterarse de la responsabilidad que tiene nuestro país por la situación que vive el pueblo saharaui desde hace 34 años y que es debida a la vergonzante claudicación española ante los intereses marroquíes. No quiere reconocer la responsabilidad jurídica y moral que tiene España con el Sahara por no haner culminado el proceso de descolonización a través de un referéndum de autodeterminación, como exigen las Declaraciones de Naciones Unidas, en procesos similares y en el saharaui en concreto.
No sabe de principios. Pero sigue con atención lo que dicen las encuestas. Y está siempre dispuesto a modificar sus errantes políticas si lo que en los sondeos de opinión se dice existe un desacuerdo con sus actuaciones.
Y yo tengo para mí, lo mismo que mis compañeros de UPyD, que su digna y fuerte decisión está conmoviendo ya a nuestros ciudadanos y les está llevando a preguntarse por la causa de las decisiones que viene adoptando el gobierno español y que ya nuestro partido ha denunciado como un “Guantánamo jurídico” en lo que se refiere a su situación de ciudadana sin garantías, varada en un aeropuerto español, separada de los suyos, marginada del conjunto de su pueblo…
Yo no puedo atreverme, señora Haidar, a hacerle ninguna recomendación. Tengo conocimiento de sus problemas físicos, que una huelga de hambre no podrían sino agravar. Sólo quiero manifestarle admiración y mi apoyo personal y el de mi partido, que estoy convencido que se une al de muchos cientos de miles de españoles en una cifra cada vez más creciente precisamente a causa de un gesto tan digno y valiente como el que usted está emprendiendo.
Me gustaría que recibiera en el afectuoso saludo que le dirijo a través de mis compañeros de Sevilla todo el ánimo que quiero transmitirle y la completa seguridad de nuestro apoyo a su lucha y a su causa. Que tenga usted la seguridad es también la nuestra.
Fernando Maura
Miembro del Consejo de Dirección de Unión, Progreso y Democracia. Reponsable de Política Internacional
Estimada Señora,
Una visita de mis compañeros de Unión, Progreso y Democracia de Sevilla me ofrece la oportunidad de ponerme en contacto con usted en la huelga de hambre que viene haciendo para denunciar públicamente su situación.
En esta sociedad que vivimos, en que la imagen se ha convertido en el más acabado producto de la noticia del drama que se encuentra detrás de ella, la conmovedora visión de su figura en nuestras pantallas de televisión está acercando a muchas personas a la realidad de la situación que padece usted así como su pueblo, el del Sahara Occidental.
Tuve noticia de su decisión de iniciar una firme protesta contra las autoridades marroquíes y españolas el día anterior a la marcha que muchos afiliadps de Unión, Progreso y Denocracia hacíamos, junto con los simpatizantes de la causa saharaui, en el 34 aniversario de los vergonzantes “Acuerdos de Madrid” que darían cobertura a la ocupación por el reino de Marruecos del territorio de su pueblo. Algo en mi interior me decía que su actitud podria tal vez dibujar una especie de frontera, que como consecuencia de su resuelta posición existiría un antes y un después de ella. Un antes, definido por el olvido mayoritario por parte de la sociedad española respecto de la situación real de su pueblo; un después, que vendría determinado por un mayor conocimiento de esa realidad y la consiguiente reclamación de medidas para su solución dirigida por nuestra ciudadanía al gobierno español.
Nuestro partido acaba de celebrar su primer Congreso. Y debo decirle que, tanto la reivindicación de un Sahara libre como su situación han tenido una atención decisiva a lo largo de su desarrollo. Recibí al Ministro de la RASD, señor Salek Bopih, que se dirigió al Pleno de nuestra Asamblea y tuvimos la oportunidad de hablar acerca de la situación del Sahara y de la suya propia. En algún momento de nuestras conversaciones le dije al Ministro que el gobierno de Zapatero no cree en los principios, pero sigue muy de cerca las encuestas.
No sabe de principios. No quiere enterarse de la responsabilidad que tiene nuestro país por la situación que vive el pueblo saharaui desde hace 34 años y que es debida a la vergonzante claudicación española ante los intereses marroquíes. No quiere reconocer la responsabilidad jurídica y moral que tiene España con el Sahara por no haner culminado el proceso de descolonización a través de un referéndum de autodeterminación, como exigen las Declaraciones de Naciones Unidas, en procesos similares y en el saharaui en concreto.
No sabe de principios. Pero sigue con atención lo que dicen las encuestas. Y está siempre dispuesto a modificar sus errantes políticas si lo que en los sondeos de opinión se dice existe un desacuerdo con sus actuaciones.
Y yo tengo para mí, lo mismo que mis compañeros de UPyD, que su digna y fuerte decisión está conmoviendo ya a nuestros ciudadanos y les está llevando a preguntarse por la causa de las decisiones que viene adoptando el gobierno español y que ya nuestro partido ha denunciado como un “Guantánamo jurídico” en lo que se refiere a su situación de ciudadana sin garantías, varada en un aeropuerto español, separada de los suyos, marginada del conjunto de su pueblo…
Yo no puedo atreverme, señora Haidar, a hacerle ninguna recomendación. Tengo conocimiento de sus problemas físicos, que una huelga de hambre no podrían sino agravar. Sólo quiero manifestarle admiración y mi apoyo personal y el de mi partido, que estoy convencido que se une al de muchos cientos de miles de españoles en una cifra cada vez más creciente precisamente a causa de un gesto tan digno y valiente como el que usted está emprendiendo.
Me gustaría que recibiera en el afectuoso saludo que le dirijo a través de mis compañeros de Sevilla todo el ánimo que quiero transmitirle y la completa seguridad de nuestro apoyo a su lucha y a su causa. Que tenga usted la seguridad es también la nuestra.
Fernando Maura
Miembro del Consejo de Dirección de Unión, Progreso y Democracia. Reponsable de Política Internacional
lunes 30 de noviembre de 2009
Crónica de un Congreso (y IV)
Domingo, 22
Llego al Palacio de Congresos a una hora más prudente que la del día anterior –las 11-. A la entrada me encuentro con Pilar de la Hera, del partido cántabro La Unión. El inicio de la conversación lo interrumpe Beatriz Becerra que me pide que me dirija a la sala desde donde esperaremos a que dé comienzo la sesión de clausura. Allí están los flamantes componentesb del nuevo Consejo de Dirección. Saludo a Mariví Fernández Savater, a quien conocía por teléfono con ocasión de las elecciones europeas. Entra Fernando Sánchez Dragó y Rosa pide una bandera saharaui. Alguien sugiere que por qué no una bandera cubana también. No le parece mal, pero no hay, por lo visto. Carlos Martínez Gorriarán me explica el lugar del escenario en el que me tengo que sentar.
Entramos en el auditorio acompañados de una salva de aplausos. El presidente va citando nuestros nombres y subimos al escenario. Por error me sitúo en el lugar previsto para Gorka Maneiro, que vela la buena esperanza de su nueva paternidad y no ha podido llegar al Congreso. Ayudado por el “comandante” Ortega me coloco en mi puesto.
Habla Rosa, que está desatada. Ondea la bandera de la República Arabe Saharaui Democrática y la coloca en el atril, prometiendo que visitará ese país y Cuba en el primer semestre de la presidencia española de la Unión Europea para reclamar una política que cuente con los intereses democráticos de esos pueblos. Desgrana luego lo que ha supuesto el Congreso y dice que este es un partido insustituible para España y que si las cosas se hubieran hecho bien no se tendría que haber creado. Por eso, cuando los objetivos que nos hemos dado se cumplan desapareceremos. Acaba proclamando que este ha sido un Congreso que teníamos que disfrutar y que lo hemos disfrutado.
Avanzamos hacia el centro del escenario, donde recibimos los aplausos de los delegados.
El Congreso ha terminado. Sobra tiempo para tomar un aperitivo con la gente de la Unión y para saborear la satisfacción por el deber cumplido.
Llego al Palacio de Congresos a una hora más prudente que la del día anterior –las 11-. A la entrada me encuentro con Pilar de la Hera, del partido cántabro La Unión. El inicio de la conversación lo interrumpe Beatriz Becerra que me pide que me dirija a la sala desde donde esperaremos a que dé comienzo la sesión de clausura. Allí están los flamantes componentesb del nuevo Consejo de Dirección. Saludo a Mariví Fernández Savater, a quien conocía por teléfono con ocasión de las elecciones europeas. Entra Fernando Sánchez Dragó y Rosa pide una bandera saharaui. Alguien sugiere que por qué no una bandera cubana también. No le parece mal, pero no hay, por lo visto. Carlos Martínez Gorriarán me explica el lugar del escenario en el que me tengo que sentar.
Entramos en el auditorio acompañados de una salva de aplausos. El presidente va citando nuestros nombres y subimos al escenario. Por error me sitúo en el lugar previsto para Gorka Maneiro, que vela la buena esperanza de su nueva paternidad y no ha podido llegar al Congreso. Ayudado por el “comandante” Ortega me coloco en mi puesto.
Habla Rosa, que está desatada. Ondea la bandera de la República Arabe Saharaui Democrática y la coloca en el atril, prometiendo que visitará ese país y Cuba en el primer semestre de la presidencia española de la Unión Europea para reclamar una política que cuente con los intereses democráticos de esos pueblos. Desgrana luego lo que ha supuesto el Congreso y dice que este es un partido insustituible para España y que si las cosas se hubieran hecho bien no se tendría que haber creado. Por eso, cuando los objetivos que nos hemos dado se cumplan desapareceremos. Acaba proclamando que este ha sido un Congreso que teníamos que disfrutar y que lo hemos disfrutado.
Avanzamos hacia el centro del escenario, donde recibimos los aplausos de los delegados.
El Congreso ha terminado. Sobra tiempo para tomar un aperitivo con la gente de la Unión y para saborear la satisfacción por el deber cumplido.
viernes 27 de noviembre de 2009
Crónica de un Congreso (III)
Sábado, 21
En mi crónica anterior había pasado por alto que, después de aprobada la gestión me fui hacia la sala de la comisión que se me había asignado y que efectivamente correspondía con la de Reforma de la Constitución. Allí elegimos la mesa tras lo cual salí para casa.
La mañana siguiente, Madrid amanecía frío y limpio en su claridad, aunque la ciudad ya va acumulando suciedad y polvo de tantas semanas en que la lluvia no acaba de hacer acto de presencia entre nosotros.
Llegué directamente a la sala de la comisión, donde ya los delegados se afanaban en preparar sus intervenciones y la mesa explicaba el procedimiento. David Ortega. el ponente, me saluda con su expresión característica:
Maestro Maura. Llega usted tarde.
Apenas habían pasado 10 minutos desde la hora prevista del inicio de la reunión –las 9-. El tiempo necesario para saludar a los compañeros que te paran por el camino, explico.
Las enmiendas se van sucediendo y el ponente las va encajando con buen estilo integrador. Agradece cada una de ellas y el ritmo de su aprobación progresa de forma razonable.
La presidenta espera a que transcurran un par de horas antes de ofrecer una pausa para el café. Es el momento que elijo para ir a votar.
Las terminales que aloja el “hall” del Palacio de Conresos permiten una razonable afluencia de votantes, pero el procedimiento del voto electrónico cuenta con sus dificultades, en especial para quienes hemos nacido en el mundo de las tecnologías viejas –o de las no tecnologías- y me hago un pequeño lío con la contraseña y la tarjeta del “rasca-rasca” que la descubre como si esa fuera la lotería de UPyD, según la cual, el voto siempre toca.
Y se trata de una votación larga. Varios óraganos nacionales y, entre ellos, nada menos que 150 miembros del Consejo Político. La democracia es labor que requiere su tiempo cuando la elección está abierta, lo mismo que resulta simple –demasiado, quizás- cuando las alternativas están cerradas y bloqueadas.
Cuando regreso a la sala de comisiones, UPyD ha resuelto ya la reforma de la Ley Electoral. Muy pronto llegará el asunto seguramente más espinoso de este Congreso: la definición de la forma de Estado, o la cuestión del “Estado Federal”.
La ponencia ha preparado una transacción que pretende aproximar posturas en relación con las formuladas por los distintos enmendantes. La presidenta abre 3 turnos a favor y otros 3 en contra, en orden a favorecer el debate. Yo asumo el primero a favor. Lo harán después Ramón Marcosd y Rafa Calduch.
Mi intervención empieza asgurando que estamos en el punto más importante de todos. Aquél que se evocaba de forma incesante por los reunidos en el hotel Costa Vasca de San Sebastián en la primavera de 2.007 y que encendería el semáforo verde de la Plataforma-Pro. Y es que, 30 años después de aprobada la Constitución, y desvirtuada esta en muchos de sus aspectos, debido principalmente a las estructura piramidal y no democrática de los partidos políticos, una ley electoral que defiende y representa en las mayoría de las ocasiones más a los territorios que a las personas y a un Estado de las Autonomías que era, ya desde su inicio, una formulación ambigua y sin apenas referencias comparadas. Todo esto nos ha conducido a una situación como la que vivimos ahora, en que los Estatutos de tercera generación han desembocado en la institución de la bilateralidad, de los acuerdos entre una determinada auronomía y el Estado, que es característica de los Estados Confederales. Y que no es sino un jaleo, un guirigay. En este sentido –agregaría- la ponencia en su enmienda de transacción aboga por un “Estado fuerte”, que sin embargo, no constituye nada más que una expresión ambigua y que no constituye una categoría jurídico-política. Por eso pide un “Estado Federal”. Ya sé que existe lo que se llama la “trampa de las palabras”, según la cual las palabras pueden expresar algo diferente de lo que en realidad significan. Pero yo siempre recuerdo la explicacióni que me repetía mi profesor de Derecho Político, don Pablo Lucas Verdú –discípulo a su vez de Tierno Galván- cuando yo estudiaba Derecho, hace desgraciadamente ya muchos años. “Recuerde usted Maura –me decía Lucas-, federar es unir…”
En ese momento, una voz en el fondo de la sala me conmina a que concluya mi intervención. “Yo soy siempre muy respetuoso con la mesa…”, digo. Y la presidenta me pide que vaya concluyendo. Y acabo diciendo que eso es precisamente lo que quiere nuestro partido, defender “lo que nos une”.
Se suceden las 5 intervenciones restantes. Y se produce la votación: 48 síes contra 41 noes y 7 abstenciones. Hemos ganado.
Dada la hora, la mesa liquida con premura el resto de las votaciones.
Hacia las 2 y media salgo al “hall” del Palacio de Congresos. Ahí me espera Félix Sánchez Montesinos y nos vamos a comer -segovianos y bilbaino- al restaurante que frecuentábamos en la época de nuestra sede nacional en la calle Orense. Allí están Rosa, Beatriz Becerra, Carlos Martínez Gorriarán y Sinforoso. La portavoz se interesa por lo que ha ocurrido en la comisión.
Después de comer regresamos al Congreso, al salón de plenos, donde se van sucediendo los diferentes debates, que se salvan sin problemas y con un generoso turno en contra que la mesa –Félix del Cura, un magnífico presidente- ha habilitado generosamente.
Mencionaré alguna cosa en lo que se refiere a este trámite.
- En cuanto al debate de la resolución de reforma de la Constitución, cabe señalar la pobreza –siempre desde mi particular punto de vista, claro- que tuvo el turno en contra a la misma. A veces parecían más bien los argumentos vertidos en una discusión de barra de bar que los acostumbrados en un partido “ilustrado”, como el nuestro.
- En lo que se refiere a la ponencia de Estatutos, debo señalar que me entristeció que el Congreso no aceptara el criterio de la ponencia por el cual los simpatizantes puedan participar en las primarias para la elección de los cabezas de lista por UPyD a las diferentes instituciones. Pero en eso consiste la democracia.
- Y para terminar, que la intervención de Nacho Prendes –el ponente de la Comisión de Organización y Estatutos- con posterioridad a la del candidato alternativo, Valia Merino, merece ser tenida también como una importante pieza de oratoria. Nacho empezaría agradeciendo el tono del candidato, si bien no que lo hiciera en aquel momento. Con un tono de creciente calentamiento, Prendes fue explicando lo que de acuerdo con los textos que manejaba habían sido las prácticas del grupo opositor, llegando a lo que en nuestros tiempos de universidad se tenían por “prácticas leninistas”: reparto de los disidentes en “uve”, “uve doble”; quejas e interrupciones, voto disciplinado… Y hasta la utilización en correos y comunicaciones de términos abiertamente ofensivos contra la dirección del partido. Nacho Prendes fue muy aplaudido y felicitado.
Realizada la votación de los Estatutos –con papeleta-, charlo con José Luis Ainsúa y con otros compañeros. Más tarde, la mesa da cuenta del apretada victoria en la adopción de la ponencia de reforma de la Constitución y que la comunicación de los resultados de las elecciones a los órganos de decisión se demorará, de modo que suspende el Congreso hasta la sesión de clausura de mañana en que se dará cuenta de los mismos.
Salgo con Rafa Calduch y una multitud está abandonando el Bernabeu –también ha sido tarde de partido-. Estoy a punto de iniciar el regreso a casa cuando un compañero del servicio de orden dice que los delegados tenemos que volver al auditorio.
Así lo hago y engarzo una conversación con Alvaro Anchuelo hasta que la mesa ofrece la información que estaba prevista. Pero se retrasa en ello más tiempo que el prometido.
El resultado supone una abultada victoria de nuestras tesis: un 80% de los votos.
Con el buen sabor de boca correspondiente, salimos otra vez Rafa calducho y yo del Congreso. Esta vez sí, con destino a casa.
Son ya más de las 11.
En mi crónica anterior había pasado por alto que, después de aprobada la gestión me fui hacia la sala de la comisión que se me había asignado y que efectivamente correspondía con la de Reforma de la Constitución. Allí elegimos la mesa tras lo cual salí para casa.
La mañana siguiente, Madrid amanecía frío y limpio en su claridad, aunque la ciudad ya va acumulando suciedad y polvo de tantas semanas en que la lluvia no acaba de hacer acto de presencia entre nosotros.
Llegué directamente a la sala de la comisión, donde ya los delegados se afanaban en preparar sus intervenciones y la mesa explicaba el procedimiento. David Ortega. el ponente, me saluda con su expresión característica:
Maestro Maura. Llega usted tarde.
Apenas habían pasado 10 minutos desde la hora prevista del inicio de la reunión –las 9-. El tiempo necesario para saludar a los compañeros que te paran por el camino, explico.
Las enmiendas se van sucediendo y el ponente las va encajando con buen estilo integrador. Agradece cada una de ellas y el ritmo de su aprobación progresa de forma razonable.
La presidenta espera a que transcurran un par de horas antes de ofrecer una pausa para el café. Es el momento que elijo para ir a votar.
Las terminales que aloja el “hall” del Palacio de Conresos permiten una razonable afluencia de votantes, pero el procedimiento del voto electrónico cuenta con sus dificultades, en especial para quienes hemos nacido en el mundo de las tecnologías viejas –o de las no tecnologías- y me hago un pequeño lío con la contraseña y la tarjeta del “rasca-rasca” que la descubre como si esa fuera la lotería de UPyD, según la cual, el voto siempre toca.
Y se trata de una votación larga. Varios óraganos nacionales y, entre ellos, nada menos que 150 miembros del Consejo Político. La democracia es labor que requiere su tiempo cuando la elección está abierta, lo mismo que resulta simple –demasiado, quizás- cuando las alternativas están cerradas y bloqueadas.
Cuando regreso a la sala de comisiones, UPyD ha resuelto ya la reforma de la Ley Electoral. Muy pronto llegará el asunto seguramente más espinoso de este Congreso: la definición de la forma de Estado, o la cuestión del “Estado Federal”.
La ponencia ha preparado una transacción que pretende aproximar posturas en relación con las formuladas por los distintos enmendantes. La presidenta abre 3 turnos a favor y otros 3 en contra, en orden a favorecer el debate. Yo asumo el primero a favor. Lo harán después Ramón Marcosd y Rafa Calduch.
Mi intervención empieza asgurando que estamos en el punto más importante de todos. Aquél que se evocaba de forma incesante por los reunidos en el hotel Costa Vasca de San Sebastián en la primavera de 2.007 y que encendería el semáforo verde de la Plataforma-Pro. Y es que, 30 años después de aprobada la Constitución, y desvirtuada esta en muchos de sus aspectos, debido principalmente a las estructura piramidal y no democrática de los partidos políticos, una ley electoral que defiende y representa en las mayoría de las ocasiones más a los territorios que a las personas y a un Estado de las Autonomías que era, ya desde su inicio, una formulación ambigua y sin apenas referencias comparadas. Todo esto nos ha conducido a una situación como la que vivimos ahora, en que los Estatutos de tercera generación han desembocado en la institución de la bilateralidad, de los acuerdos entre una determinada auronomía y el Estado, que es característica de los Estados Confederales. Y que no es sino un jaleo, un guirigay. En este sentido –agregaría- la ponencia en su enmienda de transacción aboga por un “Estado fuerte”, que sin embargo, no constituye nada más que una expresión ambigua y que no constituye una categoría jurídico-política. Por eso pide un “Estado Federal”. Ya sé que existe lo que se llama la “trampa de las palabras”, según la cual las palabras pueden expresar algo diferente de lo que en realidad significan. Pero yo siempre recuerdo la explicacióni que me repetía mi profesor de Derecho Político, don Pablo Lucas Verdú –discípulo a su vez de Tierno Galván- cuando yo estudiaba Derecho, hace desgraciadamente ya muchos años. “Recuerde usted Maura –me decía Lucas-, federar es unir…”
En ese momento, una voz en el fondo de la sala me conmina a que concluya mi intervención. “Yo soy siempre muy respetuoso con la mesa…”, digo. Y la presidenta me pide que vaya concluyendo. Y acabo diciendo que eso es precisamente lo que quiere nuestro partido, defender “lo que nos une”.
Se suceden las 5 intervenciones restantes. Y se produce la votación: 48 síes contra 41 noes y 7 abstenciones. Hemos ganado.
Dada la hora, la mesa liquida con premura el resto de las votaciones.
Hacia las 2 y media salgo al “hall” del Palacio de Congresos. Ahí me espera Félix Sánchez Montesinos y nos vamos a comer -segovianos y bilbaino- al restaurante que frecuentábamos en la época de nuestra sede nacional en la calle Orense. Allí están Rosa, Beatriz Becerra, Carlos Martínez Gorriarán y Sinforoso. La portavoz se interesa por lo que ha ocurrido en la comisión.
Después de comer regresamos al Congreso, al salón de plenos, donde se van sucediendo los diferentes debates, que se salvan sin problemas y con un generoso turno en contra que la mesa –Félix del Cura, un magnífico presidente- ha habilitado generosamente.
Mencionaré alguna cosa en lo que se refiere a este trámite.
- En cuanto al debate de la resolución de reforma de la Constitución, cabe señalar la pobreza –siempre desde mi particular punto de vista, claro- que tuvo el turno en contra a la misma. A veces parecían más bien los argumentos vertidos en una discusión de barra de bar que los acostumbrados en un partido “ilustrado”, como el nuestro.
- En lo que se refiere a la ponencia de Estatutos, debo señalar que me entristeció que el Congreso no aceptara el criterio de la ponencia por el cual los simpatizantes puedan participar en las primarias para la elección de los cabezas de lista por UPyD a las diferentes instituciones. Pero en eso consiste la democracia.
- Y para terminar, que la intervención de Nacho Prendes –el ponente de la Comisión de Organización y Estatutos- con posterioridad a la del candidato alternativo, Valia Merino, merece ser tenida también como una importante pieza de oratoria. Nacho empezaría agradeciendo el tono del candidato, si bien no que lo hiciera en aquel momento. Con un tono de creciente calentamiento, Prendes fue explicando lo que de acuerdo con los textos que manejaba habían sido las prácticas del grupo opositor, llegando a lo que en nuestros tiempos de universidad se tenían por “prácticas leninistas”: reparto de los disidentes en “uve”, “uve doble”; quejas e interrupciones, voto disciplinado… Y hasta la utilización en correos y comunicaciones de términos abiertamente ofensivos contra la dirección del partido. Nacho Prendes fue muy aplaudido y felicitado.
Realizada la votación de los Estatutos –con papeleta-, charlo con José Luis Ainsúa y con otros compañeros. Más tarde, la mesa da cuenta del apretada victoria en la adopción de la ponencia de reforma de la Constitución y que la comunicación de los resultados de las elecciones a los órganos de decisión se demorará, de modo que suspende el Congreso hasta la sesión de clausura de mañana en que se dará cuenta de los mismos.
Salgo con Rafa Calduch y una multitud está abandonando el Bernabeu –también ha sido tarde de partido-. Estoy a punto de iniciar el regreso a casa cuando un compañero del servicio de orden dice que los delegados tenemos que volver al auditorio.
Así lo hago y engarzo una conversación con Alvaro Anchuelo hasta que la mesa ofrece la información que estaba prevista. Pero se retrasa en ello más tiempo que el prometido.
El resultado supone una abultada victoria de nuestras tesis: un 80% de los votos.
Con el buen sabor de boca correspondiente, salimos otra vez Rafa calducho y yo del Congreso. Esta vez sí, con destino a casa.
Son ya más de las 11.
jueves 26 de noviembre de 2009
Intercambio de solsticios (43)
Llegaron a la antigua calle del general López Pozas. Transcurridos unos metros se encontrarían junto a un ahora espacio abierto del que un día fuera una gasolinera situada frente a un establecimiento de "Opencor".
El color amarillento con destellos rojizos y el humo que se desprendía les hizo notar la presencia de una fogata. Un informe grupo de vagabundos vestidos de ropajes oscuros observaba al grupo que acompañaba a Jorge Brassens. Tenían puestas en sus ojos las desconfiadas miradas de los animales dispuestos a defenderse con ferocidad si las circunstancias lo hicieran necesario.
El comandante del servicio de orden se dirigió a Jorge Brassens después de dedicar al grupo una despreciativa mirada.
- Podríamos ir a por ellos y echarlos de ahí. Pero, antes o después, volverían a dar por saco. Tendríamos que disponer de cárceles.
Las cárceles... Una alternativa para aquellos desharrapados sujetos que producían todo tipo de delitos. En especial, otra respuesta que no fuera la pena de muerte decidida y ejecutada en un solo acto por estos policías sin escrúpulos del barrio de Chamartín. Las mañanas de los días fríos alternaban los cadáveres de los seres desamparados sin techo o de los delincuentes ajusticiados por los nuevos escuadrones de la muerte. Cárceles, sí. Podrían convertirse en una solución. ¿Pero, con qué dinero? Estaba claro que gobernar era elegir, aunque nadie sabía muy bien situar las prioridades en el orden más riguroso que correspondiera.
Las instalaciones de la gasolinera y el "Opencor" se habían convertido en guarida de seres proto-humanos; espectros deambulantes como fantasmas; mitad ratas de subsuelo, mitad depredadores reptiles. Pero habían sido negocios florecientes en los "tiempos normales", antes de que la crisis se hubiera llevado por delante los últimos vestigios de civilización que conservaba ese antiguo barrio de Madrid. Allí compraban, Vic y él, las cosas para el desayuno después del cine del Palacio de Hielo y repostaban la gasolina necesaria cuando aún ese combustible no había entrado en el mercado negro.
La civilización... ¿Cómo retornar a ella? ¿Cómo convertir a estos despojos animales que habían arrojado su dignidad a la cuneta de la historia, aunque la historia sólo tuviera uno o dos años de vigencia, en seres humanos dotados de educación y de alguna escala de valores? Unos más que otros, todos ellos chapoteaban en el fango de aquella inmundicia peleando por un mendrugo de pan, por un rincón junto al calor de una hoguera o por unas ropas que les abrigaran de ese horrible frío de los inviernos. La degradación humana se hacía cuerpo en las bandas deambulantes, como aquellos vagabundos que se apiñaban cerca de las llamas de la vieja gasolinera, quizás no demasiado conscientes de que algún gas viejo procedente de los antiguos depósitos no vaciados por nadie, podía mezclarse con el fuego y provocar una explosión que se los llevara por delante. Esa banda que se convertía como otras tantas en una empresa o agrupación andante, parecida a las comunas "hippies" o "engagées" de los estudiantes revolucionarios de finales de los ´60. Las parejas abolidas, cualquier tipo de orden familiar -tradicional o nuevo- periclitado, todos servían para todo sin respetar nada más que el mando del jefe basado simplemente en la fuerza y el terror. Esas bandas que fueran el principio de la humanidad y que hoy eran casi su conclusión.
Sostuvieron, policías y delincuentes, cualquiera que fueran unos y otros, sus facinerosas miradas, hasta que dejaron atrás los despojos de la gasolinera. Quizás, Jorge Brassens sintiera relajar la tensión de sus rígidos músculos muy poco después. Y es que el miedo se había convertido en la moneda de uso más corriente en aquel año del No-Señor de 2.013 y se confundía con un simple escalofrío o con la sola representación de una vida que había perdido buena parte de su valor y se cambiaba en un instante por no importara qué capricho del momento.
El color amarillento con destellos rojizos y el humo que se desprendía les hizo notar la presencia de una fogata. Un informe grupo de vagabundos vestidos de ropajes oscuros observaba al grupo que acompañaba a Jorge Brassens. Tenían puestas en sus ojos las desconfiadas miradas de los animales dispuestos a defenderse con ferocidad si las circunstancias lo hicieran necesario.
El comandante del servicio de orden se dirigió a Jorge Brassens después de dedicar al grupo una despreciativa mirada.
- Podríamos ir a por ellos y echarlos de ahí. Pero, antes o después, volverían a dar por saco. Tendríamos que disponer de cárceles.
Las cárceles... Una alternativa para aquellos desharrapados sujetos que producían todo tipo de delitos. En especial, otra respuesta que no fuera la pena de muerte decidida y ejecutada en un solo acto por estos policías sin escrúpulos del barrio de Chamartín. Las mañanas de los días fríos alternaban los cadáveres de los seres desamparados sin techo o de los delincuentes ajusticiados por los nuevos escuadrones de la muerte. Cárceles, sí. Podrían convertirse en una solución. ¿Pero, con qué dinero? Estaba claro que gobernar era elegir, aunque nadie sabía muy bien situar las prioridades en el orden más riguroso que correspondiera.
Las instalaciones de la gasolinera y el "Opencor" se habían convertido en guarida de seres proto-humanos; espectros deambulantes como fantasmas; mitad ratas de subsuelo, mitad depredadores reptiles. Pero habían sido negocios florecientes en los "tiempos normales", antes de que la crisis se hubiera llevado por delante los últimos vestigios de civilización que conservaba ese antiguo barrio de Madrid. Allí compraban, Vic y él, las cosas para el desayuno después del cine del Palacio de Hielo y repostaban la gasolina necesaria cuando aún ese combustible no había entrado en el mercado negro.
La civilización... ¿Cómo retornar a ella? ¿Cómo convertir a estos despojos animales que habían arrojado su dignidad a la cuneta de la historia, aunque la historia sólo tuviera uno o dos años de vigencia, en seres humanos dotados de educación y de alguna escala de valores? Unos más que otros, todos ellos chapoteaban en el fango de aquella inmundicia peleando por un mendrugo de pan, por un rincón junto al calor de una hoguera o por unas ropas que les abrigaran de ese horrible frío de los inviernos. La degradación humana se hacía cuerpo en las bandas deambulantes, como aquellos vagabundos que se apiñaban cerca de las llamas de la vieja gasolinera, quizás no demasiado conscientes de que algún gas viejo procedente de los antiguos depósitos no vaciados por nadie, podía mezclarse con el fuego y provocar una explosión que se los llevara por delante. Esa banda que se convertía como otras tantas en una empresa o agrupación andante, parecida a las comunas "hippies" o "engagées" de los estudiantes revolucionarios de finales de los ´60. Las parejas abolidas, cualquier tipo de orden familiar -tradicional o nuevo- periclitado, todos servían para todo sin respetar nada más que el mando del jefe basado simplemente en la fuerza y el terror. Esas bandas que fueran el principio de la humanidad y que hoy eran casi su conclusión.
Sostuvieron, policías y delincuentes, cualquiera que fueran unos y otros, sus facinerosas miradas, hasta que dejaron atrás los despojos de la gasolinera. Quizás, Jorge Brassens sintiera relajar la tensión de sus rígidos músculos muy poco después. Y es que el miedo se había convertido en la moneda de uso más corriente en aquel año del No-Señor de 2.013 y se confundía con un simple escalofrío o con la sola representación de una vida que había perdido buena parte de su valor y se cambiaba en un instante por no importara qué capricho del momento.
martes 24 de noviembre de 2009
Crónica de un Congreso (II)
Viernes, 20
Voy al Palacio de Congresos para acreditarme antes de dirigirme a la sede de la Delegación saharaui en España. En el local en que se van a producir nuestras deliberaciones durante el fin de semana advierto ya caras conocidas de compañeros con los que compartí tantos buenos momentos durante la campaña de las europeas. Me apunto a la comisión que estudiará la reforma de la Constitución y –con carácter subsidiario- a la política, aunque la enmienda de adición que el grupo de trabajo internacional presentaba para la inclusión en nuestras resoluciones de los principios generales que debería mantener UPyD en ese ámbito ya la había asumido la ponencia.
Me voy con los delegados cántabros a tomar un café y me encuentro con Ana Falomir, compañera de candidatura al Consejo de Dirección.
Pero se me echa el tiempo encima y tomo un taxi para dirigirme a la calle Ave María –situada en el castizo barrio de Lavapiés- donde se encuentra la delegación de la RASD en España.
Allí me recibe el Ministro, en tanto que Ahmed Haddad atiende incesante al teléfono. Enseguida salimos a la calle. Antes de acercarnos hacia la Castellana, el Ministro quiere recoger la túnica que vestirá durante su intervención en el auditorio del Congreso.
Otro taxi y nos vamos a una taberna madrileña situada a apenas 5 minutos de la sede de nuestra asamblea. Se trata de un local que tiene algún recuerdo importante en mi vida reciente, quizás algún día se lo cuente, por el momento tiene poco que ver con esta historia.
El Ministro –a quien acompaña el núumero 2 de lq delegación saharaui en la Comunidad de Madrid- pide una comida que no contiene carne de cerdo. También su compañero. Le pregunto si los saharauis son mayoritariamente musulmanes. Me contesta que sí, pero que –a diferencia de lo que ocurre en otras sociedades de tradición islámica- las mujeres tienen un papel mucho más significativo: pueden recibir en su casa, trabajar en la calle… Hablamos de la injusticia que supone tratar a todos los que profesan esa religión de radicales. No es el caso desde luego de nuestros amigos saharauis. Pero los más intransigentes también están creciendo entre ellos –asegura Bopih.
La conversación vuelve sobre el asunto que dejamos la tarde anterior. El ejército saharaui dispone de 15.000 hombres dispuestos a combatir. Me dice que los soldados marroquíes carecen de ilusión. No saben por qué están ahí ni están convencidos de lo que defienden. Me impresiona un dato: el 80% del armamento de que dispone su ejército lo ha obtenido del material conquistado al enemigo.
No está aún convocada la ronda de conversaciones con Marruecos en el marco delMinurso. La autonomía no es una solución, ni siquiera el principio de una solución –dice el Ministro-. Marruecos no es España. Esa autonomía no sería creíble.
Se une a nosotros a los postres Carlos Rey, con su tradicional apresuramiento como consecuencia de su condición de miembro de la Comisión Electoral que organiza el Congreso.
Llegamos al palacio. La siempre eficaz Beatriz Becerra les proporciona a nuestros invitados sendas acreditaciones y nos acompaña al espacio contiguo al auditorio en el que ya se encuentran algunos invitados. Presento a Bopih a Pacp Sosa, saludo a Susta, saludo a Savater, observo cómo Alvaro Pombo descansa en un sofá su organismo….
Bopih se cambia y aparece en la sala vestido de una túnica azul celeste. Rosa le asegura que está “guapísimo” y el Ministro sonríe agradeciendo el piropo.
Y nos dirigimos al auditorio. Después de una breve presidencia de la Comisión Electoral, la asamblea decide la mesa. Es elegida la candidatura que preside mi compañero y amigo Félix del Cura –que me ha sustituído como coordinador en el País Vasco.
Félix da la palabra al Ministro, que se dirige al pleno con la serenidad que en él resulta habitual. Empieza pidiendo disculpas por su español, continúa explicando las enormes dificultades que supone para ellos la mera subsistencia, su fundamental carencia de libertad, denuncia al régimen marroquí, exige un cambio de actitud por parte del gobierno español y termina llamando a un acuerdo o -de lo contrario- asegura que su pueblo está dispuesto a tomar otro camino.
Bopih “no se ha cortado” –eso le pedía ayer mismo Rosa- y el Congreso de UPyD está con él y con los saharauis.
Interviene a continuación Susta, que pide la integración de un grupo reformista a escala de Parlamento Europeo. Después le sigue un vídeo en el que se intercalan las imágenes de Elizardo Sánchez desde Cuba –impresiona escuchar su voz en la distancia física, que es al cabo la cercanía en los sentimientos-, Mario Vargas Llosa y Albert Boadella –que reclama “políticas nacionales” a nuestro partido.
Ya “en vivo y en directo” escuchamos a Savater, Sosa y Pombo. Este último tuvo una intervención que merece ser destacada. Más sarcástico que irónico, el escritor de origen cábtabro, parecía antes un actor que un autor de novela. Buscaba sus gafas y las encontraba en sus manos, leía un papel que en realidad interpretaba y cometía equivocaciones que cualquiera habría supuesto pretendidas –quienes le conocen más de cerca aseguran que es así, simplemente-. Hizo las delicias de un público que se le entregaría rendido.
La emoción que sólo trae consigo el canto –“cuando terminan las palabras empieza la música”, aseguraba Liszt – vino con la voz de Emilia Onrubia que saludaría al Congreso con el aria “Hessum dorma”, toda una advertencia.
Concluida la sesión inaugural, se retiraron los invitados: la sesión iba a continuar a puerta cerrada. Me despido de nuestros amigos saharauis y me uno al resto de los compañeros del Consejo de Dirección que escucharemos el informe de gestión en el lado izquierdo del estrado.
Rosa interviene con lo que podría definir como un “do de pecho” desde el punto de vista de la oratoria. Con una fuerza y un vigor –que por otra parte son en ella característicos- exclama entre una salva de aplausos que nadie ha conseguido impedirnos que celebremos este Congreso, explica la gestión realizada y concluye pidiendo que “lo disfrutemos”.
Se suceden 5 turnos de intervenciones –a favor y en contra- y sale primero a contestar por el Consejo Juan Luis Fabo, que aclara algún aspecto de la gestión económica –se podría decir que del “milagro laico de la gestión”, dado lo exiguo de los medios y la amplitud de los resultados-. Interviene después Rosa que con una resolución que parecía imposible, dada la fuerza de su anterior intervención, se defiende de algunas de las acusaciones vertidas y aclara las dudas que se han expresado. Termina pidiendo, no que se nos dé un “voto de confianza”, sino que cada delegado vote lo que quiera, que para eso es un Congreso.
Féilix del Cura pasa a votación el informe, que resulta aprobado con casi un 80% de apoyos.
Y mañana será otro día. Y largo, supongo.
Voy al Palacio de Congresos para acreditarme antes de dirigirme a la sede de la Delegación saharaui en España. En el local en que se van a producir nuestras deliberaciones durante el fin de semana advierto ya caras conocidas de compañeros con los que compartí tantos buenos momentos durante la campaña de las europeas. Me apunto a la comisión que estudiará la reforma de la Constitución y –con carácter subsidiario- a la política, aunque la enmienda de adición que el grupo de trabajo internacional presentaba para la inclusión en nuestras resoluciones de los principios generales que debería mantener UPyD en ese ámbito ya la había asumido la ponencia.
Me voy con los delegados cántabros a tomar un café y me encuentro con Ana Falomir, compañera de candidatura al Consejo de Dirección.
Pero se me echa el tiempo encima y tomo un taxi para dirigirme a la calle Ave María –situada en el castizo barrio de Lavapiés- donde se encuentra la delegación de la RASD en España.
Allí me recibe el Ministro, en tanto que Ahmed Haddad atiende incesante al teléfono. Enseguida salimos a la calle. Antes de acercarnos hacia la Castellana, el Ministro quiere recoger la túnica que vestirá durante su intervención en el auditorio del Congreso.
Otro taxi y nos vamos a una taberna madrileña situada a apenas 5 minutos de la sede de nuestra asamblea. Se trata de un local que tiene algún recuerdo importante en mi vida reciente, quizás algún día se lo cuente, por el momento tiene poco que ver con esta historia.
El Ministro –a quien acompaña el núumero 2 de lq delegación saharaui en la Comunidad de Madrid- pide una comida que no contiene carne de cerdo. También su compañero. Le pregunto si los saharauis son mayoritariamente musulmanes. Me contesta que sí, pero que –a diferencia de lo que ocurre en otras sociedades de tradición islámica- las mujeres tienen un papel mucho más significativo: pueden recibir en su casa, trabajar en la calle… Hablamos de la injusticia que supone tratar a todos los que profesan esa religión de radicales. No es el caso desde luego de nuestros amigos saharauis. Pero los más intransigentes también están creciendo entre ellos –asegura Bopih.
La conversación vuelve sobre el asunto que dejamos la tarde anterior. El ejército saharaui dispone de 15.000 hombres dispuestos a combatir. Me dice que los soldados marroquíes carecen de ilusión. No saben por qué están ahí ni están convencidos de lo que defienden. Me impresiona un dato: el 80% del armamento de que dispone su ejército lo ha obtenido del material conquistado al enemigo.
No está aún convocada la ronda de conversaciones con Marruecos en el marco delMinurso. La autonomía no es una solución, ni siquiera el principio de una solución –dice el Ministro-. Marruecos no es España. Esa autonomía no sería creíble.
Se une a nosotros a los postres Carlos Rey, con su tradicional apresuramiento como consecuencia de su condición de miembro de la Comisión Electoral que organiza el Congreso.
Llegamos al palacio. La siempre eficaz Beatriz Becerra les proporciona a nuestros invitados sendas acreditaciones y nos acompaña al espacio contiguo al auditorio en el que ya se encuentran algunos invitados. Presento a Bopih a Pacp Sosa, saludo a Susta, saludo a Savater, observo cómo Alvaro Pombo descansa en un sofá su organismo….
Bopih se cambia y aparece en la sala vestido de una túnica azul celeste. Rosa le asegura que está “guapísimo” y el Ministro sonríe agradeciendo el piropo.
Y nos dirigimos al auditorio. Después de una breve presidencia de la Comisión Electoral, la asamblea decide la mesa. Es elegida la candidatura que preside mi compañero y amigo Félix del Cura –que me ha sustituído como coordinador en el País Vasco.
Félix da la palabra al Ministro, que se dirige al pleno con la serenidad que en él resulta habitual. Empieza pidiendo disculpas por su español, continúa explicando las enormes dificultades que supone para ellos la mera subsistencia, su fundamental carencia de libertad, denuncia al régimen marroquí, exige un cambio de actitud por parte del gobierno español y termina llamando a un acuerdo o -de lo contrario- asegura que su pueblo está dispuesto a tomar otro camino.
Bopih “no se ha cortado” –eso le pedía ayer mismo Rosa- y el Congreso de UPyD está con él y con los saharauis.
Interviene a continuación Susta, que pide la integración de un grupo reformista a escala de Parlamento Europeo. Después le sigue un vídeo en el que se intercalan las imágenes de Elizardo Sánchez desde Cuba –impresiona escuchar su voz en la distancia física, que es al cabo la cercanía en los sentimientos-, Mario Vargas Llosa y Albert Boadella –que reclama “políticas nacionales” a nuestro partido.
Ya “en vivo y en directo” escuchamos a Savater, Sosa y Pombo. Este último tuvo una intervención que merece ser destacada. Más sarcástico que irónico, el escritor de origen cábtabro, parecía antes un actor que un autor de novela. Buscaba sus gafas y las encontraba en sus manos, leía un papel que en realidad interpretaba y cometía equivocaciones que cualquiera habría supuesto pretendidas –quienes le conocen más de cerca aseguran que es así, simplemente-. Hizo las delicias de un público que se le entregaría rendido.
La emoción que sólo trae consigo el canto –“cuando terminan las palabras empieza la música”, aseguraba Liszt – vino con la voz de Emilia Onrubia que saludaría al Congreso con el aria “Hessum dorma”, toda una advertencia.
Concluida la sesión inaugural, se retiraron los invitados: la sesión iba a continuar a puerta cerrada. Me despido de nuestros amigos saharauis y me uno al resto de los compañeros del Consejo de Dirección que escucharemos el informe de gestión en el lado izquierdo del estrado.
Rosa interviene con lo que podría definir como un “do de pecho” desde el punto de vista de la oratoria. Con una fuerza y un vigor –que por otra parte son en ella característicos- exclama entre una salva de aplausos que nadie ha conseguido impedirnos que celebremos este Congreso, explica la gestión realizada y concluye pidiendo que “lo disfrutemos”.
Se suceden 5 turnos de intervenciones –a favor y en contra- y sale primero a contestar por el Consejo Juan Luis Fabo, que aclara algún aspecto de la gestión económica –se podría decir que del “milagro laico de la gestión”, dado lo exiguo de los medios y la amplitud de los resultados-. Interviene después Rosa que con una resolución que parecía imposible, dada la fuerza de su anterior intervención, se defiende de algunas de las acusaciones vertidas y aclara las dudas que se han expresado. Termina pidiendo, no que se nos dé un “voto de confianza”, sino que cada delegado vote lo que quiera, que para eso es un Congreso.
Féilix del Cura pasa a votación el informe, que resulta aprobado con casi un 80% de apoyos.
Y mañana será otro día. Y largo, supongo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)