Historia de Adelfa (7)
El testimonio seguía diciendo:
Bueno (…) hasta los 4 años, de vida normal, espiritualmente. Hasta los cuatro años seguía siendo normal. Pero, a partir de los 4 años (…) pues, malviviendo, como mártir en el calvario. Entonces, según (…) empecé a ver gente, pero que según yo, no tenía (…) Entonces, empezó siendo una broma. La cual me llevó, diríamos, a una enfermedad más amplia. Nació un bebé, y mi madre me llevó, y yo decía: “Ese bebé va a morir dentro de 4 horas”. Y eso ocurría. Entonces, mi madre (…) en ese campo (…) pues mucho miedo. Porque, la gente del pueblo, ya no hablaban, decían que yo era la maldición. Cuando yo decía algo, pues ocurría (…) Desde luego que (…) Dijo que, para más motivos, pues no me quería (…) una enfermedad (…) hasta el extremo de decir yo (…) que venía a recogerme (…) y que, cuando transcurrió esa enfermedad, tan lenta, pero perjudicial. Entonces me llevaban, pues a miles de sitios, como había dicho en la otra cinta, para curarme. Y, según algunos sitios, decía que yo había nacido antes, que yo había regresado, y que yo era un ser que no era de esa tierra, de ese planeta, y cosas de estas (…) Decir “ovnis” no tiene influencia, pero si la tuviera, sí que lo diría. Porque no tenía ni explicación, una chica que no había visto un avión, nunca había visto un helicóptero, supiera que hay algo que suele bajar y que suele volar (…)
A partir de ahí, pues, yo me quedé en ese rincón de la casa, viendo todo lo que pasaba, comentándolo a todo el mundo. Si yo veía algo malo, lo decía (…) me taparon esa visión. Y, como era muy difícil curarme, porque en Guinea, como es muy difícil curar esas enfermedades, porque eran enfermedades espirituales, me llevó mi madre a una curandera. Esa curandera, curaba como (…) enfermedades (…) tenían muchos nombres. Se pueden llamar (…) nombres que significan cada uno múltiples cosas, las enfermedades espirituales curadas por las mujeres, y el “butí” (?) era, y sigue siendo, ¿eh?, enfermedades espirituales, pero, y algo más, algo más significaba que era curanderismo y al mismo tiempo (…) la cabeza (…) por eso mismo (…) ¿qué pasa? (…) hablaron con mi hermana. Empiezo a ir a clase, normal y corriente, y un día vuelve a la carga mi enfermedad, porque normalmente yo, personalmente, no me acordaba de lo que me había pasado 2 años atrás, porque habían pasado ya (…) como 6 años después. Entonces pasó que (…) a clase, una mañana, y un profesor de religión estaba hablando precisamente de las enfermedades espirituales. Entonces, cuando pasó eso, hubo algo en mí que (…) la crítica del profesor. Entonces, me quedé como inválida, yo no podía moverme (…) inmóvil (…) En ese caso, pues me llevan al médico. Y el médico (…) Por cierto. Pero, me mandan a curanderos tradicionales. Bueno, y cuando me mandan al curandero tradicional, llegamos ahí, y el curandero dice: “(…)” Pues el silencio que habían guardado hasta ese momento (?) Tienen que llevarme ya, para que arreglen ese problema, y si no, va a pasar algo peor de lo que les había pasado aquel día. Y mi hermana (…) problema, ya me manda a Guinea. Y el día que salí en Libreville mi hermana me dio dinero para que yo viera a mi madre y para que me hagan el tratamiento.
lunes 8 de febrero de 2010
viernes 5 de febrero de 2010
Arnaud Roux
Conocí al joven consejero político de la embajada de Francia en el acto que UPyD organizaba para presentar a nuestro partido a la representación del cuerpo diplomático acreditado en España. Hablé con él durante un rato y le pedí que me pusiera en contacto con la gente del Mo-Dem –el partido presidido por François Bayrou, un partido centrista que lucha en un terreno complicado a causa de una ley electoral estrictamente mayoritaria y que es el tercero de Francia-. Y Roux me facilitaba sus coordenadas.
No mucho después, Arnaud me invitaba a comer.
Eligió Roux como plato fuerte un bacalao al pil-pil. Y yo, recordando la anécdota histórica de Bilbao, cuando un comerciante de bacalao al por mayor pedía a su proveedor de pescado 10.000 kilos de este pez, pero se equivocaba poniendo en el pedido un cero más a la derecha. Llegó la partida y el pescatero se echaba las manos a la cabeza: “¡Qué hago yo con esto ahora!” Pues llegó el sitio de los carlistas –creo que el segundo- y el comerciante se forraba. Unas de las recetas que hicieron furor en aquellas duras semanas fue la del “bacalao al pil-pil”, que consiste en este pescado, aceite de oliva y “mucho cariño”.
Así que, entre pil y pil, Roux se interesaba sobre la cuestión vasca, los problemas económicos de España y las propuestas de nuestro partido.
Es de notar cómo el diagnóstico que hacemos desde UPyD se comparte por casi todo el mundo que habla contigo. Y no se trata sólo de una cuestión de educación. Se observa que la deriva económica y política española resulta preocupante para todos, que la digestión actual del Estado de las Autonomías parece más que difícil y que la calidad democrática en nuestro país es manifiestamente mejorable.
Y que UPyD es un partido con una respuesta firme a todas esas cuestiones, que huye de las componendas a que son tan sensibles los partidos tradicionales y que está creciendo en un contexto de notable insatisfacción política.
Los países serios, los que disponen de una economía fuerte y que están saliendo de la crisis, saben que las cosas no van bien en España. Y algunos, como Francia, están interesados en nuestro proyecto. No es poca cosa.
No mucho después, Arnaud me invitaba a comer.
Eligió Roux como plato fuerte un bacalao al pil-pil. Y yo, recordando la anécdota histórica de Bilbao, cuando un comerciante de bacalao al por mayor pedía a su proveedor de pescado 10.000 kilos de este pez, pero se equivocaba poniendo en el pedido un cero más a la derecha. Llegó la partida y el pescatero se echaba las manos a la cabeza: “¡Qué hago yo con esto ahora!” Pues llegó el sitio de los carlistas –creo que el segundo- y el comerciante se forraba. Unas de las recetas que hicieron furor en aquellas duras semanas fue la del “bacalao al pil-pil”, que consiste en este pescado, aceite de oliva y “mucho cariño”.
Así que, entre pil y pil, Roux se interesaba sobre la cuestión vasca, los problemas económicos de España y las propuestas de nuestro partido.
Es de notar cómo el diagnóstico que hacemos desde UPyD se comparte por casi todo el mundo que habla contigo. Y no se trata sólo de una cuestión de educación. Se observa que la deriva económica y política española resulta preocupante para todos, que la digestión actual del Estado de las Autonomías parece más que difícil y que la calidad democrática en nuestro país es manifiestamente mejorable.
Y que UPyD es un partido con una respuesta firme a todas esas cuestiones, que huye de las componendas a que son tan sensibles los partidos tradicionales y que está creciendo en un contexto de notable insatisfacción política.
Los países serios, los que disponen de una economía fuerte y que están saliendo de la crisis, saben que las cosas no van bien en España. Y algunos, como Francia, están interesados en nuestro proyecto. No es poca cosa.
jueves 4 de febrero de 2010
Un paseo por Zamora
Este sábado del final de un frío mes de enero paseo por la calle peatonal de Zamora. Es la más transitada de la ciudad, allí se encuentran la catedral, el parador y las principales tiendas. Se trata de la calle Santa Clara.
Una mujer lleva de la mano a una niña. Esta le pregunta:
- ¿Por qué papá se marchó de casa?
La señora -¿su madre?- pone la mirada en el cielo azul de esa mañana y contesta:
- Tu padre decidió irse con Inma…
Y la niña continúa la frase inacabada.
- Así son las cosas…
- Así son las cosas –asiente la mujer-. Nada es para toda la vida.
Y yo prosigo mi paseo recordando el acto de nuestra gente de Zamora en la tarde anterior. El trabajo que José Luis y Miguel y la gente que estos han ido captando han realizado para que UPyD vaya convirtiéndose en una realidad en su provincia. Gente con ganas, personas que huyen del ombliguismo de aquellos que quieren las organizaciones para hacerse fuertes en ellas, para reforzar su personalidad, para ser algo… No, nuestra gente de Zamora está apostando por transformar las cosas, por sembrar en esta parte de Castilla la semilla que nos permita introducir también aquí el concepto de ciudadanía como oposición al de servidumbre.
Y en Zamora nos encontramos pocos meses después de aquella historia que narraba yo en la campaña electoral de las europeas. “Zamora y la maleta magenta”, porque la sede de UPyD en esta ciudad cabía en esa maleta. Hoy es una sede más que digna desde la que podrán crecer y desarrollar la acción de partido.
No hay que confundir desde luego voluntad con voluntarismo, y en política hemos tenido demasiado de esto último. Pero ha bastado –y el caso de Zamora lo demuestra- con esas 2 personas empujando el carro para que muy poco tiempo después sea otra bien distinta la realidad de nuestro partido en la ciudad.
Se merecen nuestro apoyo. Por eso, cuando Miguel nos deja en esa fría noche de viernes para volver a su casa, yo me despido con un “¡Hasta cuando vosotros queráis!” Y, como se referían a un encuentro con un nuevo compañero en Benavente, me ofrezco para dar una charla en esa reunión.
“No se ganó Zamora en una hora”, dice el refrán. Las cosas son difíciles, pero más lo son si no nos ponemos a trabajar.
Una mujer lleva de la mano a una niña. Esta le pregunta:
- ¿Por qué papá se marchó de casa?
La señora -¿su madre?- pone la mirada en el cielo azul de esa mañana y contesta:
- Tu padre decidió irse con Inma…
Y la niña continúa la frase inacabada.
- Así son las cosas…
- Así son las cosas –asiente la mujer-. Nada es para toda la vida.
Y yo prosigo mi paseo recordando el acto de nuestra gente de Zamora en la tarde anterior. El trabajo que José Luis y Miguel y la gente que estos han ido captando han realizado para que UPyD vaya convirtiéndose en una realidad en su provincia. Gente con ganas, personas que huyen del ombliguismo de aquellos que quieren las organizaciones para hacerse fuertes en ellas, para reforzar su personalidad, para ser algo… No, nuestra gente de Zamora está apostando por transformar las cosas, por sembrar en esta parte de Castilla la semilla que nos permita introducir también aquí el concepto de ciudadanía como oposición al de servidumbre.
Y en Zamora nos encontramos pocos meses después de aquella historia que narraba yo en la campaña electoral de las europeas. “Zamora y la maleta magenta”, porque la sede de UPyD en esta ciudad cabía en esa maleta. Hoy es una sede más que digna desde la que podrán crecer y desarrollar la acción de partido.
No hay que confundir desde luego voluntad con voluntarismo, y en política hemos tenido demasiado de esto último. Pero ha bastado –y el caso de Zamora lo demuestra- con esas 2 personas empujando el carro para que muy poco tiempo después sea otra bien distinta la realidad de nuestro partido en la ciudad.
Se merecen nuestro apoyo. Por eso, cuando Miguel nos deja en esa fría noche de viernes para volver a su casa, yo me despido con un “¡Hasta cuando vosotros queráis!” Y, como se referían a un encuentro con un nuevo compañero en Benavente, me ofrezco para dar una charla en esa reunión.
“No se ganó Zamora en una hora”, dice el refrán. Las cosas son difíciles, pero más lo son si no nos ponemos a trabajar.
miércoles 3 de febrero de 2010
Preguntas y cifras
- Una media de parados del 10% en los 27 países miembros de la Unión Europea –España tiene el doble-, que según los analistas permanecerá durante largo tiempo, es algo que Europa no se debe permitir.
- Los 50.000 millones de euros que va a costar el servicio diplomático exterior europeo ¿van a servir para que por fin Europa cuente con una voz en el resto del mundo?
- Europa necesitará 70 millones de personas activas para el año 2.050 si pretende mantener sus políticas de bienestar. ¿Qué políticas de inmigración pensamos acometer?
- La iniciativa popular europea exige de 1,000.000 de firmas. ¿Cómo se va a desarrollar?
- Los 50.000 millones de euros que va a costar el servicio diplomático exterior europeo ¿van a servir para que por fin Europa cuente con una voz en el resto del mundo?
- Europa necesitará 70 millones de personas activas para el año 2.050 si pretende mantener sus políticas de bienestar. ¿Qué políticas de inmigración pensamos acometer?
- La iniciativa popular europea exige de 1,000.000 de firmas. ¿Cómo se va a desarrollar?
lunes 1 de febrero de 2010
Jornada de peurtas abiertas e inauguración de la sede de Zamora de UPyD
Vengo con satisfacción a cumplir con un deber voluntariamente asumido además. Lo sabe José Luis Díez. Y no sólo lo sabe, sino que me lo ha reclamado. Y yo cumplo con mucho gusto con ese compromiso.
Todavía recuerdo aquella simpática jornada de pre-campaña electoral para las europeas, aquí en Zamora. Recuerdo una floristería que tenía un reclamo de flores de todos os colores y de un cartel magenta de UPyD, recuerdo los repartos en la calle y en una feria en que –por cierto- alguno de los políticos locales empezaba a inquietarse ante nuestra presencia y, si no estuvo a punto de avisar a la policía para que nos desalojara, le faltó poco. Y recuerdo –muy especialmente- una maleta magenta con la que me teóricamente me iría a Bruselas.
Y no. No me he ido a Bruselas, y estoy aquí, de regreso a Zamora, porque José Luis lo quiso desde aquellas fechas de la primavera del pasado año.
Pensaba José Luis que hoy podía hablaros de política internacional. Y no faltarían asuntos que contar en este aspecto: este mismo lunes recibíamos, por ejemplo, en la sede de Cedaceros a la activista saharaui Aminatou Haidar, que ha conseguido nada más y nada menos que hacer bajar la testuz de ese sátrapa de los tiempos modernos que no lo son en su país como es el rey de Marruecos, ese personaje que es a la vez, Rey, presidente efectivo del gobierno, presidente del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo y máxima cabeza religiosa de su Estado. Podríamos hablar de la pésima actuación española, al servicio de Marruecos en ese caso, hasta que se convencieron Zapatero y Moratinos de que Aminatou Haidar iba en serio, porque es una mujer que tiene convicciones y defiende su dignidad como persona –dos cosas, por cierto, de las que nuestro Gobierno ni siquiera conoce su significado.
Podríamos también hablar de Cuba. De los Castro, que tienen subyugados a Moratinos y a Zapatero, unos gobernantes que están dispuestos a ceder en materia de ayudas económicas europeas a Cuba sin que el régimen haga el menor esfuerzo por abrirse y democratizarse, que aceptan –Zapatero y Moratinos- un desaire, como el que ha sido el del reenvío a España de un eurodiputado socialista pata negra, Luis Yáñez, que formaba parte de eso que se llamaba el “clan de la tortilla”, como si no fuera con ellos ni con la democracia española, como una humillación más que sufre nuestra política exterior.
Como veis no faltan casos. Pero, utilizando los versos del poeta bilbaino Blas de Otero, “nuestros cantares no podrísn ser sin pecado un adorno”, si no me refiriera a otros asuntos.
Porque España no está bien. Lo sabíamos cuando fundamos Unión, Progreso y Democracia, pero os aseguro que no pensábamos que llegaríamos hasta este punto.
La secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín, hablaba hace algunos meses, que en estos días de 2010 se produciría la convergencia de dos hechos de importancia plus quam trascendentales -ella decía que planetarios-: la presidencia en Estados Unidos de Obama y la presidencia en la Unión Europea de Zapatero.
No será muy importante esta convergencia, como ya se va viendo con los primeros deslices del presidente español. Pero lo que sí importa a mi juicio es la convergencia de una serie de crisis de largo recorrido y que se ciernen ahora juntas sobre la escena de España: una crisis económica, una crisis social y una crisis política e institucional. Todas ellas de proporciones inusitadas.
Lo decía el gobernador del Banco de España hace escasas fechas en un foro en la ciudad de Vigo: nos falta confianza en el futuro. Y cuando no existe confianza, las empresas no invierten y no crean empleo, los bancos no prestan y las familias no consumen.
En esa comparecencia, Miguel Angel Ordoñez se refería al riesgo que tienen nuestras cuentas públicas en su deterioro si no se adoptan medidas de reforma valientes en la distribución de los gastos de las Administraciones Públicas y en el recorte de su impacto conjunto, que es lo mismo que decir a escala económica lo que en el nivel políticao consiste en embridar un Estado de las Autonomías que se ha desbocado.
Hay que acometer además reformas como las que se refieren al sistema laboral, la negoiciación colectiva y las pensiones. Hay que vincular la educación a la competitividad del país –un país que cuenta con un 30% de fracaso escolar no podrá competir nunca como una economía desarrollada y de base tecnológica.
Y hay que crear empleo, especialmente eso. Estamos en una tasa que duplica el paro de los países de nuestro entorno. Y no somos capaces de afrontar este problema con audacia. Lo han dicho 100 economistas españoles de prestigio: hay que sustituir los contratos temporales –que no traen su causa de necesidades pasajeras de empleo- por contratos indefinidos con indemnización progresiva en número de días de retribución en función del número de años trabajados.
Pero nadie piensa en las reformas estructurales. Unos –los que gobiernan- porque esperan que otros nos saquen de la crisis antes de que las reformas sean absolutamente inaplazables. Aunque en rigor ya no puedan esperar por más tiempo, y otros –los que se oponen- porque esperan a sentarse en el sillón y entonces verán qué se puede hacer con la cosa.
La crisis económica está trayendo de la mano una crisis social que apenas se apunta ahora y cuya importancia no debe quedar demeritada. Los casos de Vic y de Torrrejón, que afectan a los partidos más importantes del arco político español. En este sentido es paradigmática la respuesta del Partido Popular, que ha pretendido buscar rédito político en un terreno que yo diría que es pre-democrático, porque hace referencia a nuestra condición humana, a la dignidad que tenemos como personas. Un ámbito que debería desterrar las actitudes xenófobas, racistas, como impropias de los seres humanos, de la civilización en que se presume que nos encontramos.
Pero si el paro se está cebando en el sector de la construcción y en este resulta mayoritaria la mano de obra inmigrante, su permanencia en este país puede ser observada como una amenaza para otros trabajadores y como una incomodidad para quienes solicitan prestaciones de servicios públicos como la sanidad o las ayudas sociales.
Alguien puede pensar que se trata de hechos aislados, pero no es así. En toda Europa han proliferado las conductas xenófobas y en algunos de ellos los partidos de extrema derecha han obtenido representación parlamentaria que en determinados casos han resultado determinantes para la formación de mayorías de gobierno. Y el PP, que renunció a ser un partido definido de centro para abarcar una extensísima parte del arco político, desde la derecha más radical hasta un centro moderado, siente muchas veces –como se ha visto- la tentación de atizar electoralmente ese fuego, que si es desde luego peligroso, porque tiene ese fuego todas las posibilidades de transformarse en una hoguera, pero cuenta también con sus réditos evidentes en una sociedad que no tiene –repito la cita del gobernador del Banco de España- confianza en el futuro.
Hay una crisis política. Quizás nunca como hasta ahora la política era percibida como un problema en España. Es –según los datos del CIS el tercer problema en la percepción de los españoles.
Podríamos referirnos a la corrupción. Podríamos pensar que ese mal tiene solución en el estallido de la burbuja inmobiliaria, porque “muerto el perro, se acabó la rabia”, como dice el refrán.
Pero no es eso. El problema está en otra parte. El problema a mi modo de ver está en la deslegitimación de los políticos. Porque el sistema democrático español convierte a los procesos electorales, no es procesos electivos o de selección de los representantes –como deberían- sino en situaciones de refrendo por los ciudadanos de las personas seleccionadas por los partidos. Así, desde el concejal hasta el diputado en el Congreso lo son todos de sus partidos y no de sus ciudadanos.
Y como prueba del nueve de lo que digo os propongo un ejemplo: ¿qué votante del PP en Zamora conoce el nombre de su diputado? Dirá a lo mejor que Rajoy, ¡pero es que Rajoy no se ha presentado por Zamora!
Urge cambiar la ley electoral y con ella las bases de una democracia que lo es en España sólo de partidos por una democracia de ciudadanos. Porque no basta para que ese cambio fundamental sea posible con apostar por el paso del tiempo, porque no se aprende a ser ciudadano sólo con leer un texto en un colegio. Y si a un niño un día hay que tirarlo al agua para que aprenda a nadar, es preciso despojar al sistema de las cautelas que ha tenido durante más de 30 años respecto de la mayoría de edad del pueblo español para apostar precisamente por su capacidad de discernimiento. Dejemos de tutelar al pueblo, dejémosle que hable sin cortapisas.
Y hay una crisis institucional que no tiene precedentes. Todos los días las noticias nos presentan una versión diferente de esa crisis, que en todo caso es la misma crisis. El espectáculo que nos ofrecen Montilla y Barrera –el caso del President de la Generalitat es paradigmático, cuando era ministro apoyaba la construcción de una planta para el almacenamiento de residuos nucleares, ahora le niega la posibilidad de acogerlos a un Ayuntamiento de su región-. El PP acepta también que se construyan, pero no está dispuesto a que se aloje en un municipio presidido por su partido.
Claro que estas son minucias si las comparamos con desastres palmarios como la nunca nata sentencia del Tribunal Constitucional respecto del Estatuto de Cataluña, que diga lo que diga ya no va a resultar ni útil ni creíble.
Un escándalo de largo recorrido hace referencia al chivatazo oficial en el caso del bar “Faisán”. Un escándalo en el que la torpe manaza de la política española afortunadamente no va a poder echar tierra, porque la instrucción del caso está también en un lugar hasta donde nuestros próceres no llegan: porque se está tramitando por la justicia francesa, por la jueza Laurence Levert.
Esos casos son como puntas del iceberg de una realidad bastante más profunda: definida por un Estado de las Autonomías que –como decía antes- se ha desbocado, por una democracia de partidos que controla al poder judicial, por un sistema que se va deteriorando día a día y que en su desgaste va tropezando con el fantasma de su futuro más probable: el de su ausncia de legitimación.
Cada vez nos encontramos más cerca del agotamiento. El mismo que sentían los españoles cuando, después de ver caer los gobiernos que nombraba el abuelo del actual rey –y que a veces casi no tenían tiempo ni de ocupar los despachos de sus ministerios, por lo poco que duraban- acudió a votar en bloque las candidaturas republicano-socialistas en las elecciones municipales de 1931. Yo no sé si España se había acostado monárquica y levantado republicana aquel 14 de abril –como dijera tan desaforunadamente el almirante Aznar-. Lo que sí era cierto es que el régimen que presidía la Constitución de 1876 estaba ya muerto y los electores lo habían enterrado definitivamente.
Pasa lo mismo –salvadas las distancias- con la Constitución de 1978. Concebida como un pacto para que España tuviera éxito en la última cita de su historia con la democracia, hoy se demuestra ya como un papel que no sirve para el futuro de España. La Constitución y su desarrollo nos han dejado una democracia de partidos y un Estado de islotes cuasi independientes. La española no es una democracia de ciudadanos libres e iguales ante la ley y es a eso precisamente a lo que debemos aspirar.
Sin duda que se trata de una tarea excesiva para que la acometa un sólo partido. Pero a los pocos diputados socialistas y republicanos desalojados del Congreso por el golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1925 les parecería improbable que les dijeran que poco más de 5 años después ocuparían los ministerios, organizarían unas elecciones y votarían una nueva Constitución.
En todo caso, nosotros estamos a lo que estamos. A actuar como creemos, de acuerdo con nuestras convicciones. Eso, y no otra cosa, es lo que se nos demanda.
Todavía recuerdo aquella simpática jornada de pre-campaña electoral para las europeas, aquí en Zamora. Recuerdo una floristería que tenía un reclamo de flores de todos os colores y de un cartel magenta de UPyD, recuerdo los repartos en la calle y en una feria en que –por cierto- alguno de los políticos locales empezaba a inquietarse ante nuestra presencia y, si no estuvo a punto de avisar a la policía para que nos desalojara, le faltó poco. Y recuerdo –muy especialmente- una maleta magenta con la que me teóricamente me iría a Bruselas.
Y no. No me he ido a Bruselas, y estoy aquí, de regreso a Zamora, porque José Luis lo quiso desde aquellas fechas de la primavera del pasado año.
Pensaba José Luis que hoy podía hablaros de política internacional. Y no faltarían asuntos que contar en este aspecto: este mismo lunes recibíamos, por ejemplo, en la sede de Cedaceros a la activista saharaui Aminatou Haidar, que ha conseguido nada más y nada menos que hacer bajar la testuz de ese sátrapa de los tiempos modernos que no lo son en su país como es el rey de Marruecos, ese personaje que es a la vez, Rey, presidente efectivo del gobierno, presidente del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo y máxima cabeza religiosa de su Estado. Podríamos hablar de la pésima actuación española, al servicio de Marruecos en ese caso, hasta que se convencieron Zapatero y Moratinos de que Aminatou Haidar iba en serio, porque es una mujer que tiene convicciones y defiende su dignidad como persona –dos cosas, por cierto, de las que nuestro Gobierno ni siquiera conoce su significado.
Podríamos también hablar de Cuba. De los Castro, que tienen subyugados a Moratinos y a Zapatero, unos gobernantes que están dispuestos a ceder en materia de ayudas económicas europeas a Cuba sin que el régimen haga el menor esfuerzo por abrirse y democratizarse, que aceptan –Zapatero y Moratinos- un desaire, como el que ha sido el del reenvío a España de un eurodiputado socialista pata negra, Luis Yáñez, que formaba parte de eso que se llamaba el “clan de la tortilla”, como si no fuera con ellos ni con la democracia española, como una humillación más que sufre nuestra política exterior.
Como veis no faltan casos. Pero, utilizando los versos del poeta bilbaino Blas de Otero, “nuestros cantares no podrísn ser sin pecado un adorno”, si no me refiriera a otros asuntos.
Porque España no está bien. Lo sabíamos cuando fundamos Unión, Progreso y Democracia, pero os aseguro que no pensábamos que llegaríamos hasta este punto.
La secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín, hablaba hace algunos meses, que en estos días de 2010 se produciría la convergencia de dos hechos de importancia plus quam trascendentales -ella decía que planetarios-: la presidencia en Estados Unidos de Obama y la presidencia en la Unión Europea de Zapatero.
No será muy importante esta convergencia, como ya se va viendo con los primeros deslices del presidente español. Pero lo que sí importa a mi juicio es la convergencia de una serie de crisis de largo recorrido y que se ciernen ahora juntas sobre la escena de España: una crisis económica, una crisis social y una crisis política e institucional. Todas ellas de proporciones inusitadas.
Lo decía el gobernador del Banco de España hace escasas fechas en un foro en la ciudad de Vigo: nos falta confianza en el futuro. Y cuando no existe confianza, las empresas no invierten y no crean empleo, los bancos no prestan y las familias no consumen.
En esa comparecencia, Miguel Angel Ordoñez se refería al riesgo que tienen nuestras cuentas públicas en su deterioro si no se adoptan medidas de reforma valientes en la distribución de los gastos de las Administraciones Públicas y en el recorte de su impacto conjunto, que es lo mismo que decir a escala económica lo que en el nivel políticao consiste en embridar un Estado de las Autonomías que se ha desbocado.
Hay que acometer además reformas como las que se refieren al sistema laboral, la negoiciación colectiva y las pensiones. Hay que vincular la educación a la competitividad del país –un país que cuenta con un 30% de fracaso escolar no podrá competir nunca como una economía desarrollada y de base tecnológica.
Y hay que crear empleo, especialmente eso. Estamos en una tasa que duplica el paro de los países de nuestro entorno. Y no somos capaces de afrontar este problema con audacia. Lo han dicho 100 economistas españoles de prestigio: hay que sustituir los contratos temporales –que no traen su causa de necesidades pasajeras de empleo- por contratos indefinidos con indemnización progresiva en número de días de retribución en función del número de años trabajados.
Pero nadie piensa en las reformas estructurales. Unos –los que gobiernan- porque esperan que otros nos saquen de la crisis antes de que las reformas sean absolutamente inaplazables. Aunque en rigor ya no puedan esperar por más tiempo, y otros –los que se oponen- porque esperan a sentarse en el sillón y entonces verán qué se puede hacer con la cosa.
La crisis económica está trayendo de la mano una crisis social que apenas se apunta ahora y cuya importancia no debe quedar demeritada. Los casos de Vic y de Torrrejón, que afectan a los partidos más importantes del arco político español. En este sentido es paradigmática la respuesta del Partido Popular, que ha pretendido buscar rédito político en un terreno que yo diría que es pre-democrático, porque hace referencia a nuestra condición humana, a la dignidad que tenemos como personas. Un ámbito que debería desterrar las actitudes xenófobas, racistas, como impropias de los seres humanos, de la civilización en que se presume que nos encontramos.
Pero si el paro se está cebando en el sector de la construcción y en este resulta mayoritaria la mano de obra inmigrante, su permanencia en este país puede ser observada como una amenaza para otros trabajadores y como una incomodidad para quienes solicitan prestaciones de servicios públicos como la sanidad o las ayudas sociales.
Alguien puede pensar que se trata de hechos aislados, pero no es así. En toda Europa han proliferado las conductas xenófobas y en algunos de ellos los partidos de extrema derecha han obtenido representación parlamentaria que en determinados casos han resultado determinantes para la formación de mayorías de gobierno. Y el PP, que renunció a ser un partido definido de centro para abarcar una extensísima parte del arco político, desde la derecha más radical hasta un centro moderado, siente muchas veces –como se ha visto- la tentación de atizar electoralmente ese fuego, que si es desde luego peligroso, porque tiene ese fuego todas las posibilidades de transformarse en una hoguera, pero cuenta también con sus réditos evidentes en una sociedad que no tiene –repito la cita del gobernador del Banco de España- confianza en el futuro.
Hay una crisis política. Quizás nunca como hasta ahora la política era percibida como un problema en España. Es –según los datos del CIS el tercer problema en la percepción de los españoles.
Podríamos referirnos a la corrupción. Podríamos pensar que ese mal tiene solución en el estallido de la burbuja inmobiliaria, porque “muerto el perro, se acabó la rabia”, como dice el refrán.
Pero no es eso. El problema está en otra parte. El problema a mi modo de ver está en la deslegitimación de los políticos. Porque el sistema democrático español convierte a los procesos electorales, no es procesos electivos o de selección de los representantes –como deberían- sino en situaciones de refrendo por los ciudadanos de las personas seleccionadas por los partidos. Así, desde el concejal hasta el diputado en el Congreso lo son todos de sus partidos y no de sus ciudadanos.
Y como prueba del nueve de lo que digo os propongo un ejemplo: ¿qué votante del PP en Zamora conoce el nombre de su diputado? Dirá a lo mejor que Rajoy, ¡pero es que Rajoy no se ha presentado por Zamora!
Urge cambiar la ley electoral y con ella las bases de una democracia que lo es en España sólo de partidos por una democracia de ciudadanos. Porque no basta para que ese cambio fundamental sea posible con apostar por el paso del tiempo, porque no se aprende a ser ciudadano sólo con leer un texto en un colegio. Y si a un niño un día hay que tirarlo al agua para que aprenda a nadar, es preciso despojar al sistema de las cautelas que ha tenido durante más de 30 años respecto de la mayoría de edad del pueblo español para apostar precisamente por su capacidad de discernimiento. Dejemos de tutelar al pueblo, dejémosle que hable sin cortapisas.
Y hay una crisis institucional que no tiene precedentes. Todos los días las noticias nos presentan una versión diferente de esa crisis, que en todo caso es la misma crisis. El espectáculo que nos ofrecen Montilla y Barrera –el caso del President de la Generalitat es paradigmático, cuando era ministro apoyaba la construcción de una planta para el almacenamiento de residuos nucleares, ahora le niega la posibilidad de acogerlos a un Ayuntamiento de su región-. El PP acepta también que se construyan, pero no está dispuesto a que se aloje en un municipio presidido por su partido.
Claro que estas son minucias si las comparamos con desastres palmarios como la nunca nata sentencia del Tribunal Constitucional respecto del Estatuto de Cataluña, que diga lo que diga ya no va a resultar ni útil ni creíble.
Un escándalo de largo recorrido hace referencia al chivatazo oficial en el caso del bar “Faisán”. Un escándalo en el que la torpe manaza de la política española afortunadamente no va a poder echar tierra, porque la instrucción del caso está también en un lugar hasta donde nuestros próceres no llegan: porque se está tramitando por la justicia francesa, por la jueza Laurence Levert.
Esos casos son como puntas del iceberg de una realidad bastante más profunda: definida por un Estado de las Autonomías que –como decía antes- se ha desbocado, por una democracia de partidos que controla al poder judicial, por un sistema que se va deteriorando día a día y que en su desgaste va tropezando con el fantasma de su futuro más probable: el de su ausncia de legitimación.
Cada vez nos encontramos más cerca del agotamiento. El mismo que sentían los españoles cuando, después de ver caer los gobiernos que nombraba el abuelo del actual rey –y que a veces casi no tenían tiempo ni de ocupar los despachos de sus ministerios, por lo poco que duraban- acudió a votar en bloque las candidaturas republicano-socialistas en las elecciones municipales de 1931. Yo no sé si España se había acostado monárquica y levantado republicana aquel 14 de abril –como dijera tan desaforunadamente el almirante Aznar-. Lo que sí era cierto es que el régimen que presidía la Constitución de 1876 estaba ya muerto y los electores lo habían enterrado definitivamente.
Pasa lo mismo –salvadas las distancias- con la Constitución de 1978. Concebida como un pacto para que España tuviera éxito en la última cita de su historia con la democracia, hoy se demuestra ya como un papel que no sirve para el futuro de España. La Constitución y su desarrollo nos han dejado una democracia de partidos y un Estado de islotes cuasi independientes. La española no es una democracia de ciudadanos libres e iguales ante la ley y es a eso precisamente a lo que debemos aspirar.
Sin duda que se trata de una tarea excesiva para que la acometa un sólo partido. Pero a los pocos diputados socialistas y republicanos desalojados del Congreso por el golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1925 les parecería improbable que les dijeran que poco más de 5 años después ocuparían los ministerios, organizarían unas elecciones y votarían una nueva Constitución.
En todo caso, nosotros estamos a lo que estamos. A actuar como creemos, de acuerdo con nuestras convicciones. Eso, y no otra cosa, es lo que se nos demanda.
viernes 29 de enero de 2010
Algunas incidencias en la presidencia de la Unión
El presidente español ha llegado a su cita de la máxima representatividad a que puede llegar un jefe de gobierno en ejercicio de un país europeo –la presidencia de la unión- en un mal momento. Acostumbrado a resistir sin poner en práctica ninguna política que merezca ser denominada como tal, ahora tiene que marcar sus posiciones en un terreno que nadie conoce muy bien, que es el de la puesta en práctica del Tratado de Lisboa. Lo que pasa es que han empezado a marcarle otros las suyas. Una de las características de Lisboa es que ahora tenemos Presidente del Consejo, puesto al que ha ascendido un político pragmático, oscuro y –en el peor sentido de la palabra- maquiavélico: el belga Herman Van Rumpuy, de quien se dice filtraría una carta para eliminar –se entiende que políticamente, esto no es Florencia, ni el flamante presidente europeo Catalina de Médicis- a un adversario.
De modo que cuando nuestro simpático presidente español ha pedido hacer una cumbre de presidentes en Madrid, el presidente de los presidentes ha decidido que en Bélgica. “Este territorio es mío”, parece decirle Van Rumpuy a Zapatero, lo mismo que un teckel a un bulldog que le doble de tamaño, aunque no en fiereza.
Tampoco le ha dejado que su inseparable Moratinos le asesore en las cumbres. Y Zapatero que va por la vida ligero de equipaje, en otro sentido del que decía el poeta, no tiene más remedio que improvisar. Perspeciva que no me hace especialmente feliz.
Eso sí, los señores de la City están un tanto nerviosos. A este hombre le hemos quitado la presidencia y los asuntos exteriores –propiedad ahora de una baronesa británica de izquierdas, Catherine Ashton- ¿pero qué puede hacer con el sistema financiero europeo? Creen ellos que, peligro –privado- español como es Zapatero, puede convertirse en peligro –público- europeo si se pone a reformar el sistema. Pienso que a los habitualmente bien informados británicos les falta perspectiva en este caso: Zapatero huye de las reformas como el gato escaldado del agua fría. Y si no al tiempo. Claro que, después de escritas estas letras –pero antes de su publicación- tengo noticia de que, en el Consejo de Ministros de hoy mismo, el Gobierno tiene previsto iniciar el trámite para retrasar la edad de jubilación. Ya se ve que cuando se le ven las orejas y las fauces al lobo…
Ya se sabe que Zapatero no habla tampoco alemán, pero tiene una oportunidad para encaminar las relaciones españolas hacia el puerto más confortable de Berlín que el de París. Una política europea basada en un núcleo duro de países que la lideren es la única solución de contraste a la arquitectura mundial que se está construyendo y que establecerá su casa una vez que se vaya superando la crisis. De momento, los habitantes del edificio son los G-2 –Estados Unidos y China- más los países emergentes. Ahí no está todavía Europa, con lo que España ni siquiera existe. Urge articular ese núcleo duro y urge que España se acerque a Alemania.
Claro que nuestro presidente ha tenido la habilidad de pisarle el zapato a los germanos con esa feliz ocurrencia de sugerir sanciones a quienes derrochen el dinero público. Es un profesor perdido para la docencia, desde luego.
De modo que cuando nuestro simpático presidente español ha pedido hacer una cumbre de presidentes en Madrid, el presidente de los presidentes ha decidido que en Bélgica. “Este territorio es mío”, parece decirle Van Rumpuy a Zapatero, lo mismo que un teckel a un bulldog que le doble de tamaño, aunque no en fiereza.
Tampoco le ha dejado que su inseparable Moratinos le asesore en las cumbres. Y Zapatero que va por la vida ligero de equipaje, en otro sentido del que decía el poeta, no tiene más remedio que improvisar. Perspeciva que no me hace especialmente feliz.
Eso sí, los señores de la City están un tanto nerviosos. A este hombre le hemos quitado la presidencia y los asuntos exteriores –propiedad ahora de una baronesa británica de izquierdas, Catherine Ashton- ¿pero qué puede hacer con el sistema financiero europeo? Creen ellos que, peligro –privado- español como es Zapatero, puede convertirse en peligro –público- europeo si se pone a reformar el sistema. Pienso que a los habitualmente bien informados británicos les falta perspectiva en este caso: Zapatero huye de las reformas como el gato escaldado del agua fría. Y si no al tiempo. Claro que, después de escritas estas letras –pero antes de su publicación- tengo noticia de que, en el Consejo de Ministros de hoy mismo, el Gobierno tiene previsto iniciar el trámite para retrasar la edad de jubilación. Ya se ve que cuando se le ven las orejas y las fauces al lobo…
Ya se sabe que Zapatero no habla tampoco alemán, pero tiene una oportunidad para encaminar las relaciones españolas hacia el puerto más confortable de Berlín que el de París. Una política europea basada en un núcleo duro de países que la lideren es la única solución de contraste a la arquitectura mundial que se está construyendo y que establecerá su casa una vez que se vaya superando la crisis. De momento, los habitantes del edificio son los G-2 –Estados Unidos y China- más los países emergentes. Ahí no está todavía Europa, con lo que España ni siquiera existe. Urge articular ese núcleo duro y urge que España se acerque a Alemania.
Claro que nuestro presidente ha tenido la habilidad de pisarle el zapato a los germanos con esa feliz ocurrencia de sugerir sanciones a quienes derrochen el dinero público. Es un profesor perdido para la docencia, desde luego.
jueves 28 de enero de 2010
Aminatou Haidar
Una llamada hacia las nueve cuarenta y cinco de la mañana de este mismo lunes. Es Rosa Díez. Me anuncia que Aminatou Haidar nos va a visitar en la sede. Rosa está viajando, de modo que la conversación resulta un tanto desconcertante.
Tengo una reunión –que levanto con alguna precipitación- y me dirijo hacia Cedaceros. Rosa ha llegado ya.
Muy poco después me indica que vaya a su despacho: Mayka Paniagua, Carlos Rey y Jesús Patiño están en la puerta de la sede esperándo a Aminatou.
Llega puntual. Viste una túnica en la que se advierten los colores amarillos y rojos, de un tono quizás apagado; se toca la cabeza con un pañuelo y un largo abrigo negro la protege de este inclemente frío de Madrid. La acompaña Bucharayu, que es el delegado del Polisario en España, quien durante su viaje a la Meca se ha dejado crecer la barba.
Rosa invita a Aminatou a que se siente junto a ella en el sofá dos plazas rojo -¿magenta?- que hay en su despacho. Lo primero que adviertes es que existe una buena relación entre las dos mujeres.
A petición de la portavoz de UPyD, Aminatou cuenta su historia reciente: que su casa se encuentra vigilada –podría haber dicho que “sitiada”- por la policía marroquí, que su salida hacia el aeropuerto fue “escoltada” por 4 coches policiales y 2 motoristas y que la filmaban durante el trayecto, y que la cuestión del papeleo se repitió otra vez en el aeropuerto, aunque en esta ocasión en forma más de opereta que de otra cosa. Y es que Aminatou volvía a declarar su condición de saharaui en el impreso oficial. Entonces volvieron a sonar los teléfonos en búsqueda de consignas que indicaran a los guardias de fronteras lo que debían hacer –los regímenes que carecen de leyes siempre se encuentran al albur de las instrucciones políticas-. Pero Aminatou, desde su falsa apariencia de debilidad física y con su voz suave, se plantaba ante la funcionaria:
- Yo no me voy a quedar aquí, esperando, de pie. Me voy a sentar allí y cuando hayan resuelto ustedes sus problemas me llaman.
Pero no transcurrieron muchos segundos antes de que la tranquilizaran:
- No hay ningún problema. Puede usted viajar.
Nadie diría que esta es la mujer que le ha plantado cara al régimen de Mohamed VI, ese hombre que acumula un poder que supera a los que tenían los reyes medievales, y a un gobierno español, que pretendía gestionar su entrada en España como un servicio más a esa corona del Magreb a cuyas órdenes tantas veces se rinde nuestra diplomacia.
Y Rosa lo explica con palabras sencillas y certeras: “No creían que ibas en serio”. Y cuenta la patética conversación con la Vicepresidenta De la Vega, cuando esta pretendía que convenciera a Haidar para que se dejara alimentar o ingresar en un centro sanitario. Bucharayu afirma también que las autoridades españolas presionaron al Polisario para que que desistiera. “Pero Aminatou es ella, no es el Polisario”, afirma.
Hablamos de los hijos de Aminatou. Cuando supo que su madre volvería a viajar a España el pequeño no quería que se fuera, la angustia de la actitud de Aminatou ha sido muy fuerte para él. Hablamos de su salud física, de los órganos que se han visto dañados por el descomunal esfuerzo emprendido por ella. Pero Aminatou se expresa con palabras tranquilas y nos asegura que todo va de acuerdo con lo que puede resultar habitual -¡habitual!- en estos casos.
Aunque Aminatou deja buena parte de las cuestiones políticas a la opinión de Bucharayu, ambos coinciden en la importancia de la mediación norteamericana –y la francesa-. Y el representante polisario agrega: “Estados Unidos no quiere que haya un conflicto allí”. Y pronostica que Marruecos enviará a un embajador “más duro” a España.
Ha pasado una hora. Aminatou parte de viaje hacia Sevilla, donde será atendida por otros médicos. Le ha agradecido a Rosa su gestión. Y Rosa repite: “Siempre he entendido que yo no tenía nada que recomendarte. Sólo que estaba a tu disposición. Algunos han dicho que era una oportunista. Pero, ¿por qué no lo han hecho ellos mismos?”.
Y esa mujer se dirige hacia la calle, en su grandiosa levedad, demostrando de qué cosas se es verdaderamente capaz cuando se actúa desde la dignidad y la convicción.
“¡Y es una mujer lista!”, nos dice Rosa cuando entramos en la sede para perdernos cada uno en nuestras tareas cotidianas.
Tengo una reunión –que levanto con alguna precipitación- y me dirijo hacia Cedaceros. Rosa ha llegado ya.
Muy poco después me indica que vaya a su despacho: Mayka Paniagua, Carlos Rey y Jesús Patiño están en la puerta de la sede esperándo a Aminatou.
Llega puntual. Viste una túnica en la que se advierten los colores amarillos y rojos, de un tono quizás apagado; se toca la cabeza con un pañuelo y un largo abrigo negro la protege de este inclemente frío de Madrid. La acompaña Bucharayu, que es el delegado del Polisario en España, quien durante su viaje a la Meca se ha dejado crecer la barba.
Rosa invita a Aminatou a que se siente junto a ella en el sofá dos plazas rojo -¿magenta?- que hay en su despacho. Lo primero que adviertes es que existe una buena relación entre las dos mujeres.
A petición de la portavoz de UPyD, Aminatou cuenta su historia reciente: que su casa se encuentra vigilada –podría haber dicho que “sitiada”- por la policía marroquí, que su salida hacia el aeropuerto fue “escoltada” por 4 coches policiales y 2 motoristas y que la filmaban durante el trayecto, y que la cuestión del papeleo se repitió otra vez en el aeropuerto, aunque en esta ocasión en forma más de opereta que de otra cosa. Y es que Aminatou volvía a declarar su condición de saharaui en el impreso oficial. Entonces volvieron a sonar los teléfonos en búsqueda de consignas que indicaran a los guardias de fronteras lo que debían hacer –los regímenes que carecen de leyes siempre se encuentran al albur de las instrucciones políticas-. Pero Aminatou, desde su falsa apariencia de debilidad física y con su voz suave, se plantaba ante la funcionaria:
- Yo no me voy a quedar aquí, esperando, de pie. Me voy a sentar allí y cuando hayan resuelto ustedes sus problemas me llaman.
Pero no transcurrieron muchos segundos antes de que la tranquilizaran:
- No hay ningún problema. Puede usted viajar.
Nadie diría que esta es la mujer que le ha plantado cara al régimen de Mohamed VI, ese hombre que acumula un poder que supera a los que tenían los reyes medievales, y a un gobierno español, que pretendía gestionar su entrada en España como un servicio más a esa corona del Magreb a cuyas órdenes tantas veces se rinde nuestra diplomacia.
Y Rosa lo explica con palabras sencillas y certeras: “No creían que ibas en serio”. Y cuenta la patética conversación con la Vicepresidenta De la Vega, cuando esta pretendía que convenciera a Haidar para que se dejara alimentar o ingresar en un centro sanitario. Bucharayu afirma también que las autoridades españolas presionaron al Polisario para que que desistiera. “Pero Aminatou es ella, no es el Polisario”, afirma.
Hablamos de los hijos de Aminatou. Cuando supo que su madre volvería a viajar a España el pequeño no quería que se fuera, la angustia de la actitud de Aminatou ha sido muy fuerte para él. Hablamos de su salud física, de los órganos que se han visto dañados por el descomunal esfuerzo emprendido por ella. Pero Aminatou se expresa con palabras tranquilas y nos asegura que todo va de acuerdo con lo que puede resultar habitual -¡habitual!- en estos casos.
Aunque Aminatou deja buena parte de las cuestiones políticas a la opinión de Bucharayu, ambos coinciden en la importancia de la mediación norteamericana –y la francesa-. Y el representante polisario agrega: “Estados Unidos no quiere que haya un conflicto allí”. Y pronostica que Marruecos enviará a un embajador “más duro” a España.
Ha pasado una hora. Aminatou parte de viaje hacia Sevilla, donde será atendida por otros médicos. Le ha agradecido a Rosa su gestión. Y Rosa repite: “Siempre he entendido que yo no tenía nada que recomendarte. Sólo que estaba a tu disposición. Algunos han dicho que era una oportunista. Pero, ¿por qué no lo han hecho ellos mismos?”.
Y esa mujer se dirige hacia la calle, en su grandiosa levedad, demostrando de qué cosas se es verdaderamente capaz cuando se actúa desde la dignidad y la convicción.
“¡Y es una mujer lista!”, nos dice Rosa cuando entramos en la sede para perdernos cada uno en nuestras tareas cotidianas.
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