sábado, 17 de mayo de 2008

Nuestra narración puede ayudarles a ser libres

La hora del desayuno recuperaba su normalidad esa mañana a las 9. María llevaría desde las 7 hablando con distinta gente y traía algún periódico que hojeaba mientras tomaba su vaso de café. Le propuse liberarla de sus funciones como guía para ocuparse de sus asuntos profesionales, pero ella declinaría mi ofrecimiento. Hoy viernes es el día de Europa y es festivo en la misión.
No sé cómo pero lo cierto es que nuestra conversación matutina derivaba hacia la Última Cena y la institución en ella del sacramento de la consagración. María ha estado en alguna casa judía en la que el cabeza de familia reparte el pan y el vino con las mismas palabras de Jesús: "Tomad y comed porque esto es mi cuerpo". Lo que nos lleva a desmitificar la transubstanciación como elemento primigenio de la religión establecida por Jesús -o si esta fuera en realidad una nueva religión- y a replantear la función de la Iglesia en su mediación religiosa -lo que también demostrarían los evangelios apócrifos de Judas Iscariote.
La siguiente etapa del día será el recorrido que producirá el remate de la Vía Dolorosa, recorrida entre turistas sudorosos y agotados ya de buena mañana,. El Santo Sepulcro está "protegido" por un puesto de control de la policía israelí, fijado -¿fijo?- en el interior de la iglesia que lo guarda. El gesto se sitúa en la misma longitud de onda del desprecio gratuito ejercido contra los musulmanes en la explanada de las mezquitas. Y eso que la civilización cristiana no se encuentra en guerra contra la judía. Es igual, todos -incluídos los descreídos- somos gentiles.
Tomamos un zumo de naranja en un punto donde los musulmanes se dirigen hacia su mezquita para rezar quizás otra más de las oraciones imposibles por la paz, porque Dios casi nunca se encuentra en los lugares donde lo buscamos.
En la tienda de Osha él no está, pero sí Saad su pariente -hermabo, cuñado... en la cultura árabe la familia se abre hasta los más insólitos recovecos y hasta se confunde con la amistad-. María le pregunta a Saad sonre lo que opina acerca de los acontecimientos. Saad dice ser optimista. Ha leído el periódico y cree que las noticias sobre el Líbano no van del todo mal. María se extraña y desarrolla su habitual tesis de la deriva a peor, a la ausencia de solución final, de los acontecimientos. Saad se mueve excitado por la exigua tienda. Es un orador, vehemente y de calidad. "Llevamos 60 aós de ocupación -dice con expresión y tonalidad de tribuno-. ¿Está eso bien?" No contestamos. Pero Saad sabe que se trata de un silencio que otorga, así que prosigue: "Esto es un polvorín. Tardará un día, una semana, un año... o mil años. Pero estallará". Y esa parece ser su buena noticia de esta mañana de primavera en la Jerusalén tomada, porque Saad -como todos- sabe por experiencia que el éxito u el fracaso -como decía Steinbeck- dependen solamente del estado de tu ánimo. "¿Y qué podemos hacer hasta entonces? Vosotros -dice Saad deteniendo su disertación y poniendo su mirada sobre María-. Vosotros tenéis que contar lo que estáis viendo. Lo que está bien y lo que está mal. Pero contarlo". Y María recita su lección como una colegiala sorprendida en un desliz: "No. Nosotros tenemos que monitorizar el puesto fronterizo de Rafah". Pero Saad no le deja escapatoria. Si nos queréis ayudar, de verdad, tenéis que hablar, viene a decir.
Y María toma de alguna parte de la tienda tres pulseras de cuentas blancas de diferentes grosores y los coloca delante de ella, sobre una de las alfombras de Osha. Su cabeza rubia ante nosotros, momentos antes de que -vuelta ya- su cara observe la mirada fija de Saad, compone una escena digna del mejor Lecarré. Es una nueva "chica del tambor" que escucha con atención las palabras -que tienen el sonido de las instrucciones- del amigo al que sólo quiere ayudar.
Y nos vamos a Belén.

Una vez visto el lugar del nacimiento de Jesús, damos un paseo por una ciudad abatida por el desánimo y el horror después de la segunda Intifada. Las tiendas con las persianas bajadas y que nunca volverán a abrirse, si prosigue esta situación.
Más tarde, tomamos una apetitosa hamburguesa palestina. Nos saluda un chico bien vestido, las gafas negras. Es amigo de María. "Luego venís a visitar mi tienda", dice. Y lo hacemos. Después de comprarle un rosario para mi madre, nos dice: "Es mi primera compra del día, creedme".
Tiene a 14 personas a su cargo", me cuenta María. Antes, durante el inevitable café, le diría a María que no, que sus hijos no iban a la escuela. Y sus ojos le decían que no, no se lo podía permitir.
Uno no sabe muy bien qué hacer con esta gente, si dárselo todo o agachar nuestras cabezas.
La salida de Belén se produce en el escenario de la explicación final: es el nuevo muro del Berlín de todos los tiempos. "Si, pero no te olvides que este va a tener 700 kilómetros", me susurra María. Unos muros grises a modo de paredones de cárcel, con sus torretas y sus vigías. Muros en los que se empiezan a ver "graffittis" que ahora piden "Stop the wall!", pero que mañana derivarán en cantos a la desesperanza, como el que debe cantar esa joven Aghazarian que vive unida a otro joven del que le separan 8 años sin verse.
Y como a los niños les separan de sus escuelas -"there are no children in the morning, Míster Cohen", a las madres embarazadas de los que no saben ¡ay! si es que serán algún día sus hermanos de los hospitales que las atiendan el día del parto. Y a los agricultores de sus tierras, a los hombres de sus negocios. A los amigos de sus amigos.

Mi despedida de Osham tiene el sabor agridulce de todas las despedidas. Es simpático y es amigo. Pero uno no sabe muy bien si en este mundo de verjas y muros es posible creer en el reencuentro. Uno las palmas de las manos a la altura de la cara -como hacen los árabes- y volvemos al hotel.

"Lo he pasado muy bien", le decía a María cuando me iba a hacer la enésima maleta de mis enésimas huídas. Y le decía mal. Pero se lo pondría en un correo que le escribía a mi regreso a Madrid. "pasar es un verbo que transita. Y la verdad es que algo de mí se ha quedado entre vosotros".

3 comentarios:

Sirena Varada dijo...

Desde luego no parece que tu visita a la tierra de los “odios recalcitrantes” haya sido un viaje de placer, sino de experiencias de esas que dejan un regusto agridulce. Es curioso que allí te dijeran, precisamente a ti, que es bueno ver como la gente sufre porque eso ayuda a darle perspectiva a tus sufrimientos. Y también es paragógico que la tierra de los lugares sagrados más importantes para las tres religiones no pueda ser un lugar en el que se alimente la esperanza.
Se agradecen tus interesantes crónicas viajeras, y las reflexiones más todavía.
Un abrazo

(Parece que te gusta el zumo de naranja)

Antonio Valcárcel dijo...

Estimado Fernando:

Me ha parecido interesante tu crónica viajera y hasta escudriñadora, en algunos aspectos, que son intrínsecos con la religión judeo-cristiana. Efectivamente Jesús era un judío que conocía la Torah y el Talmud, que cumplía la Ley y no vino al mundo no para derogar la Ley de su mayores dada por Dios -sino para cumplirla-. Sin duda, para los judíos; Jesucristo fue un impostor: para los cristianos una luz en el mundo de PAZ...

LA ALIANZA CON NOÉ

Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide desde el comienzo salvar a la humanidad a través de una serie de etapas. L alianza con Noé después del diluvio expresa el principio de la Economía divina con las "naciones", es decir, con los hombres agrupados "según sus países, cada uno según su lengua, y según sus clanes"" (Gn 10,5;cf 10, 20-31).

5. El don de la verdad

Uno de los desafíos con los que nos enfrentamos a la hora de transmitir la fe es la extensión del relativismo. Así lo recordó el Cardenal J. Ratzinger al comenzar el último Cónclave: «A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse “llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina”, parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos»

¿Transmutación?-:

TRIGO DE LAS TUMBAS EGIPCIAS

En tumba de uno de los antiguos faraones de Egipto fue hallado un puñado de granos de trigo. Alguien tomó aquellos granos, los plantó y los regó. Y, para general asombro, los granos tomaron vida y retoñaron al cabo de cinco mil años. Cita de el libro " El Canto del Pájaro"

El blog de Fernando Maura dijo...

@sirena varada, muchas gracias por tu comentario. Los zumos de naranja son buenos ahí, no saben agrios.
@ Gracias omo siempre Antonio por tus explicaciones.