miércoles, 21 de mayo de 2008

El valor de las cosas

Alfonso es el concesionario de una de las playas de Sitges. Este fin de semana ha hecho mal tiempo, incluso en el especial microclima que existe en esta localidad de la costa de Cataluña llovía con insistencia sobre el pueblo. Mi apatamento, convertido en refugio, me acogía junto a mis libros, mis canciones, mis escritos y mis recuerdos.
Sólo el domingo por la tarde pude hacer el Paseo Marítimo, cuando me encontré a Alfonso. Estaba muy cerca de "su" playa. Me habló de sus proyectos y de concejales, porque sus proyectos tienen que ver con el Ayuntamiento.
Y como por casualidad -Sitges es un pueblo de mar que se vuelve sobre la playa. Parafraseando a John Connolly podríamos decir que un pueblo que ha perdido la atracción del mar es un pueblo que se ha perdido a sí mismo, lo que no ocurre con Sitges-. aparece junto a nosotros una pareja que evoluciona en bici: es un concejal del PP. Hablamos de lo que toca y lo que toca son los nombres: María San Gil y Mariano Rajoy, Jaime Mayor y Esperanza Aguirre, José María Aznar. Y los catalanes. Tienen revuelto el partido. Me presenta a su mujer y me dice que fue candidata a concejala por su partido y que, prácticamente cerradas las listas, le pidieron que cediera su puesto... a un constructor. Así son los partidos tradicionales, les digo: involucionan de la endogamia a las corruptelas.
Alfonso me sugiere la posibilidad de comer el día siguiente lunes. Y compartimos una paella junto a un mar lluvioso en un día triste y gris. Uno de esos días que se dirían predestinados a la confidencia.
Y la conversación navega desde la política hasta los negocios de la playa y luego se detiene ante la vida. Alfonso me cuenta que tiene 38 años y que hasta los 33 salía con chicas y alternaba en los bares. Tenía éxito. Alfonso es uno de esos galanes de película: moreno ya en esta descabellada primavera que atravesamos, el pelo peinado con raya en la mitad y en aparente desarreglo, ojos negros y grandes, nariz recta -con una ligera tendencia a curvarse- y unas manos con dedos fuertes y alargados.
Un día Alfonso decidió parar. Esa actividad no le llenaba y se dedicó a reflexionar. Y en su meditación volvía Alfonso a su infancia, allí donde se redescubren los pensamientos que son puros porque no han aprendido aún a impostarse, porque todavía no han conocido el precio adulterado que tiene la mentira.
Fue un viaje interior que se remontaría a sus fuentes, limpias como el cristal, de la niñez. Alfonso supo de la vida en el viento que mueve las hojas de los árboles y en las hojas mismas; se emcionaba ante lo que expresaba una piedra cualquiera que encontraba en el camino -Alfonso podría haber escrito algo parecido al poema que León Felipe dedicara a un canto: "como tú, que no sirves ni para ser piedra", pero que derribaría al dictador de su sitial.
Alfonso hizo el viaje hacia dentro y ganó la serenidad. "Ya no conozco el sufrimiento", proclama desde la falta de reserva de sus 38.
Le digo que su excursión personal tiene la característica de lo que sugieren las filosofías orientales. Allá donde las preguntas no se formulan hacia ese Ser que se sitúa tantas veces a una infinita distancia de lo que somos, unas pobres y diminutas existencias. Porque todas las respuestas están donde se encuentran todas las preguntas: en nosotros mismos.
Alfonso piensa que la muerte es lo mismo que la vida, porque esta no se puede entender sin aquélla. Y aunque Alfonso ha regresado a las posiciones teístas, al menos ha cerrado el círculo de sus convicciones y se encuentra relajado y feliz.
Y lo cierto es que en este muchacho que planta sombrillas y desplaza hamacas bajo el ardiente sol del Mediterráneo he encontrado más sabiduría que en muchos profesores de Universidad, más sentido de la realidad que el de muchos políticos consagrados, más pragmatismo que el que tienen muchos empresarios de éxito.
Porque Alfonso aprendió a los 33 a distinguir entre el valor y el precio y esa eso es algo que muchas personas se mueren sin advertirlo siquiera.

2 comentarios:

Blanca Oraa dijo...

Bonito post.

blanca dijo...

Enhorabuena por tus articulos.Si me entero cuándo vienes a Madrid iré a oirte.Un saludo de una donostiarra.