jueves, 29 de mayo de 2008

Liberalismo y regeneración democrática

(Charla dada en el aula de cultura de Valmaseda el 22 de mayo de 2.008)
Es para mí una satisfacción tener la oportunidad de desarrollar estos temas precisamente en Valmaseda, que fue en la República y en el tiempo en que estuvo vigente la Constitución de 1.876 -es decir, hasta la Dictadura del general Primo de Rivera, en la Restauración- cabeza de la circunscripción electoral de las Encartaciones y la Margen Izquierda y en la que resultaría elegido el liberal Gregorio Balparda. Se daba el caso que el partido socialista no presentaba candidatura -o la que presentaba carecía de renombre- en esa circunscripción, del mismo modo que la derecha vizcaina hacía lo mismo en Bilbao, facilitando de ese modo la obtención a Prieto de su acta de diputado. Para los que pensamos en la posibilidad de una actuación común entre socialistas democráticos y liberales y lo venimos llevando a la práctica desde hace 1 año desde UPyD, ese desistimiento electoral que pretendía impedir el auge del nacionalismo en la versión de Ramón de la Sota constituye un precedente histórico de no poca importancia.
Una charla que se ofrezca sobre estos 2 conceptos obliga a una especie de de-construcción, como se dice ahora de los restauradores con éxito. A lo mejor seremos capaces de obtener el sabor final del guiso si conocemos los ingredientes del mismo y la manera en que se han integrado los mismos con el paso del tiempo.
Empezaré con lo más difícil: el componente liberal del plato que vamos a intentar preparar. ¿Qué es el liberalismo?, ¿qué significa ser liberal? Mi amigo Germán Yanke me contaba hace ya bastantes años que, un día, en casa de un amigo este le hablaba de sus 2 hijos: "este no da la lata -le decía-, es bastante tranquilo; en cambio, este otro es diferente, es más liberal". ¿Es liberal el más inquieto, el más tarambana? Don Indalecio Prieto, que era según sus palabras "socialista a fuer de liberal", también decía que era socialista... de cintura para arriba, por lo que se presume que lo liberal -su ideología inicial- podía derivar en libertina con toda facilidad.
Pero anuncio ya que no es ese tipo de liberalismo el que voy a desarrollar en esta intervención. La palabra "liberal" es seguramente una de las más polisémicas que existen. Una palabra que, por cierto, tiene "copy right" español; procede de la Constitución de 1.812 y tiene un significado específicamente nacional: liberalismo como una posición política enfrentada al carlismo, progreso contra reacción, igualdad de todos los españoles en el cumplimiento de las mismas leyes frente a los Fueros que eran un producto del régimen feudal, del Antiguo Régimen. Porque ahora parece que los Fueros lo fueron sólo vascos o vasco-navarros, cuando lo cierto es que los había en todo el territorio español, porque era el modo en que se organizaba este país en aquél entonces. Y había frentes en las guerras carlistas en muchos puntos de España además que en las provincias vasconavarras, como en Cataluña, por ejemplo. Precisamente por eso el liberalismo que se enfrenta al carlismo y a sus herederos, los nacionalistas, que todos miran hacia atrás, no puede sino constituirse en una ideología de ingredientes -por seguir con el símil culinario- progresistas.
Respeto que me digan que el liberalismo es otra cosa, pero yo voy a plantear aquí mi opinión leal. Habrá quien considere que ser liberal es pedir menos Estado, hasta el punto de que ni siquiera exista un sistema de Seguridad Social y que los enfermos mueran en las puertas de los hospitales porque carecen de seguro médico o que se privaticen las cárceles. A estos "campeones del liberalismo" les llaman los estadounidenses "neo-con" o "neo conservatives", los nuevos conservadores. En lugar de eso, los norteamericanos consideran liberales a las izquierdas del sistema, de modo que el Senador por íllinois, Barack Obama, está más a la izquierda que la Senadora por Nueva York, Hillary Clinton; y ambos bastante más a la izquierda del también Senador -pero por Arizona- John McCain, del Partido Republicano que, ese sí, milita en las filas del conservadurismo.
En realidad interesa más la forma en que se manifiesta el pensamiento liberal en Europa y más en concreto en el Reino Unido, donde los partidos responden desde siempre a intereses sociales. No ocurre lo mismo en la España de la Constitución "liberal" de 1.876 -otra contribución a la polisemia del término, aquí "liberal" debe leerse como pre democrática, en una Comstitución "pactada" entre la soberanía popular y el Rey, no "otorgada" por este ni "impuesta" al mismo-. En España, liberales y conservadores representaban en la práctica los mismos intereses.
En el Reino Unido los liberales representaban los intereses de las clases urbanas emergentes -en contra de los intereses rurales de la "gentry", en una especie de vasallaje "light", que representaban los "tories"-. Eran, los liberales, la izquierda del sistema, hasta que aparecieron los laboristas.
Precisamente Gregorio Balparda intentaría hacer algo de eso, militando como hizo en la facción izquierdista del grupo liberal en el Congreso de los Diputados que dirigía don Santiago Alba. Alba, que fue ministro de exteriores -de Estado, se decía entonces- en el último gobierno constitucional de don Alfonso XIII, y al que el dictador Primo de Rivera le atribuyera todas las responsabilidades de la guerra de Marruecos. Exilado en París, Alba recibía noticia del saqueo policial de su casa y escribía al Rey pidiendo su intervención -no en vano había sido su ministro- pero don Alfonso prefirió mirar para otro lado. Andando el tiempo, a la conclusión de la Dictadura, el Rey quiso pedir el concurso de Alba para que soportara el ala izquierda de un nuevo sistema. Viajó don Alfonso a París y tuvo que soportar la doble humillación de recibir a don Santiago en el hotel Meurice -y no en la embajada, territorio español- y la negativa del político.
Algo parecido intentaría el Rey con Cambó -que había servido con eficacia en gobiernos mauristas- para que soportara el ala derecha de su pretensión-, pero le pidió que dejara de ser nacionalista, a lo que el político catalán se nego, alegando para ello motivos de salud.
En el continente europeo los liberales han ocupado generalmente el centro del espacio político, propugnan un sistema abierto, pero reconocen la necesidad de un sistema de protección social para acoger a los que se quedan en el camino, a los que no llegan. No abogan por un capitalismo o una derecha compasiva, como los conservadores, afirman y apoyan la extendión del Estado del Bienestar.

El segundo de los conceptos a desarrollar en esta charla se refiere a la regeneración democrática. Se trata de una expresión que cuenta con alguna tradición en España. Con la pérdida de las colonias -a finales del XIX- nuestro país se ve forzado a cerrarse sobre sí mismo y a repensar su futuro. No se trata de una situación de crisis en lo económico, no al menos en el corto plazo, los capitales realizados en las colonias retornan a España y se aplican a sociedades para la inversión -es el caso del Banco Hispanoamericano, por ejemplo- pero sí es cierto que nuestro país deberá repensar su proyecto. Entonces surge el concepto de regeneracionismo y la necesidad de impulsar su desarrollo. Lo plantea Joaquín Costa, pero no existe oposición a esa idea. Del Rey para abajo toda España es regeneracionista, lo que pasa es que -parafraseando a Orwell- algunos eran más regeneracionistas que otros. Don Alfonso XIII observaba el proyecto de España en una perspectiva fundamentalmente de carácter económico y republicanos y socialistas -en el otro extremo- pretendían que para regenerar España hacía falta traer la República.
Hoy nos referimos a la regeneración democrática que, por lo tanto, tiene un alcance político. 30 años después de aprobada la Constitución podemos reflexionar sobre sus elementos positivos y los negativos de la misma -porque es preciso reconocer que también hubo de estos últimos-. Los constituyentes del '78 asistían a su trabajo conscientes de que España no podía fallar en esa nueva cita histórica. La democracia tenía que abrirse paso de forma definitiva en nuestro país después de 2 siglos de asonadas y guerras civiles. Por eso crearon un sistema de democracia formal que concedía muy corto espacio a la ciudadanía, una especie de "despotismo democrático ilustrado". Se importaba, por ejemplo, el concepto de la moción de censura constructiva, procedente de la Ley Fundamental de la Alemania occidental, que nacía del pavor histórico ante el nazismo y la guerra en una nación dividida. La estabilidad se convierte en un elemento fundamental y un Gobierno no puede caer si en el mismo acto no existe una mayoría suficiente que lo sustituya.
Pero es que el ciudadano cuenta muy poco en nuestra democracia. Los partidos políticos tradicionales incumplen de modo sistemático el mandato constitucional que los convertía en instrumento para la participación. Cada vez más cerrados, las decisiones se adoptan por reducidas camarillas de personas que sólo recurren a los órganos más amplios para que estos -compuestos de manera mayoritaría por cargos públicos cuyo puesto, y cuya vida, dependen de esa ubicación- ratifiquen las decisiones previamente adoptadas. Las listas que se presentan a la consideración de los electores son cerradas y están bloqueadas. Los partidos ya no acuden al procedimiento de las primarias para seleccionar a sus candidatos. Y un caso paradigmático de lo que digo se produce en el Partido Popular en el que ni siquiera un 4% de sus afiliados ha participado en la elección de los compromisarios a su próximo Congreso.
Regenerar es abrir las listas y no bloquearlas, exigir por ley que los candidatos que presenten los partidos pasen por el test de elecciones primarias y que en su seno se ejercite la democracia interna. Una democracia de ciudadanos y no de meros votantes de un determinado partido.
Desde Unión, Progreso y Democracia estamos intentando sumar la regeneración con la democracia, de la misma forma en que estamos integrando el liberalismo con el socialismo democrático.
Les voy a referir una anécdota que expresa la evidencia de lo que digo. Es un caso que sucedió en Gran Bretaña. El caso se refiere a una señora que vivía de una modesta pensión y con familiares a su cargo. Su única diversión consistía en ver la televisión, pero eso paga impuesros en ese país y la señora de nuestra historia no los pagaba, de modo que su deuda fiscal se fue ibxrementando hasta alcanzar proporciones penales. Fue conducida a una comisaría de policía donde se le ofreció la posibilidad de realizar una llamada telefónica. La señora pidió hablar con su diputado de circunscripción, lo que constituye ya nuestra primera sorpresa, visto desde nuestra perspectiva española: ¿a quién se le ocurriría en España llamar a un diputado en esas circunstancias? El diputado se puso al teléfono -segunda de nuestras sorpresas- y provocó un debate para incluir ese asunto en el orden del día de una próxima sesión plenaria. Los diputados votaron a favor. Llegó el día del debate y el diputado defendió su propuesta de excepcionar a esta señora del ámbito de aplicación de la ley en tanto que el Ministro de Hacienda manifestó la necesaria generalidad de la norma. El diputado ganaría la votación y la señora saldría de la cárcel.
Una democracia de ciudadanos pone en valor la figura del representante y establece la credibilidad de un sistema. Y a eso pretendemos llegar desde un partido que cree en la democracia y la practica internamente y que está empeñado en que nuestro país se parezca cada vez más a nuestro proyecto: una democracia de ciudadanos libres e iguales ante la ley.

7 comentarios:

Blanca Oraa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pedro José Chacón Delgado dijo...

Muy interesante la conferencia, Fernando, que acabo de leer.
Alguna matización te haría, en cuanto a que el liberalismo en España, desde su origen en las discusiones de la Constitución de 1812, como tú bien dices, no tendría su razón de origen, en principio, por su enfrentamiento al carlismo, que es algo posterior.
Pero bueno, son cuestiones de matiz.

Sí me gustaría decirte que llevo tiempo entre manos con un proyecto de investigación, que supongo que daría para algo más que un artículo, en relación a las intervenciones parlamentarias que tuvieron, al unísono y a veces coincidiendo en la misma sesión, Gregorio Balparda e Indalecio Prieto, cuando coincidieron como diputados en el Congreso. Algo hay en la biografía de Javier Cangas sobre el tema. Querría entrar en las sesiones parlamentarias de esas fechas y sacar a relucir lo que podría ser una especie de "paleoentendimiento" entre liberales y socialistas, con el nacionalismo como telón de fondo a rebatir y a cuestionar.

Me gustaría contar con tu apoyo para iniciar esa investigación, que espero ofrecerte y someter a tu consideración cuando la tenga ya bien encarrilada.

Un abrazo.

López dijo...

Ha sido muy interesante leer la conferencia.

Esa aproximación entre liberalismo y socialdemocracia es muy interesante. Sé que mucha gente de UPyD está empeñada en ello. Me gusta que Díez, tal y como ha demostrado en muchas entrevistas, sea consciente de que UPyD no sólo hay ex-PSOEs sino también muchos liberales y social-liberales. Buesa y Usted son un ejemplo de ello.

A mí el liberalismo progresista o la social liberalismo siempre me han seducido. Y es que a mí me parece posible y viable que reconocer y defender la libertad de mercado y las libertades cívicas junto con una serie de políticas públicas que garanticen a los ciudadanos una serie de prestaciones básicas y/o que generen externalidades positivas.

No creo que el Estado deba intervenir en el día a día de la vida de los ciudadanos ni dirigir la actividad económocia, pero sí puede garantizarle una educación, protegerle frente al infortunio, su salud o realizar determinadas funciones que mejoren su bienestar. Eso no significa que se ponga a dar subvenciones a diestra y siniestra o que regule su vida privada.

Y creo que el éxito de UPyD podría venir por políticas de ese corte junto, por supuesto, a un núcleo duro programático basado en la regeneración democrática y en la reforma constitucional (que es lo que más nos une).

Saludos

blanca dijo...

Fernando,leo todos tus artículos.
Enhorabuena por tu ánimo.Cuando vengas a Madrid,me gustaría ir a oírte.Un saludo de una donostiarra.

El blog de Fernando Maura dijo...

@pedro josé. Por supuesto que estaré encantado de apoyar en lo que pueda esa línea de investigación. Si no las tienes te pasaría mis coordenadas.
@Gracias lópez.
@blanca. Voy mucho por Madrid, pero de momento sólo hablo en reuniones privadas. Estaré encantado de charlar contigo o de invitarte a que me escuches si hablo en público.

Mario García dijo...

Fernando,

Soy un joven de 19 años que se considera liberal; pero al estilo de los Liberal Democrats británicos, no de los libertarianos estadounidenses. Me gustaría saber si usted me podría decir algún autor o alguna obra de referencia sobre esta forma de entender el liberalismo.

Mi principal obra de referencia es "Sobre la Libertad", de Stuart Mill, pero gustaría saber de qué fuentes bebe usted.

Un saludo y gracias de antemano.

El blog de Fernando Maura dijo...

@mario, no creo que existe El Libro. Pero hay muchas cosas que se pueden leer: Hayeck, Tocqueville... y sobre todo practicar la tolerancia en la forma y la convicción en los principios básicos.