miércoles, 20 de febrero de 2008

Herencias que hacen pulso

Pilar tiene ganas de vivir. Sé que me repito, que ya lo he dicho otras veces. Pero en su caso es muy importante, especialmente para ella. A los demás la vida se nos presenta sin que, en apariencia, tengamos que hacer apenas ningún esfuerzo por dotarla de continuidad. Sólo en algunas ocasiones aparece una ligera depresión, disfrazada de pereza, que te pide que te quedes en la cama media hora, una hora más, cuando tú mismo notas que ya has dormido el tiempo suficiente, y es que han pasado la noche y el sueño, pero no el cansancio.
Pilar sabe que es la vida lo único que tiene, aunque se le escurra -a todos se nos va- como el agua que nuestros dedos, por muy pegados que estén, no pueden contener.
El más allá es para ella -quizás- una quimera, una ilusión. ¿Piensa en un encuentro?. ¿En qué pensará Pilar cuando se queda de repente ensimismada? ¿En la visita que recibirá por la tarde, o la mañana siguiente? Es posible. Pero es seguro que también pensará en su madre, que se fue hace cinco años cuando "una vez más la barca del amor -su barca- se estrelló contra la vida cotidiana", como escribió Maiakovski en su último poema, que era también su carta del adiós definitivo. ¿Piensa Pilar en su madre y en el encuentro con ella?
Pero, no. Pilar se resiste a dejarse llevar y se aferra a su cama de hospital como una lapa. Esta es la vida que me ha tocado vivir, te dice con esos ojazos que, cuando te miran desde su inmensa luz interior, te devuelven todo ese brillo que está en las palabras, en los hechos, de las personas auténticas. Como lo era su madre: una barca de amor navegando por este mar plagado de incertidumbres y de odios y que a veces parece no tener salida.
¿Pensará Pilar en la culpa de lo que le ocurre? Como su madre lo hacía, cuando le dijo a Juan Bas que ella sí, que ella creía en Dios, sólo para maldecirle por la putada que le había hecho. Y cuando Juan me lo recordaba yo me veía tatareando los heréticos versos del "La prière" de Georges Brassens, cuando decía:

"Par les quatre horizons qui crucifient le Monde
Par tous ceux dont la chair se déchire ou succombe,
Par ceux qui sont sans pieds, par ceux qui sont sans mains
Par le malade que l'on opère et qui geint,
Et par le juste mis au rang des assasins
Je vous salue Marie"..

Pero Pilar no maldice, sólo le tiene manía a ese burócrata de Dios que pasea por entre las camas de los enfermos de ese hospital, porque se lo merece: ha convertido la espiritualidad de la religión en un simple conjunto de instancias y pólizas.
Pilar ha vivido siempre la limitación de su tetraplejia. Y cuando ve cómo corre, como camina, cualquier persona que la visita, se le ocurre que es como en "Peter Pan": que sólo hace falta que Campanita te derrame ese polvillo de oro y que pienses en algo encantador para que te pongas a volar, siempre en dirección a la segunda estrella a la derecha, Pilar, que es allí donde te espera tu madre, en el caso de que algún día se te ocurra volar, que yo quisiera muy lejano, que no llegara nunca.
Se le parece mucho, lo mismo que su madre se parecía -dicen- a la suya. En la obsesión de sus ideas, de sus querencias, de sus ineluctables elecciones y decisiones. A Pilar.la han cambiado de respirador y ella no se encuentra cómoda. -¡Debe ser terrible depender de una máquina para seguir viva!- Y Pilar lucha contra la máquina, y claro respira peor, y se encuentra mal. Sólo cuando, derrotada por el combate, y agotada se duerme, se produce la reconciliación entre la mujer y la máquina, esa compañera que le mete el oxígeno que Pilar necesita, en los tiempos programados, aunque ella no lo quiera en ese preciso instante. ¡Qué difícil es tu juego! Adaptarse a la máquina para después ser capaz de sonreír y hacer como que entona una canción y -a veces- poner los labios como diciendo "te quiero" y darte un beso. Debe ser muy difícil tu vida.
Pero sabrás resolver, Pilar, esta compatibilidad que resulta tan incompatible. Lo mismo que en muchas, demasiadas ya, otras ocasiones. Le quieres tanto a la vida, a tu vida, como para que puedas permitirle a tu obsesión -extralimitada, destructiva- que gane la partida.
En el pulso de tus herencias, has ganado siempre Pilar, Y no existe vida tan plena, pienso yo -aunque se trate de una paradoja- que esta vida tuya que renace siempre de la victoria de cada día, de cada hora, sobre todas las adversidades. Y es que nada de lo que nada cuesta parece que ha merecido la pena.
Porque tus veinte esforzados años de vida, Pilar, te los has ganado a pulso, minuto a minuto.

5 comentarios:

Antonio Valcarcel dijo...

Estimado Fernando:

He podido captar el inmenso dolor de un padre que siente la impotencia por solucionar el grave problema de tu hija, Pilar, que lucha día a día por su vida.
He pensado en las palabras de Jesucristo en el monte de los Olivos, que a sabiendas del enorme dolor que habría de soportar le reprocha a su Padre: -"Eli Eli lama azavtani" ("¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?").
Hay muchas veces en la vida que nos cuesta creer en Dios. O que Dios nos ha abandonado y que la enfermedad y las desgracias son algo consustancial que controla el Altísimo. Sin embargo, no suele ser es así: «Mi Reino no es de este mundo. "Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a mis ejecutores: pero ahora mi Reino no es de aquí"
Se que resulta muy difícil, incluso predicar y explicar a alguien que ha perdido la fe y que esta aflore en sus corazón; quienes tiene fe vive mejor, son más felices, afrontan las situaciones con un carácter fuerte y esperanzado.
Admiro a los que tienen mucha fe y para aquellos que no la tiene; que Dios le sea concedida. Y desde la fe ruego Dios y sólo sí me lo permites, Fernando, oraré por tu hija.
Comprendo el inmenso dolor que cabalga por tu mente y desemboca en el corazón; quizás como un río furioso sediomentando la fe. A cualquiera nos resultaría muy dificil de soportar.
Mi solidaridad con tu dolor.

Mar Seco dijo...

Querido Fernando:
Siento que la vida que Pilar ha elegido es un acto de amor.
Una lección, estas personas frágiles que se aferran a la vida, a un respirador, nos enseñan lo verdaderamente importante.
Son ángeles que se cruzan en nuestras vidas y entregan la suya para que seamos conscientes de lo que nos fue regalado.

Lois dijo...

Gracias, Fernando. Nos das perspectiva, como seguro que Pilar te da a tí. Y humanidad.

Blanca Oraa dijo...

El tema de tu hija soy incapaz de manejarlo: ella está viva.

El blog de Fernando Maura dijo...

Hola, Antonio, siempre fiel al comentario. Te agradezco lo que dices, pero prefiero pensar en la vida y -cuando ya no existe- en esa vida que se prolonga en el recuerdo.
Gracias Mar por tu comentario. Y Lois, también gracias por vuestra continuidad en el comentario y vuestro afecto.
Blanca, la desolación más profunda está en lo que dices. Y estoy completamente de acuerdo contigo. No podría imaginarme lo que debe sentir una madre que pierde a un hijo. Un beso.