jueves, 31 de enero de 2008

Una mirada interior

"El bar de Zampa" es un lugar especial, como lo ha sido siempre su propietario. Es un establecimiento público, por lo que a nadie se le impide el acceso, no hay cartel que diga que "en este local se reserva el derecho de admisión" y a ninguna de las personas que se les ocurra asomar sus narices se le observa con cara rara -y eso que este país está fabricado en la osadía de los intrusos y la arrogancia de los que se supone que llegaron antes-. Pero es "de Zampa", así que viene a ser una prolongación del salón de su propia casa, con sus libros, sus discos y sus fotografías dee las playas de la Guinea Ecuatorial donde pasara los primeros años de su vida. Uno se diría en presencia de la posada de "la Jeanne", en la célebre canción de Brassens, y en ella:

"On est n'importe qui, on vient n'importe quand,
Et comme par miracle, par enchantement,
On fait partie de la famille"

Pero Zampa no es brasseniano, es dylaniano; que son dos bardos universales. Unidos en relatar el amor y la desesperanza, el primero antesala del segundo; una alegría remansada que sin embargo anuncia la inminencia de las aguas turbulentas del desamor.

Era un domingo, después del mitin del Arriaga. Cuatro personas en derredor de la barra y hay una conversación que debuta siempre con todo recién llegado. Estaba Margarita -permítanme evitar la referencia exacta de su nombre: no he pedido su permiso para mencionarla- y nuestro coloquio giró sobre el acto del Arriaga al que ella había asistido. Margarita aludía a la libertad de expresión, las coerciones con que se asedia a este derecho y la necesidad de la paz. Luego nos referimos a la condición humana, al amor, la poesía y a la realidad de los hechos que pervierten los buenos principios que quizás algún día tuvimos.
Fue una conversación tan inesperada como grata. A la salida, Margarita me ofreció un DVD para que lo viera. Le prometí que así lo haría. Y lo hice el día anterior al que se escriben estas líneas.
Es un escenario en el que interviene un orador ante un reducido grupo de personas. Es un buen orador. Es un tipo de raza india, muy moreno, rollizo de cara y de ancha cabeza. Habla en inglés.
La primera intervención que contenía el disco me pareció en exceso cargada de moralina. "Este es un tele-predicador", me dije a mí mismo. Pero había en él algo especial, una cierta profundidad en su relativa simplicidad que me llevaría a seguir el visionado restante.
Y me reuní finalmente con esas ideas que proceden de la sabiduría oriental y que en nuestra tradición cristiana no hemos sabido encontrar, quizás porque un buen día a un ejército de hombres se le ocurrió convertirse en mediadores entre Dios y las restantes personas que no habían obtenido la imposición de manos por la cual podían oficiar en nombre de ese Ser Supremo.
Recuerdo que hace ahora cinco años viajé a China y que me interesó mucho su filosofía, especialmente su mirada interior, los principios contrapuestos del "yin" y del "yang" y la serenidad íntima como respuesta a los innumerables conflictos que nos acosan a lo largo de nuestras vidas.
Después, he querido viajar a la India, pero tanto mis circunstancias personales como las climatológicas de ese país en el momento del año en que podía producirse el desplazamiento me lo desaconsejaron. Por otra parte, no quería hacer el viaje de un turista que sólo pretende hacer una foto del Taj Majal, otra del río sagrado de Benarés y obtener alguna estampa adicional de la pobreza local en Calcuta; todo ello unido a la adquisición de algún recuerdo que colocar en las estanterías que les significan como gente de lo más universal y que han conseguido a un precio irrisorio, lo que los convierte por lo visto en eficacísimos negociantes, además -una lanzaroteña de origen bilbaino, amiga mía, califica con acierto a esos especímenes humanos de cabritos, o más bien de la versión más fuerte de esa especie animal que no repetiré.
Me gustaría relacionarme -siquiera de forma tangencial- con los modos orientales de pensar el ser humano. Insisto. Además que soy tintinista de convicción y se me va la imaginación detrás de las pagodas tibetanas. También he de decir que me impresionaron la espiritualidad unida al sentido de la ética personal y la dignidad del Dalai Lama cuando intervino en el Parlamento vasco y que se lo dije a él mismo. Pero no existen programas de mano a consumir en quince días con filosofía oriental incluida, nadie ha sido capaz de cocinar y vender un "fast food" mental de esas enseñanzas.
Pero hay posibilidades que nos permiten acercarnos a estas versiones de la espiritualidad, aunque tengo para mí que nuestra cultura occidental basada en el consumo desmedido y en la competitividad a ultranza no resulta ambiente propicio para el desarrollo de esas propuestas. Le ocurre al pensamiento "zen" lo que a los espíritus que pueblan las selvas africanas, que al contacto con la "civilización" occidental se disuelven como un azucarillo en una taza de té y si es cierto que el "vídeo mató a la estrella de la radio" no es menos cierto que la materia hace trizas al espíritu con bastante mayor facilidad que al contrario.
Anoche tuve el privilegio de escuchar a Marachi -así creo que se llama- desde el cómodo sofá de mi casa. Me habló de lo maravillosa que es la vida, de la necesaria mirada hacia mi propio interior, de la juventud permanente de mis sentimientos.
Era como el Buda que decía:

"Vosotros mismos debéis ser la llama que os ilumine".

O, en versión de Marachi:

"Dentro de ti está la necesidad de ser feliz, y está también la felicidad. Dentro de ti están las preguntas, y están todas las respuestas".

Fue un toque de atención que quizás me permita encender la llama a que se refería Buda.
Porque es verdad que la oscuridad nos rodea de tal manera que confundimos los objetos y les adjudicamos propiedades que de las que carecen, en tanto que no se nos ocurre encender la lamparita que nos hace vernos, conocernos, sentirnos y amarnos -¿por qué no?- a nosotros mismos, como representantes de una humanidad que se repite maravillosamente en cada una de las personas, que son -somos- un proyecto sagrado para la felicidad.
Supongo que en ese camino y con esos instrumentos resulta fácil deslindar lo importante de lo que no lo es. Y establecer propuestas de acción que de verdad sean útiles: la utilidad de nuestros sentimientos más auténticos y puros -por no contaminados.
Gracias, Margarita, gracias Zampa por crear todos los días ese maravilloso espacio de encuentro.

11 comentarios:

Blanca Oraa dijo...

Soy Margarita.
Me ha encantado tu comentario, tanto sobre el bar de Zampa, que suscribo totalmente como cuando hablas de Prem Rawat (Maharaji es su título honorífico).
Estoy contenta de que hayas prestado atención a lo que para mí es tan importante: el mensaje de Prem Rawat sobre la paz, tan original como certero ("la paz empieza en cada ser humano") en mi opinión es tan tan acertado que nunca la conseguiremos en nuestro pais vasco hasta que no hagamos el intento de probar lo que él propone.
En el foro por la paz del Ayuntamiento de Getxo yo lo propuse con cierta insistencia pero no tuvo eco.
En Gernika,cuando organizaron Bakea Gogoratuz hable con Maria Oianguren, la directora del proyecto y me escuchó con atención pero archivó los materiales que le entregué.
En agosto del 2007, junto con Pizca Riviere, catalana muy vinculada al pais vasco, organizamos dos eventos en Tamarises en donde proyectamos conferencias de Prem Rawat; el éxito de público fue apoteósico. Invitamos a Imanol Landa, alcalde de Getxo y a Marisa Arrue, concejala. No asistieron por motivos de agenda, creo.
Prem Rawat está dando conferencias invitado por gobernantes y mandatarios en muchísimos paises además de la ONU, el parlamento italiano etc. etc.
www.lapazesposible.tv
Personalmente estoy convencida de que la paz mundial solo es posible conseguirla de uno en uno.

Blanca Oraa dijo...

Hay un blog de partidos y no está UPD:http://www.eleccionesvascas.com/

El blog de Fernando Maura dijo...

Hola Blanca, me ha parecido muy interesante lo que decía Prem Rawat -y cómo lo decía-.Yo también creo que la verdadera paz proviene de la serenidad interior, pero me conformaría con el concepto negativo de la paz en nuestro Paìs Vasco -la paz como ausencia de violencia-. Creo que lo demás no va a triunfar, nos pasaría como a los espíritus cuando salen de la selva, que se encuentran perdidos. Sólo la esperanza en ese cruce de culturas que supone la globalización me ayuda a pensar que los comportamientos interiores y el "gnoscere seauton" de los griegos y que toma prestado Prem Rawat -por cierto, creo que es de Aristóteles, no de Sócrates- pueda ser realidad algún día, aunque me temo que no me dará tiempo para verlo. Pasando a un asunto más prosaico te diré que las siglas UPD en Google te servirán para acceder.Un beso.

Mar Seco dijo...

Has perdido la esperanza?

Mar Seco dijo...

Hola Fernando
Estoy extrañada porque no contestas.
Hasta ahora te he visto sumamente correcto respondiendo a la gente que te ponemos comentarios y de pronto...nada.
Estás molesto?

Mar Seco dijo...

www.mariaseco.blogspot.com

El blog de Fernando Maura dijo...

Querida Mar, mil perdones por no haber contestado a tu comentario. Seguramente que se me ha traspapelado porqwue haqsta este momento -tarde del lunes 4 de febrero- no lo había vistol. No, rotundamente. No he perdido la esperanza, lo que pasa es que Margarita me regaló el DVD al que dedicaba el comentario y que he querido por un momento escapar del mundo de la política para sumergirme en el de esa mirada interior que creo todos necesitamos. García Márquez, en su novela "El amor en los tiempos del cólera" descubre a un personaje que andaba permanentemente haciendo las más diversas cosas; otro de sus personajes comentaba al respecto:

El blog de Fernando Maura dijo...

Sigo, Mar, creo que he pulsado una tecla incorrecta. El otro personaje contestaba:
- Será para no pensar.
Y creo que poco más o menos a eso se reduce la vida moderna que llevamos: multiplicamos nuestra actividad para llegar agotados a casa y no tener otra perspectiva que descansar. Y si te pones a pensar habrá siempre quien te considere un poco "raro". Espero que no sea ese tu caso. Un beso.

Mar Seco dijo...

Es muy dificil que yo considere raro a alguien, claro que depende de lo que se entienda por raro.
Si por raro entendemos: persona poco común en su especie, o extraordinaria, pues aún sin haber entablado conversación contigo en persona, te diré que sí, que algo raro ya me pareces.
Un abrazo.

El blog de Fernando Maura dijo...

Mar, la verdad es que había pasado de largo tu último comentario. Gracias otra vez. En este caso por la acepción de "raro" que me adjudicas. Otro abrazo para ti.

Sotavento dijo...

¡Hola!
Suelo ir a la Punta del Morro todos los días, pero hoy y debido al tiempo he decidido pasear por la Avenida Basagoiti y he entrado a tomar un café. Hemos hablado en poco tiempo de muchas cosas. He visto cuadros, hemos recordado viejos tiempos...
Un abrazo.