lunes, 15 de octubre de 2012

Cecilia entre dos mares (3). El poema de Cecilia (III)

Un rumor de comentarios saludó el último verso de la poetisa arequipeña. "No es posible lo que oigo..." protestaba, a unos pocos metros de Iturregui, San José. Algún otro asentía, dibujando una mueca de disgusto en su rostro... La Llosa dirigió una mirada firme hacia los presentes, para proseguir inmediatamente después. "Pero el amor llega, vuelve, nace, tantas veces. Detrás de una sonrisa, En la mano que sujeta una flor, En la voz firme que te envuelve. Viene el amor. Te transporta, te rodea, te hace suya. Porque el amor es el río de la vida, No se sabe cuándo nace, Pero si nace, nunca se va". Cecilia Llosa dejó sus cuartillas sobre el mantel blanco de la engalanada mesa y dirigió una sonrisa hacia la concurrencia. Algunos tímidos aplausos contestaron sus versos, pero eran tan tímidos que no pudieron contener el ruido de los agitados rumores que invadían aquel salón privado del club bilbaino. San José se levantaba de su silla, rezongando: "Porque se trata de una mujer, que si no le diría yo un par de cosas..." "Tiene usted razón -añadía Inchaurtieta, columnista de "Noticias del Norte"- los versos que ha leído esta señorita constituyen un atentado a los principios de la moralidad..." "¿Y a la iglesia, qué es eso de la sotanas y-no-sé-qué-del-polvo-de-la-calle?", decía con disgusto Arrosgoiti, conspicuo tradicionalista.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Cecilia entre dos mares (2). El poema de Cecilia (II)

- Señorita Cecilia Llosa, que es casi embajadora del Perú, y de esa ciudad orgullosa de serlo, que es Arequipa, señores... -La voz de Santiago Urdaneta sonaba clara entre el humo de los cigarros y el entrechocar de las copas de "champagne" procedente de las botellas de "Cliquot" que servían los camareros, uniformados siempre com su característico calzón corto-. Me corresponde el honor, y lo hago con plena satisfacción personal, en mi condición de presidente de la Asociacion de la Prensa de Bilbao, de dar la bienvenida a nuestra Villa a tan importante representante de las letras peruanas e hispanoamericanas. Efectivamente, la señorita Llosa viene a Bilbao precedida por una intensa fama... -Urdaneta se plantó unos lentes redondos que llevaba en el bolsillo exterior de su chaqueta, para mejor leer-. "Premio ciudad de Arequipa 1923; "Premio Mariano Melgar 1925"; ha publicado doce libros de poemas, en los que ha glosado la vida urbana de su ciudad, el ingrato discurrir de las gentes indias que habitan esa Cordillera Occidental, en Coropuna,o en las laderas del Misti o del Pichu Pichu. La señorita Llosa viene de un Perú que dirigef con mano firme, desde hace siete años, el señor Leguía, lo mismo que en España ocurre ahora con don Miguel Primo de Rivera. Pero la embajada de la señorita Llosa no trae un mensaje de política, sino de amistad; no tiene intereses comerciales que defender, sino palabras de amistad, de amor... Por todas esas cosas, por Perú, por España, por Arequipa, por Bilbao, y por la encantadora señorita Llosa, levanto, señores, mi copa. Una gran ovación saludó el brindis del presidente del diario decano de Bilbao. La homenajeada, con una radiante sonrisa, chocaba su copa de "champagne" con las de los señores más próximos a esta. Iturregui, sentado a así diez metros se distancia de ella, apenas podía advertir más que una carita redonda y unas maneras aparentemente muy suaves. Casi nadie dejaba de brindar con la poetisa, y quien más quien menos se acercaba hacia la mesa presidencial. "Verdaderamente, Iturregui, categorizó San José, importante naviero-, tiene unas facciones muy indias, pero es una señora de bandera... ¿No le ha visto usted de cerca?" "Pues todavía no", contestó e aludido. "Pero ya me la presentará Urdaneta". "Señores... -Cecilia Llosa se levantó de su silla, sosteniendo unos papeles entre sus manos-. Quisiera que mis primeras palabras fueran de agradecimiento a todos ustedes por la amabilísima acogida que me han dispensado... -La poetisa hablaba en un tono tan suave, tan bajo, que todos los asistentes debían mantener un profundo silencio para escucharla-. Ha dicho bien su presidente que mi embajada no es política, es solo una embajada de palabras y voces. Y como yo escribo algo mejor que hablo, prefiero decírselo a ustedes con un poema. Fue entonces cuando la Llosa aplicó su interés en las cuartillas de papel que mantenía en su mano, y recitó con una voz muy tranquila, muy pausada: "El amor es el río de la vida, Es la corriente que fluye, El huracán que azota. No se sabe cuándo nace, Pero si nace... No hay quien pueda sus aguas canalizar, O sus vientos, irredentos, calmar. El amor muere, porque todo muere, Muere el amor que tiene nombres, Como mueren las cosas de los hombres. Muere el cariño, derrotado en la rutina... Lo que hoy hacemos, Lo que ayer hicimos, Lo de siempre. Muere el amor que construimos. Pero, para protegerlo, le ponemos murallas papeles, anillos y hasta hijos. Nada vale, entonces, querer levantar La casa que se nos cae De vieja que está. Ni las sotanas que recogen el polvo de la calle, Y nos dicen: "Es ya tarde para otra oportunidad".

lunes, 8 de octubre de 2012

Cecilia entre dos mares (1). El poema de Cecilia (I)

- Hágame el favor, Astondo -dijo Iturregui, mientras le tendía un pedazo de papel sepia repleto de tachaduras y borrones-. Páseme esta carta a limpio, que la firmaré por la tarde. - Muy bien, don Miguel -respondió el escribiente, recogiendo el escrito. Iturregui se dirigió hacia la puerta en la que una placa de latón dorada decía "PRIVADO", detrás de la cual se encontraba su lavabo particular. Introducido en este, después de cerrar y de girar el interruptor de la luz hacia la derecha, se lavó cuidadosamente las manos y destapó el frasco de su habitual colonia habitual, Alvarez Gómez, administrándose una moderada dosis en los escasos pelos que le caían por la frente y en su cuidada barba. Luego, dio un paso hacia atrás para comprobar su aspecto: corbata de seda bien anudada; un magnifico traje gris oscuro de la sastrería inglesa, hecho de paño importado desde Inglaterra; zapatos a la medida, de Villarejo... Todo perfecto. Consultó su reloj: las dos menos cinco minutos. Justo el tiempo para atravesar el puente de la Estación y llegar hasta el edificio de la Sociedad Bilbaina, donde tendría lugar el almuerzo. Era un día lluvioso, de clásico "sirimiri", en aquel otoño de 1926. Así que se protegió con el impermeable, comprado por él en Londres la pasada primavera, se armó de su paraguas y salió a la calle. Santiago Urdaneta, propietario del periódico "Noticias del Norte", había organizado un almuerzo en honor de una tal señorita Llosa, poetisa peruana que estaba de paso por Bilbao, para dar a conocer su obra, varias veces premiada en su país de origen. Iturregui avanzaba pesadamente, pensando en que más le habría valido carecer de este compromiso. Al fin y al cabo, siempre hay gente dispuesta a asistir a los convites, y él tenía una preocupación aún no resuelta: uno de sus socios le apremiaba a que entrara en la constitución de una sociedad eléctrica, y se lo estaba pensando. Tenía todos los papeles sobre la mesa de su despacho y le faltaba tiempo para hacer sus números. "Iturregui. No quisiera que se quedara usted fuera de este proyecto", le insistía Miranda, el duque, "Tome usted pronto su decisión". No, a él no le interesaba mucho el asunto del almuerzo, pero en su condición de principal accionista de "El porvenir de Bilbao" no debía quedar ausente de ese acto.

jueves, 4 de octubre de 2012

Intercambio de solsticios (despedida)

En le día de ayer publiqué la última entrada de mi historia "Intercambio de solsticios". A lo largo de estos "posts" he procurado contar las circunstancias acaecidas a Jorge Brassens a lo largo de tres etapas de su vida: el pasado, el presente y el futuro -que a lo mejor llega si todos nos volvemos definitivamente locos, y vamos por ese camino. Quiero agradecer a todos los que me hayan seguido durante todo -o una parte al menos de- este recorrido por su amabilidad y su cariño. A partir de mañana, si no hay impedimentos de última hora, tengo previsto dar comienzo al relato de una narración que llevará por título "Cecilia entre dos mares" y que cuenta una historia de amor imaginada en el Bilbao del año 1926. Espero que os guste. Un saludo muy cordial.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Intercambio de solsticios (458)

Anoche. Esta mañana Anoche, sin sueño, pensaba en el descuento. Nueve días, en la noche serena de Arrechea. Tumbado en la cama, forrado de pastillas Para auto infligirme un coma definitivo. Una pipa con haschís sobre la mesilla -Junto a una imagen de la Virgen de Roncesvalles Que un día puso Lorsen allí para invocar Su protección-, en la cadena de música La voz ronca de Lepnard Cohen: "Now I great You from the other side, From sorrow and dispair, For the heart with no companion, For the soul without a King". Los fantasmas de ellas dos Haciéndome compañía y el recuerdo De tu nombre en lo imposible De un amor que no supo crear el amor. Hay dos cartas sobre la mesa de mi despacho, Una dirigida a ti, la otra a mi hermano Raúl. En la tuya te pido que no te hagas culpable De mi muerte, me has querido todo lo posible, Aunque no tanto como para que, en adelante Yo formara parte de alguien, de ti. En algún lugar del "hall" de tu casa, Hay un ramo de dos docenas de rosas Rojas con una tarjeta que pone mi nombre, Y en la bandeja que tienes para las cartas Esa carta con mi membrete, manuscrita, En la que te digo que me voy, porque no tengo Referencias y que tú leerás cuando me haya ido Las maletas sin deshacer, a tu regreso. No he sido capaz de renacer de nuevo, Le digo a mi hermano, las alas del Ave Fénix Están demasiado cargadas para volar Y le pesan los impactos de los disparos De muertes, amenazas, soledades... Esta mañana, se hace evidente la razón, Por entre las tenues luces de Madrid En inestable primavera, ¿responsabilidad O miedo a no saber hacer el ridículo? Nadie vuelve de la muerte, dijo alguien. Salvo los suicidas incompetentes, añado. Así que resuelvo añadir hojas a mi calendario, Hasta que regreses de tu viaje transoceánico, O quizás esperar a que pase este verano Y saber si progreso en ti o me disuelvo Lentamente en una amistad sin esperanzas. Para dormir sin dormir en otra ocasión, Poniéndole fecha a mi final, en esa escena Tumbado sobre mi cama de Arrechea. Los fantasmas de ellas dos Haciéndome compañía y el recuerdo De tu nombre, en lo imposible De un amor que no supo crear el amor. Madrid, mayo de 2.008

martes, 2 de octubre de 2012

Intercambio de solsticios (457)

De lo que se trata ahora es saber qué debe hacer España en su futuro inmediato. Y, desde luego, su acción no debería quedar presidida por lo que otros hagan en nuestro favor. "España no puede esperar nada que no haya de venir de ella misma", decía don Antonio Maura en un discurso que pronunciara en el Congreso de los Diputados el pasado siglo. Y nos guste o no, ya se confirmen los pronósticos más catastrofistas o los más benévolos, solo si nos merecemos nosotros mismos el resultado que podamos obtener seremos conscientes de hasta qué punto el éxito o el fracaso ha dependido de nuestros ciudadanos y nuestros gobernantes. España hizo una transición que muchos comentaristas han reputado de modélica. Sin embargo, no toda ella merecería el mismo calificativo. En el debe de nuestra transición se encuentra el célebre Titulo VIII de nuestra Constitución que ha derivado, más de treinta y cinco años después, en una emulación permanente de unas autonomías respecto de otras y la duplicación, triplicación y hasta cuadruplicación de las mismas competencias entre las diferentes administraciones. Algún economista ha considerado que este sobrecoste alcanzaría la cifra de 120.000 millones € todos los años. Es urgente e importante poner fin a esta sangría económica que se sitúa en el origen de todos nuestros males. Una sangría que el partido de gobierno en España podría acometer con sus amplias mayorías en las diversas instituciones de nuestro Pais. Un partido mayoritario que podría pactar con una oposición débil de liderazgo, con alternativas difusas y sin ideas. ¿Cabe sin embargo esperar eso de nuestros políticos? Una grandeza de semejante tono resultaría improbable en la hora presente. El liderazgo en el partido que gobierna no está ni se le espera. Rajoy ha hecho de su presidencia de partido -u de gobierno, por ende- el resultado de una amalgama sin fin de pactos con sus barones territoriales y locales que no le permitiría a la postre la modificación de este montaje abusivo y exagerado. ¡Ni siquiera seria capaz el presidente de desmontar la estructura de las diputaciones provinciales, que solo tendría sentido en una España centralizada como la del régimen anterior! Y el partido de la oposición tampoco tiene otra pretensión en su horizonte inmediato sino la de recuperar algún día el terreno perdido. Y otros partidos, creados o por crear, van recogiendo el relevo de los que parecen haberse decidido por la inacción. Pero ese nuevo mapa político no se proyecta tampoco en el horizonte inmediato unas encuestas más serias nos hablan de un incremento de la abstención más que del refugio de ,os electores en otras siglas. En otros tiempos, quien impulsara la transición, contaba con el prestigio y una cierta reserva de legitimidad -si ien estrechada enormemente por la Constitución- para plantear nuevas iniciativas en el terreno del futuro. Hoy ya ni siquiera parece posible que desde esa alta institución quede reserva pata la actuación. Pero si alguna queda, seria la Corona la que debería implicaras nuevamente en su solución. "¡Por España, todo por España!", exclamó don Juan de Borbón antes de rendir pleitesía a su augusto hijo. Todo por España, en su hora más incierta.

lunes, 1 de octubre de 2012

Intercambio de solsticios (456)

Anoche Anoche tuve la desgracia onírica, En mi desconcertado vagar peripatético, De soñar acerca de la idea verídica Que tienes de este ser en estado crítico. Una mirada compasiva por lo patético, Otra equidistante por lo clásico. No sabes qué decir de mi ser metódico, Y no te convence mi deterioro físico. Admiras, sí, mis productos estilísticos, El vivir de ilusiones -si esa es mi mística-, O la cadencia de mis llamadas hóspitas -A saber si por lo recurrentes, insólitas! Y me puse a soñar un sueño críptico, Plagado de tus gestos ríspidos, Rodeado de tus desprecios míticos, Que bordean tus temblores coléricos. Y me levanto en despertar horrísono, Y me debato en la duda gélida De si te he provocado un dolor íntimo O me ves como un ser fantasmático.. Noches ¡ay! de desgracias oníricas, Precursoras de mañanas límpidas, Porque, por la noche, al teléfono, Dirás algo que me pondrá romántico. Sitges, mayo de 2.008