jueves, 22 de enero de 2026

Los fines y los medios a examen en Venezuela

Publicado en La Voz de Lázaro, el 22 de enero de 2026


Toda vez que van transcurriendo los días, las noticias que se publican respecto de la irregular actuación del presidente Trump en contra del ilegítimo presidente de Venezuela, nos confirman que estamos en presencia de un juego de pares en el que los contrarios, en lugar de oponerse, se complementan. Resulta tan viejo como el adagio según el cual “el fin justifica los medios”. Está mal, pero ha depuesto a un dictador.


Pero ni siquiera eso es cierto, porque si el fin de esa actuación fuera la democracia para el pueblo de Venezuela, la recuperación de sus libertades civiles, la soberanía encarnada -en el plazo que se alcance ésta- en esa mujer valiente que es María Corina Machado, quizás hasta podríamos pasar página. Pero tampoco está ocurriendo así.


Al contrario. Las bambalinas de la irregular acción de Trump -que ningún tribunal internacional osará sentenciar- remiten a un pacto entre delincuentes que pretenden, uno el exclusivo negocio a cualquier precio, los otros mantener a salvo su piel y… también sus oscuras y lucrativas empresas montadas sobre el expolio de sus compatriotas.


Y el punto de partida, vale decir, la legitimidad de la victoria de Trump y la ilegitimidad del montaje mafioso del régimen chavista-madurista, no hace bueno a éste ni deja de contaminar a aquél. El pacto les iguala, porque tratar con delincuentes confesos siempre te convierte en un ser parecido a ellos, te obliga a entrar en su juego, a marcar tú también tus propias cartas, te exige desplegar tu propio abanico de trampas.


Unos -los venezolanos usurpadores de la soberanía nacional- despreciaron al estado de derecho porque les obstaculizaba sus objetivos de mantenerse en el poder y proceder al saqueo de las riquezas de su país, el otro -el todopoderoso presidente americano- porque le obstaculizaba su control total de las decisiones y esa torpe confusión entre los intereses personales, los políticos y los sociales. En sus respectivos viajes hacia su encumbramiento les sobran a ambos el parlamento, los jueces, los medios libres de comunicación, las elecciones competitivas…


Es posible que algún historiador, o periodista dotado de las fuentes adecuadas, nos refiera en algún momento el contenido de las conversaciones preliminares habidas entre Trump y Maduro. Esto es, hasta qué punto la oferta que le hizo al decreciente mandatario venezolano el hombre más poderoso del mundo era equivalente a la que haría, más o menos al mismo tiempo, a los oscuros Delcy y Diosdado. Todo resulta posible. Y hasta no parece aventurado pensar que el otrora conductor de autobuses no aceptara esa salida porque pensaba que su guarda de corps, empezando por la pareja Rodríguez-Cabello, exigirían más seguridades al jefe en cuanto al mantenimiento de su integridad personal.


No es la primera vez en la historia de la humanidad en la que los responsables secundarios -¿principales?- de un régimen se desembarazan de su presidente para ofrecerse una salida sin perder en ello excesivos pelos pegados a esa gatera. La abrupta caída de los Estados del bloque soviético es buena prueba de ello. Ahí está el caso de Ceaucescu en Rumanía, el de Enver Hoxha en Albania, y más hacia nuestro sur africano, el del Imperio Centroafricano de Bokassa.


Cuando un líder molesta, quien lo puso -o le soporta- le quita. Pero lo que no existen -creo yo- son precedentes de una actuación como la que hemos podido observar en este caso, la reconversión de una dirigencia que ha esquilmado a todo un país en servidores de los intereses de otro, y ello haciendo uso y ostentación de las mismas proclamas (pseudo) revolucionarias. Por supuesto que todo nos recuerda bastante a la utilización por los servicios secretos germano-orientales de los elementos nazis encargados del control y la eliminación de los disidentes contrarios a Hitler. Y es que conocían el oficio. ¿Qué más da que se pongan el uniforme de la Stasi o el de las SS?


Pero la pregunta sigue en pie sin que nadie por ahora pueda avanzar una respuesta: ¿está ahora más cerca la recuperación de la democracia en Venezuela que antes de la operación del palacio de Miraflores? Forzoso será decir que no está más lejos. Pero quizás habría que leer más en las ideas del secretario de estado, Marco Rubio, que en las autocomplacientes e histriónicas de su presidente. Para el primero, el reto consiste en acabar con los restos del castrismo en Cuba. Y para eso resulta imprescindible cortar el nudo gordiano que le une con Venezuela.


Ni un barril de petróleo para Cuba, diría Rubio con el puño cerrado, y una oferta de transición pacífica, abierta la otra mano. Y quizás en ese punto coincidan las aspiraciones de libertad de unos y otros. Una libertad, eso sí, tutelada por los Estados Unidos y plagada de crudo venezolano y resorts en la isla cubana presididos por banderitas de las barras y las estrellas.


Harían bien María Corina y mis amigos venezolanos en dudar acerca de los objetivos del presidente americano, y mejor en implicar a las gentes en una ocupación pacífica masiva de las calles y las plazas de sus ciudades. Una vez más, ese gran pueblo debe inundar el espacio público y demandar a los viejos dirigentes del régimen y, ahora, a los que dicen ser los nuevos responsables del mando, que éste no es un juego financiero de producción y compraventa de petróleo, que por encima de todo negocio está la dignidad de una ciudadanía y la posibilidad de que esta decida su futuro en libertad.





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