miércoles, 24 de septiembre de 2008

Era una mañana cualquiera del principio de este septiembre en cualquier plaza de Madrid donde alguna de las paradas acoge a los centenares -¿milares?- de autobuses que recorren a diario el asfalto de la ciudad.
Un Mercedes de gran tamaño -no sabría muy bien precisar su clase- de indefinible color oscuro, sucio, se detiene 4 ó 5 metros por delante de la parada. De él sale una chica de unos cuarentaitantos -desde la altura de mis 53 podría decir seguramente que se trata de una chica joven, pero ya sé por experiencia que la vejez y la juventud constituyen categorías relativas: mejor o peor llevados, son los años los que se introducen en la más incontrovertible realidad-. La chica viste deportivamente: pantalones vaqueros, chaleco rojo y blusa de color azulón. Da un severo e inequívoco portazo y se hunde en el estanco vecino.
No repuesto aún de la escena veo cómo se acerca mi autobús. Es la primera parada así que el conductor espera aún 2 ó 3 minutos antes de emprender su marcha. La chica de los pantalones vaqueros y el chaleco rojo entra en el vehículo. Me dedica una mirada larga y yo me hago a la idea de que ella se ha dado cuenta de lo que yo he percibido unos minutos antes.
La chica vuelve a hundirse, esta vez en las profundidades del autobús que recorre las soleadas calles de Madrid, en este final del verano. Y yo imagino la conclusión deuna historia de amor que termina en el desamor de la dignidad. Ella ya no acepta que él la acerque a su lugar de trabajo y le da su expresivo adiós, cerrando con toda la violencia de que es capaz la puerta del coche. En ese golpe se condensan todas las renuncias a que su vida de pareja la han llevado, las amarguras de los silencios provocados para no formular la inevitable pregunta de "¿por qué?", las interminables noches en que se cuestionaba lo que hacís ella durmiendo con ese tipo del Mercedes ostentoso -una especie de "quiero y no puedo" al otro lado de la cama. Y ella prefiere su dignidad del transporte público, después de comprar su bonobús en el estanco, antes de compartir el flamante asiento delantero del coche que él conduce.
Queda aún por llegar el momento más difícil: el del desenlace final, cuando ella o él tengan que hacer las maletas para abandonar el domicilio conyugal. Ese momento en que uno suspende la camisa que iba a colocar en su equipaje de regreso a no-se-sabe-dónde y observa con una mirada interrogante a su pareja para interrogarle en silencio si todo eso tiene de verdad sentido, si no es posible ya una reconciliación. Para contestarse después que sólo abrirían un paréntesis hasta la ruptura siguiente, que -seguro- será ya la definitiva. Pero las dudas persisten en una vida que casi nunca te devuelve las cosas en la forma de certezas.
Y la chica se detiene en su parada, ausente en sus pensamientos, dolida en su sufrimiento, atrapada por su desamor.

7 comentarios:

FÍGARO dijo...

Eres un puñetero. Ahora que me había enganchado a la historia, no puedes dejarla así. ¿Se separa definitivamente? ¿Logra rehacer su vida? ¿Recupera la fe en la amistad, el amor, o por el contrario se regocija en su creciente amargura y se promete no volver jamás a emparejarse? ¿Sufre solo por el amor perdido, o también por el orgullo herido? ¿Trata de cerrar un paréntesis de su vida con dignidad, o se pone en evidencia buscando la manera de hacerle la vida imposible a su ex? ¿Se dará a la bebida? ¿Buscará otro amor desesperada, recorriendo las noches de Madrid como una cazadora furtiva?

Si te la vuelves a encontrar Fernando, pregúntaselo. Y pídele el teléfono para que periódicamente te pongas - y nos pongas - al día, contándonos detalles de su descenso a los infiernos, o bien de la progresiva recuperación de sí misma desde el fondo de su soledad.

Así se lo deseo. Porque el tiempo pasa inexorablemente para todos. Pero a nosotros nos toca elegir entre madurar, o simplemente envejecer.

UNAMUNO dijo...

El punto neurálgico y la solución al impasse de la historia esta en el estanco, en donde ella compra tabaco y sellos (propongo yo). Tabaco para aplacar la ansiedad creada por la situación del desenlace final y sellos para el punto y seguido de la historia. Hoy en día solo los románticos siguen usando las cartas de puño y letra, y ella acostumbrada en sus tiempos mozos a cartearse con amistades y familiares, decide romper una relación abriendo la puerta a otra nueva, enviando una carta de reencuentro a un amor de juventud.

Entiendo que mi argumentación es débil, pero sirve de propuesta para continuar o proponer posteriores desenlaces.

A Fígaro y a Vd., Chapeau!!!.

Paz en la guerra

Antonio Valcárcel dijo...

Estimado Fernando:

La mirada prospectiva que escudriña en las entrañas/sentimientos del otro o de los otros es una forma de prospección que han utilizado y se utiliza en el psicoanálisis.
En una ocasión y hablando a cerca de Zubiri, el filósofo atormentado, por sus continuas tempestades sinápticas que llegó a conclusiones casi exactas, sino fuera por la matemática. Hubiese llegado a ser un buen psiquiatra, sin embargo, el psiquiatra sería muy difícil que fuese filósofo. Zubiri nos dejó una frase que yo utilizo en los membretes de mi asociación, a saber: " El hombre no es solo actor de su vida, sino también autor, y al vivirla trasciende, y esta trascendencia en la que se haya alterada en el psicótico"
Has puesto en escena literaria espejos que quedaron en tu retina y que ahora rezuma en tu pluma de escritor a cuyo derrotero imaginario, del buen escritor, la llevará a la protagonista por los caminos de su propio derrotero: “entre la nostalgia del tiempo pasado y la equidistancia del personaje de tu relato, la mujer del mercedes descuidado, de brillos que reflejaban la ostentosidad económica frente a tu vista se desploman al igual que los amores basado o edificados sobre cimientos de conveniencia.
¿Cuantos amores no aguantaron las contrariedades de la vida, llegando a flagelarse en una convivencia que estaba testada desde el altar o el juzgado; al portazo en el mercedes?

blanca dijo...

NO SON PAREJA. ESTA CLARÍSIMO.
EL, ESTA CASADO,ELLA SALE ESPO-
RAADICAMENTE CON EL, PORQUE LA
LLEVA A COMER Y A CENAR ALGUNOS
DIAS A LUGARES QUE ELLA NO SE
PUEDE PERMITIR.LE DESLUMBRA EL
COCHE.LE HARA ALGUN REGALITO,
RELOJ,etc..SI FUERAN PAREJA,ELLA
NO SACARIA EL BONOBUS,COGERIA UN
TAXI.SI VENIS POR MI BARRIO EN
CHAMARTIN,MADRID,LO TENDRIAIS
CLARO.UN ABRAZO MIO Y DE MI PERRA
BERTA,PARA TODOS. VOY A TENER QUE
IR CONTIGO FERNANDO A LAS PARADAS
DE AUTOBUS. BLANCA.

Directivo Pyme dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Directivo Pyme dijo...

Blanca ha acertado de pleno!!!

La escena son los juegos habituales para despistar.
El portazo sólo fruto de las prisas o de un último beso mal dado...

Aún así contado tan majestuosamente para enganchar a figaro a la historia...

Blanca, las mujeres tenéis ese sentido de ver las cosas más pragmáticamente

Yo sinceramente al comenzar el relato pensé en el tema de los “cuernillos”, que no deja de ser otro tipo de historia de amor

Saludos

Blanca Oraa dijo...

me gusta tu faceta de escritor o sea que te he vuelto a poner en mi lista de blogs.