viernes, 10 de noviembre de 2023

Alejo

Escribo estas letras desde la conmoción que siento después de conocer el atentado que ha sufrido Alejo Vidal-Quadras. Es lo único que sé hacer. Otros podrán protestar, gritar, incluso llorar. Todas las respuestas son posibles, todas son además imprescindibles a condición de que respeten la libre expresión pacífica de las ideas. “El pensamiento no delinque”, decía don Antonio Maura; el delito está en los que actúan en contra del Derecho. Y la única arma que está en mi mano es la palabra, y a ella me acojo.


Un gesto instintivo, un movimiento de cabeza, le ha salvado la vida. Y lo primero que quiero expresar son mis deseos por una pronta y total recuperación de Alejo. Su testimonio existencial, su lucidez, su sabiduría irónica nos son más necesarias ahora que nunca. No hay, por desgracia, mucha gente como Alejo en esta España que se interna en territorios de peligro, en unas arenas movedizas que amenazan con tragarnos a todos mientras que algunos aseguran que los españoles sólo nos preocupamos por la inflación, los servicios sociales o la educación de nuestros hijos. Pero no es así tampoco, hay ya mucha España que está clamando por revertir este estado de cosas.


Porque lo que está quebrando entre nosotros no es la Seguridad Social, la eficacia de la Administración pública, la utilización del agua en momentos de sequía… que también, con ser estos y otros problemas de importancia, en España está en grave peligro la convivencia, lo está el estado de derecho que la garantiza, lo está la separación de poderes, la democracia de la que ésta es expresión, y la libertad que es el manto que acoge todos los principios, valores e instituciones que separan la civilización de la tribu.


Por lo que parece, Alejo ha declarado que los autores del atentado podrían encontrarse conectados con el régimen de los ayatolás iraníes. No sería la primera víctima de la persecución intolerante de ese sistema teocrático. Sin necesidad de ir más lejos, recuerdo que en el verano de 2018, en la asamblea anual que la resistencia iraní organiza en las afueras de Paris, unos sicarios pusieron una bomba de gran potencia que no llegó a explosionar. Yo estaba allí entonces; pero había otros representantes públicos españoles también, y franceses y senadores de los Estados Unidos…


El atentado contra Alejo me acerca además al recuerdo de los tiempos más duros que viví en aquel País Vasco en el que la disidencia política la ventilaban los asesinos a tiros y bombas adosadas en los bajos de los coches; donde la polarización social se manifestaba en los bandos de quienes luchábamos por ser libres y por defender la libertad de todos y los que miraban hacia otro lado, “recogiendo las nueces”, intentando imponer su modelo insolidario en medio de los muertos, los heridos y los chantajeados por el terrorismo. 


Me recuerda Alejo a Gregorio Ordóñez. Hago memoria de los dos por su valentía, por la claridad de sus ideas, por su dignidad ciudadana. Hombres situados en la encrucijada que escucharon las sabias palabras de Dante, cuando declaraba que el lugar más horrible del infierno quedaba reservado a los que en tiempos de grave crisis moral mantienen la neutralidad.


Existe una delgada frontera entre la convivencia y su cancelación, y se encuentra en la voluntad de los responsables políticos, de las élites sociales y económicas, del común de las gentes, cuando unos u otros deciden que las normas que rigen nuestro normal modo de vida no les son aplicables, cuando la ley de la selva subvierte el estado de derecho.


Me gustaría que todos los que -propios y extraños- nos están conduciendo a lomos de caballos encabritados y enloquecidos decidan parar y reflexionar, que se tiendan puentes hacia la comprensión del contrario, despejando de la ecuación de este juego el de la suma cero en el que lo que pierde uno lo gana el otro, que es la mejor manera de que perdamos todos. Me gustaría, pero no veo que exista mucha voluntad de sujetar las riendas y frenar la deriva hacia el desastre.


Y me gustaría para terminar -lo último, pero no lo menos importante en absoluto- que los autores de este bárbaro atentado sean descubiertos y puestos a disposición de la justicia y que sus motivaciones y los objetivos de su crimen puedan ser conocidos más pronto que tarde, que quienes pudieran encontrarse detrás de esa actuación cobarde sean también identificados y afronten sus responsabilidades penales. Que esa sábana de silencio que ha tapado tantos hechos gravísimos a lo largo de nuestra historia no se cierna también sobre este hecho.


Por mi parte sólo me queda decir que seguiré luchando desde la palabra por la libertad de todos nosotros, como lo he hecho siempre a lo largo de mi vida, como lo ha hecho Alejo, y estoy seguro de que lo continuará haciendo.


Desde esta tribuna… ¡mucho ánimo, amigo!






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