¿Se acuerdan ustedes de aquella frase que los antiguos opositores de la dictadura franquista pronunciaban en los primeros tiempos de la democracia? Decían eso de “contra Franco se vivía mejor”. Se trata de una de esas paradojas que de modo incesante nos depara la realidad, siempre compleja y dotada de cortates aristas. Y es que las tonalidades no existen en las dictaduras: todo es blanco o es negro, estamos en contra o a favor, nos alineamos con los demócratas o lo hacemos con los dictadores; en ese mundo de los totalitarismos no caben las posiciones ambiguas.
Cosa diferete es la democracia. La pluralidad de ideas se concreta en la mayoría de las ocasiones en una multiuplicidad de intereses, coincidentes o contradictorios. Todo es simplemente lógico y hasta positivo: la expresión de la diferencia consiste precisamente en esa multiplicidad de posibilidades. Lo que no resulta admisible es el juego espurio de esos intereses.
Cuando los presos de conciencia cubanos llegaban a España lo hacían importando de su país esa imagen en negro de la dictadura que geográficamente abandonaban, pensando que sería blanca la democracia donde iba a transcurrir el tiempo de su estancia entre nosotros.
Quizás por eso, el pasado viernes 23 de julio, cuando una representación de UPyD visitaba a los exiliados cubanos en su albergue de Vallecas, observaron que junto a los compañeros liberados por el régimen castrista había una representación del Partido Popular, encabezada oficialmete por el diputado nacional de esa organización, Teófilo de Luis, y nutrida de alguna otra persona más que afin al principal partido de la oposición –en cuanto a número de efectivos, se entiende.
Los cubanos expresaron a nuestros militantes su voluntad de que se organizara un viaje a las instituciones europeas conjuntamente entre nuestro partido y el PP. A decir de los representantes de Unión, Progreso y Democracia, Teófilo de Luis afirmaría en esa ocasión que ya había hablado con Jaime Mayor y Antonio López Istúriz –diputados del PP en el Parlamento Europeo- y que estaban conformes con la idea.
Ua idea que –“copyright” reclamado ahora- habái surgido de la reunión que el martes inmediatamente aterior -20 de julio- habíamos propuesto a Normando y Julio César –ambos presos cubanos- en la reunión que con Rosa Díez mantuvimos en la sede de Cedaceros.
No dejaba de constituir una propuesta ingenua. Ingenua, aunque comprensible. Los cubanos pensaban que todo el mundo juega limpio y al exclusivo servicio de sus intereses. Por nuestra parte se aceptaba el planteamiento y se daba vía libre a una acción coordinada entre los dos partidos.
Confieso que la idea no me agradó demasiado en un principio. Conociendo el “percal” de mis antiguos compañeros de partido, tenía la sensación de encontrarme ante una especie de “abrazo del oso”. Ya se sabe, esos que te quieren muchísimo, pero que te cortan la respiración.
De modo que me correspondía a mí jugar la siguiente carta: hablar con Teófilo de Luis con el objeto de continuar con la organización del viaje. Así lo hice, y el lunes 26 marqué el número de su teléfono móvil.
Debo decir que la conversación resultó un tanto sorprendente. En contra de lo afirmado el viernes anterior, De Luis me manifestaba que “todavía tenía que hablar con Jaime Mayor y Antonio López Istúriz”. Y cuando le dije que nos deberíamos ver en el curso de la semana, el diputado popular declaraba:
- En realidad, no creo que tengamos mucho que hablar.
-
Resultaba un tanto extraordinaria esa posición. Si se trataba de coordinar un viaje, deberíamos ponernos de acuerdo en lo relativo a unos cuantos aspectos operativos: número de presos, familiares y disidentes que tendría cada una de las delegaciones; gestiones a realizar en las instituciones europeas y los encargados de formalizarlas o la gestión de billetes y hoteles. Parecía inevitable ese encuentro, pero Teófilo de Luis por lo visto no era de esa opinión.
Empezaba a pensar que la cosa se estaba torciendo –o mejor dicho, que la estaban torciendo desde el PP-. Mi llamada del martes siguiente -27- al mismo Teófilo de Luis confirmaba mis impresiones.
El diputado popular me comunicaba que había hablado ya con Ignacio Salafranca –otro miembro del PP en el Parlamento Europeo- y que este le había dicho que el viaje estaba ya totalmente organizado por ellos y que no tenía ya cabida nuestra organización. En resumen –y por supuesto en palabras mías-, que nos robaban la idea y nos echaban de su ejecución, todo en 72 horas laborables. ¡Vale para el libro Guinnes de los récords del espureismo político!
- Tomo nota –le dije secamete a Teófilo de Luis en aquella segunda y no menos sorprendente que la primera comunicación.
De Luis se justificaría: dijo no tener responsabilidad personal alguna en la cuestión y echaría balones fuera endosándoselos a los eurodiputados.
El miércoles 28 me puse en contacto con Normando para decirle que, a pesar de la mala jugada de los populares, UPyD congtinuaba con la idea de habilitar un viaje al Parlamento Europeo con los presos cubanos. El exiliado estaba más que confundido:
- Creía que estábais coordinados el PP y vosotros… -me confesaría.
¡Habia pasado –me consta- prácticamente todo ese día con Teófilo de Luis y este no le había dicho nada!
Esta es la historia. Pongan ustedes los calificativos que consideren oportunos.
Para terminar sólo quiero decir dos cosas que en realidad constituyen las dos caras de una misma moneda: la primera, que la buena voluntad se salda en ocasiones con su secuestro y la segunda, que la causa de las libertades cubanas pertenece a todos los demócratas, a los demócratas cubanos, en primer lugar, y al resto de los demócratas –españoles incluidos- después: UPyD no es desde luego el único, pero tampoco son únicos otros.
jueves, 29 de julio de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
Intercambio de solsticios (70)
Bilbao, 27 de diciembre de 2002.
Querida Lorsen:
Mi carta de hoy también tiene por fuerza que detenerse ante los hechos de la jornada. Era el día de la votación definitiva de los presupuestos y hemos perdido: los nacionalistas nos han tendido una trampa y hemos caído en ella como unos gilipollas. Lo malo ha sido que Jaime Mayor –ya sabes que no es persona excesivamente puntual- ha llegado tarde y la votación la han ganado por un solo voto. Para colmo, Carmelo Barrio se ha equivocado en las últimas votaciones y ha pulsado la tecla verde junto con los nacionalistas.
Creo que los batasunos pretendían jugar con las instituciones, como resulta habitual en ellos, y la prueba es que Arnaldo Otegui no estaba presente: como si pretendieran jugar al empate, para provocar una segunda votación y luego la devolución definitiva de los presupuestos... o lo que fuera.
El caso es que Jaime Mayor estaba profundamente abatido. Sentado en el sillón del portavoz, el abrigo puesto, y diciendo que quería dimitir de Presidente del Grupo Parlamentario –al menos.
Todos los presentes –algunos más que otros, como siempre- le hemos pedido que no lo haga, pero Jaime es más terco que una mula y sólo ha dado su brazo a torcer después de hablar con Aznar.
Al final –es curioso- ha hecho lo que le yo mismo le proponía: pedir disculpas a la gente del partido, a los votantes; poner de manifiesto el ardid urdido por los nacionalistas, pero asumir su responsabilidad con toda la naturalidad del mundo.
No me encuentro demasiado bien. La tensión se me ha ido por el estómago –y eso que he hecho una comida bastante ligera-. Espero que se me pase pronto.
Pero estamos a dos de diciembre, fecha en la que se producía tu misa de salida.
Esa mañana recibí una llamada significativa: la del lehendakari, Al principio estaba el hombre un tanto nervioso. Seguramente pensaba que le iba a contestar con algún exabrupto, pero tú sabes que no es correcto responder de esa manera a las llamadas de pésame. Sin embargo aproveché para lanzarle una pequeña andanada. Le dije que no lo estabas pasando muy bien, y le recordé la conversación que tuviste con él la mañana en la que atentaron contra Eduardo Madina –el chico aquel de Juventudes Socialistas, que precisamente ahora acaba de ser elegido Secretario General de esa organización en el País Vasco-. Cómo le decías que te habían echado de casa, que te habían llamado 17 (?) veces amenazándote, todo eso... Y él me contestó:
- ¡Cómo me acuerdo de esa conversación.!
Y cuando me dijo que me animara le conté que ya lo estaba: que precisamente trabajaba en ese momento en las enmiendas para los Presupuestos, esos mismos que acaban de sacar adelante ellos, entre su astucia y nuestra estulticia. No creo que le gustara demasiado, pero así son las cosas.
El día transcurrió con cierta tranquilidad, y para las siete menos cuarto estaba en Las Mercedes. Quise presentar a Jaime Larrínaga al párroco, pero ya estaban dándose la mano. La verdad es que el titular de la iglesia no puso inconveniente alguno a que Jaime dijera alguna cosa.
Antes de la misma me dieron un abrazo Lucía de la Peña y Alfonso Pérez-Maura. Estuvieron encantadores. El día había resultado infernal y la verdad es que habían hecho un esfuerzo enorme por venir a decirte adiós. También estaba María Landecho: dice que está bastante bien, aunque yo la encontré bastante hinchada de cara.
Concelebró Jaime con ese cura que habla como arrojando salivazos. No recuerdo nunca su nombre, pero le tengo visto desde que de pequeños íbamos a la Divina Pastora a misa, los domingos de verano.
Jaime es un tío muy majo. Habló después del evangelio. Dijo que tú ya estabas en la Navidad y alabó tu valentía y tu fe en las cosas, a pesar de todos los problemas que habías tenido a lo largo de tu vida. Antes de consagrar también te dedicó unas palabras.
Luego me dijo que iría a verle a Eugenia, y que le recogería a tu padre para hacer juntos las visita.
Después de la misa fui a casa de tu padre. Ahí estaban también Antonio Barandiarán –muy afectado-, Julio Prado y Cristina Artiach, Kelly Earle e Ignacio Cervera, y no sé si alguien más.
No me acuerdo muy bien si fue esa noche –creo que sí- cuando cené con Enrique, Patricia y las dos niñas –más bien, señoritas- que habían venido desde Madrid. Ya sabes que Christian les dijo a sus padres que no era capaz de enfrentarse a mí en esas circunstancias, que no tenía fuerza ni valor suficientes.
Resultó una cena muy agradable y familiar. Cuando se fueron las niñas hablamos de todo lo que te había ocurrido y yo les dije que me parecía que la única familia Von Loresen que me quedaba era la suya: tu padre está ya muy mayor, y apenas me quedaba conversación con él; tu hermano Willy vive bastante lejos y que Gaby estaba bastante mal.
Enrique me invitó a la casa que tienen en el sur para esta semana santa, y le prometí que iría. No se lo creyó.
- Lo que pasa es que no me conoces bien –contesté.
También le pedí que me llamara cuando estuviera en Bilbao. Me lo prometió y, por el momento, ha cumplido.
Creo que se quedaron contentos con la cena, por la franqueza con la que les hablé y por la amistad y el afecto que había detrás de mis palabras. Sinceramente pienso que también los había en ellos.
El tiempo dirá cómo siguen las cosas entre nosotros. Pero yo haré todo lo posible por mantener esa relación.
Quizás mañana siga la narración de los acontecimientos. Se ha muerto Paco Duro –el que estaba en el Partido Liberal y su hija Virginia entró en la Junta Local de Getxo porque yo se lo pedí a Marisa-. Espero que la tarde me permita algún respiro para seguir con mi correspondencia.
Como siempre un beso muy grande.
Querida Lorsen:
Mi carta de hoy también tiene por fuerza que detenerse ante los hechos de la jornada. Era el día de la votación definitiva de los presupuestos y hemos perdido: los nacionalistas nos han tendido una trampa y hemos caído en ella como unos gilipollas. Lo malo ha sido que Jaime Mayor –ya sabes que no es persona excesivamente puntual- ha llegado tarde y la votación la han ganado por un solo voto. Para colmo, Carmelo Barrio se ha equivocado en las últimas votaciones y ha pulsado la tecla verde junto con los nacionalistas.
Creo que los batasunos pretendían jugar con las instituciones, como resulta habitual en ellos, y la prueba es que Arnaldo Otegui no estaba presente: como si pretendieran jugar al empate, para provocar una segunda votación y luego la devolución definitiva de los presupuestos... o lo que fuera.
El caso es que Jaime Mayor estaba profundamente abatido. Sentado en el sillón del portavoz, el abrigo puesto, y diciendo que quería dimitir de Presidente del Grupo Parlamentario –al menos.
Todos los presentes –algunos más que otros, como siempre- le hemos pedido que no lo haga, pero Jaime es más terco que una mula y sólo ha dado su brazo a torcer después de hablar con Aznar.
Al final –es curioso- ha hecho lo que le yo mismo le proponía: pedir disculpas a la gente del partido, a los votantes; poner de manifiesto el ardid urdido por los nacionalistas, pero asumir su responsabilidad con toda la naturalidad del mundo.
No me encuentro demasiado bien. La tensión se me ha ido por el estómago –y eso que he hecho una comida bastante ligera-. Espero que se me pase pronto.
Pero estamos a dos de diciembre, fecha en la que se producía tu misa de salida.
Esa mañana recibí una llamada significativa: la del lehendakari, Al principio estaba el hombre un tanto nervioso. Seguramente pensaba que le iba a contestar con algún exabrupto, pero tú sabes que no es correcto responder de esa manera a las llamadas de pésame. Sin embargo aproveché para lanzarle una pequeña andanada. Le dije que no lo estabas pasando muy bien, y le recordé la conversación que tuviste con él la mañana en la que atentaron contra Eduardo Madina –el chico aquel de Juventudes Socialistas, que precisamente ahora acaba de ser elegido Secretario General de esa organización en el País Vasco-. Cómo le decías que te habían echado de casa, que te habían llamado 17 (?) veces amenazándote, todo eso... Y él me contestó:
- ¡Cómo me acuerdo de esa conversación.!
Y cuando me dijo que me animara le conté que ya lo estaba: que precisamente trabajaba en ese momento en las enmiendas para los Presupuestos, esos mismos que acaban de sacar adelante ellos, entre su astucia y nuestra estulticia. No creo que le gustara demasiado, pero así son las cosas.
El día transcurrió con cierta tranquilidad, y para las siete menos cuarto estaba en Las Mercedes. Quise presentar a Jaime Larrínaga al párroco, pero ya estaban dándose la mano. La verdad es que el titular de la iglesia no puso inconveniente alguno a que Jaime dijera alguna cosa.
Antes de la misma me dieron un abrazo Lucía de la Peña y Alfonso Pérez-Maura. Estuvieron encantadores. El día había resultado infernal y la verdad es que habían hecho un esfuerzo enorme por venir a decirte adiós. También estaba María Landecho: dice que está bastante bien, aunque yo la encontré bastante hinchada de cara.
Concelebró Jaime con ese cura que habla como arrojando salivazos. No recuerdo nunca su nombre, pero le tengo visto desde que de pequeños íbamos a la Divina Pastora a misa, los domingos de verano.
Jaime es un tío muy majo. Habló después del evangelio. Dijo que tú ya estabas en la Navidad y alabó tu valentía y tu fe en las cosas, a pesar de todos los problemas que habías tenido a lo largo de tu vida. Antes de consagrar también te dedicó unas palabras.
Luego me dijo que iría a verle a Eugenia, y que le recogería a tu padre para hacer juntos las visita.
Después de la misa fui a casa de tu padre. Ahí estaban también Antonio Barandiarán –muy afectado-, Julio Prado y Cristina Artiach, Kelly Earle e Ignacio Cervera, y no sé si alguien más.
No me acuerdo muy bien si fue esa noche –creo que sí- cuando cené con Enrique, Patricia y las dos niñas –más bien, señoritas- que habían venido desde Madrid. Ya sabes que Christian les dijo a sus padres que no era capaz de enfrentarse a mí en esas circunstancias, que no tenía fuerza ni valor suficientes.
Resultó una cena muy agradable y familiar. Cuando se fueron las niñas hablamos de todo lo que te había ocurrido y yo les dije que me parecía que la única familia Von Loresen que me quedaba era la suya: tu padre está ya muy mayor, y apenas me quedaba conversación con él; tu hermano Willy vive bastante lejos y que Gaby estaba bastante mal.
Enrique me invitó a la casa que tienen en el sur para esta semana santa, y le prometí que iría. No se lo creyó.
- Lo que pasa es que no me conoces bien –contesté.
También le pedí que me llamara cuando estuviera en Bilbao. Me lo prometió y, por el momento, ha cumplido.
Creo que se quedaron contentos con la cena, por la franqueza con la que les hablé y por la amistad y el afecto que había detrás de mis palabras. Sinceramente pienso que también los había en ellos.
El tiempo dirá cómo siguen las cosas entre nosotros. Pero yo haré todo lo posible por mantener esa relación.
Quizás mañana siga la narración de los acontecimientos. Se ha muerto Paco Duro –el que estaba en el Partido Liberal y su hija Virginia entró en la Junta Local de Getxo porque yo se lo pedí a Marisa-. Espero que la tarde me permita algún respiro para seguir con mi correspondencia.
Como siempre un beso muy grande.
lunes, 26 de julio de 2010
Intercambio de solsticios (69)
n el momento en que Adelfa hacía su entrada, Juanito se sentaba en el lugar que ocupaba habitualmente durante los Consejos de Gobierno locales. Había una suerte de racismo encubierto en aquel chino con los negros, aunque la presencia de la ciudadana de origen gabonés resultaba poco menos que extraordinaria en aquellos lugares y en esos tiempos. Y no por su color precisamente: Adelfa era una negra estilizada; de grandes ojos achocolatados; una boca con labios muy grandes y pronunciados que se dirían ventosas, capaces de aplicar un sello imborrable desde el mismo momento en que se fijaban a cualquier objeto o cuerpo; tenía el pelo rizado y la cara alargada; escultural la facha, con una elegancia de movimientos y palabras que se dirían propios de la consolidación de muchas generaciones de señorío y cuidados ajenos.
Era extraordinario que Adelfa no fuera sino una niña-bruja; procedente de un poblado de mala muerte; a la que raptaban, violaban y estaban a punto de matar. Una niña que acababa en un lupanar cercano a esa calle Montera donde las chicas se ofrecían a cambio de un billetes hasta poco antes de finales de 2.012, porque hoy en día la prostitución reinaba a la luz del día en no importaba en qué lugar y no hacía ya distingo de clases sociales.
Vestía Adelfa una túnica ceñida a lo largo del cuerpo que acentuaba sus espléndidas formas y el brillo que desprendían sus ojos al advertir la bobalicona mirada de los hombres revelaba la calculada indiferencia que sentía aquella mujer respecto del sexo, una vez concluidos los tiempos en que ese era su único modo de vida.
¿Lo seguiría siendo ahora? Es cierto que los cargos locales eran, por definición, gratuitos y que sólo algunos complacientes miramientos de sus titulares con las mafias que se adueñaban de cuantos espacios les eran plausibles –que lo eran casi todos, aún los controlados por el propio Consejo Local en muchas ocasiones- permitían a las personas, en principio justas y honestas, obtener recursos con los que dedicarse a la cosa pública.
¿Era eso inmoral? ¿lo era prostituirse para vivir o prevalerse de su posición oficial como hacía el chino Huang para obtener mejor precio o clientela para sus productos o negociar en el mercado negro con mercancías obtenidas en otros distritos de la vieja Madrid y transportados por valija diplomática –como hacía Jorge Brassens? La moralidad había caído en el fondo más profundo del lodazal de las diferentes basuras. Y si María Magdalena había superado la prueba más de 2.000 años antes, los fariseos de ayer y hoy continuaban soportando las acusaciones más certeras. En todo caso, nadie podía saber nada a ciencia cierta, nadie podía arrojar la primera piedra y nadie lo hacía.
Era extraordinario que Adelfa no fuera sino una niña-bruja; procedente de un poblado de mala muerte; a la que raptaban, violaban y estaban a punto de matar. Una niña que acababa en un lupanar cercano a esa calle Montera donde las chicas se ofrecían a cambio de un billetes hasta poco antes de finales de 2.012, porque hoy en día la prostitución reinaba a la luz del día en no importaba en qué lugar y no hacía ya distingo de clases sociales.
Vestía Adelfa una túnica ceñida a lo largo del cuerpo que acentuaba sus espléndidas formas y el brillo que desprendían sus ojos al advertir la bobalicona mirada de los hombres revelaba la calculada indiferencia que sentía aquella mujer respecto del sexo, una vez concluidos los tiempos en que ese era su único modo de vida.
¿Lo seguiría siendo ahora? Es cierto que los cargos locales eran, por definición, gratuitos y que sólo algunos complacientes miramientos de sus titulares con las mafias que se adueñaban de cuantos espacios les eran plausibles –que lo eran casi todos, aún los controlados por el propio Consejo Local en muchas ocasiones- permitían a las personas, en principio justas y honestas, obtener recursos con los que dedicarse a la cosa pública.
¿Era eso inmoral? ¿lo era prostituirse para vivir o prevalerse de su posición oficial como hacía el chino Huang para obtener mejor precio o clientela para sus productos o negociar en el mercado negro con mercancías obtenidas en otros distritos de la vieja Madrid y transportados por valija diplomática –como hacía Jorge Brassens? La moralidad había caído en el fondo más profundo del lodazal de las diferentes basuras. Y si María Magdalena había superado la prueba más de 2.000 años antes, los fariseos de ayer y hoy continuaban soportando las acusaciones más certeras. En todo caso, nadie podía saber nada a ciencia cierta, nadie podía arrojar la primera piedra y nadie lo hacía.
viernes, 23 de julio de 2010
Intercambio de solsticios (68)
Esa mujer hizo lo que hizo. Al día siguiente se me hinchó mucho más. Mi hermano Domingo le dijo a mi padre: “¿Cómo puede pasar eso? Si quieres matar a alguien, mátame a mí. Pero al menos es una niña, déjala que esté bien. Esa niña, primero, no puede estar con ustedes porque tú no quieres. Encima viene a visitarnos y se pone enferma. Es que, por mí me da vergüenza, vergüenza me da”.
Bueno, mi madre cuando pasaron tres días, ante la gravedad (sic) que estaba yo, y que quería llevarme a otros curanderos, y mi padre no dejaba, porque el médico le había dicho que había mirado dentro, de hecho me metió algo dentro para ver si era trombosis o algo, que se me había coagulado la sangre o agua, pues me metió miles de herramientas ahí dentro, y no había nada, nada de nada. Hacían fotocopias y solamente tenía hinchadas las venas, pero los huesos, normal y corriente.
Bueno, entre médico y curandero, como yo tenía un defecto de cuando yo era niña, yo odiaba a los médicos. Ahora (…) menos, pero sí que odiaba a los médicos, sí. Entonces, mi madre no podía llevarme a otro curandero, porque mi padre no quería. Y, ante esa gravedad, pues mi madre llama a sus hermanos natales para que, a sus herman(o)as de padre y madre para que vengan a hablar qué es lo que había pasado. Mi padre amenazó que si entrasen esa gente en su casa les mataba a cuchilladas. Y, bueno, mi madre dejó a la gente que son hermanos de él por el tribu (sic) que les une, que también viven en el mismo pueblo que nosotros.
Bueno, entonces, esos hermanos se reunieron. Entre ellos había un brujo, muy famoso, y le dijo: “Antonio, tú y yo sabemos lo que ha pasado con esa niña. Así que es mejor que nos digas la verdad, o yo te voy a enseñar quién soy yo”. Mi padre tenía un poco de miedo a él, porque decía que era muy, muy brujo. Entonces, mi padre en vez de decir sí o no dijo: “Yo ya lo había dicho: Esa niña no me gusta nada. Yo siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo: Esa niña no me gusta nada. Desde que nació me ha caído mal, y me sigue cayendo mal. Yo, o soy yo quien viva o es ella quien viva. Pero los dos no podemos vivir, en es misma familia los dos no podemos vivir. Alguien tiene que quitarse”.
Bueno, mi madre cuando pasaron tres días, ante la gravedad (sic) que estaba yo, y que quería llevarme a otros curanderos, y mi padre no dejaba, porque el médico le había dicho que había mirado dentro, de hecho me metió algo dentro para ver si era trombosis o algo, que se me había coagulado la sangre o agua, pues me metió miles de herramientas ahí dentro, y no había nada, nada de nada. Hacían fotocopias y solamente tenía hinchadas las venas, pero los huesos, normal y corriente.
Bueno, entre médico y curandero, como yo tenía un defecto de cuando yo era niña, yo odiaba a los médicos. Ahora (…) menos, pero sí que odiaba a los médicos, sí. Entonces, mi madre no podía llevarme a otro curandero, porque mi padre no quería. Y, ante esa gravedad, pues mi madre llama a sus hermanos natales para que, a sus herman(o)as de padre y madre para que vengan a hablar qué es lo que había pasado. Mi padre amenazó que si entrasen esa gente en su casa les mataba a cuchilladas. Y, bueno, mi madre dejó a la gente que son hermanos de él por el tribu (sic) que les une, que también viven en el mismo pueblo que nosotros.
Bueno, entonces, esos hermanos se reunieron. Entre ellos había un brujo, muy famoso, y le dijo: “Antonio, tú y yo sabemos lo que ha pasado con esa niña. Así que es mejor que nos digas la verdad, o yo te voy a enseñar quién soy yo”. Mi padre tenía un poco de miedo a él, porque decía que era muy, muy brujo. Entonces, mi padre en vez de decir sí o no dijo: “Yo ya lo había dicho: Esa niña no me gusta nada. Yo siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo: Esa niña no me gusta nada. Desde que nació me ha caído mal, y me sigue cayendo mal. Yo, o soy yo quien viva o es ella quien viva. Pero los dos no podemos vivir, en es misma familia los dos no podemos vivir. Alguien tiene que quitarse”.
jueves, 22 de julio de 2010
Intercambio de solsticios (67)
VEINTIOCHO ONCE UNO
Ya ves, van cayendo las hojas del calendario,
Y tus ojos se perfilan otra vez como cristales,
Este pequeño apartamento en el que vivo
Se poblará de fantasmas,
De tu padre,
Mis hermanos,
Yo mismo
Intentando explicar a nuestro mundo que te has ido,
Intentando explicarnos a nosotros que nunca te volveremos a ver.
Regresaré a la imagen de tus cabellos rubios
Cubriendo una frente que ya está fría,
Y a observar esa pierna que se sale de la manta,
Decir a lo que ya no eres tú, ten cuidado,
No vayas ahora a coger un resfriado.
Luego, tal vez, el recuerdo volverá sobre los días,
Me veré paseando solitario,
O sonriendo a nuestra hija,
Cuando sólo me apetece llorar,
O llorando simplemente en soledad.
Ya hay una rosa nueva sobre ese mueble,
Junto a una foto y un recipiente en los que estás tú,
Pero mis besos resultan siempre fríos.
Sé que estás ahí, pero no te siento.
Porque estás más cercana en los recuerdos,
En la frescura de Pilar,
En las cosas que tocabas con tus dedos, y aún conservo,
En los cuadros inacabados que he colgado
En ese salón donde apenas alguna vez fuimos felices.
Pero tu presencia flotará un día entre las aguas,
Cuando me pedías un beso, y te lo daba,
Y volará en la brisa del paseo,
Cuando hablábamos del último libro de Juan, por ejemplo.
Y seguirá prendido en el sol que se cuela entre las hayas,
Cuando parloteabas sin cesar.
Y yo pensando que durarías siempre,
Y tú pensando que te estabas yendo.
¿Cómo será el día uno?
¿Cómo el dos y el tres y el cuatro?
Cuando se vayan agotando las historias,
Cuando se vayan marchando las personas,
-Quizás yo mismo,
Quizás siga pasando aniversarios-,
¿Me habré reconciliado con tu ausencia?
O querré volver a tus abrazos,
A los besos de buenas noches,
A tus frases ingeniosas,
Y a tus locuras trepidantes.
No lo sé, soy una nave
A merced del temporal,
Creía que la gobernaba,
Pensaba que era fácil
Pasar un año entero,
Solo,
Sin ti.
Pero a veces siento que no puedo más,
Que encuentro menos razones para continuar,
Y que las razones sólo tienen nombre de mujer,
Y un cuerpito anclado a una cama, a una silla.
¿Estás triste?, me preguntas,
¿Y cómo quieres que esté?
Porque cuando salí del aturdimiento,
Me encontré de repente con tu foto
Y la certeza de que no te volvería a tener.
Ya comprendo que esta noria rueda,
Y que da lo mismo,
Diga lo que diga, hoy, mañana,
O a lo mejor el día dos, el tres o el cuatro,
Puedan variar las frases,
Para esconder sin embargo los mismos sentimientos.
Y soy capaz de gritar:
¡No me gustan los recuerdos!
Te atormentan,
Te hacen un agujero en las tripas,
Provocan agua en mi ojo izquierdo.
Tercamente quiero repetir esos momentos,
O mejor, vivir, construir otros.
Pero tu distancia es ya infinita
Aunque mi presencia la rechace.
¿Por qué la muerte? ¿Por qué en ti?
Los médicos explican las causas físicas,
Los curas avanzan sus respuestas espirituales
-Ya han perdido buena parte de su convicción-,
Y los amigos hablan del tiempo que pasa,
Que con él se van las penas.
Yo no lo sé,
Sigo en el barco,
La tormenta permanece,
Y cuando hoy le escuchaba a Pablo,
Cantar sus canciones de amor,
Y desamor,
Sólo estabas tú,
Y yo muy bajito,
Te decía,
¿Me escuchabas?,
Eternamente Lupantas.
Sólo esperando los días veintiocho,
Uno, dos, tres y cuatro,
Para comprar unas flores,
Que sustituyan las velas,
Y encargar una misa,
Esta vez en Bilbao,
Donde no nos conocimos,
De donde fuimos,
Donde sólo querías morir.
Una, dos, tres, cuatro.
Muchas lágrimas, dos, tres, cuatro veces.
Sólo estoy solo sin ti,
La otra soledad no me asusta,
Y tendré que terminar esto,
Porque estaría escribiendo lo mismo,
Uno, dos, tres, cuatro días,
Los días de las flores,
Los días veintiocho,
O los días de las velas,
Que son todos los demás.
¿Cómo me gustaría
-Sí, ya sé que no es posible-
que sonara tu llave en la puerta
y fueras tú misma quien entraras!
¿Cómo puedo decirte
Que te quiero?
Sí,
Ya le he puesto
El fin.
Bilbao, octubre de 2003.
Ya ves, van cayendo las hojas del calendario,
Y tus ojos se perfilan otra vez como cristales,
Este pequeño apartamento en el que vivo
Se poblará de fantasmas,
De tu padre,
Mis hermanos,
Yo mismo
Intentando explicar a nuestro mundo que te has ido,
Intentando explicarnos a nosotros que nunca te volveremos a ver.
Regresaré a la imagen de tus cabellos rubios
Cubriendo una frente que ya está fría,
Y a observar esa pierna que se sale de la manta,
Decir a lo que ya no eres tú, ten cuidado,
No vayas ahora a coger un resfriado.
Luego, tal vez, el recuerdo volverá sobre los días,
Me veré paseando solitario,
O sonriendo a nuestra hija,
Cuando sólo me apetece llorar,
O llorando simplemente en soledad.
Ya hay una rosa nueva sobre ese mueble,
Junto a una foto y un recipiente en los que estás tú,
Pero mis besos resultan siempre fríos.
Sé que estás ahí, pero no te siento.
Porque estás más cercana en los recuerdos,
En la frescura de Pilar,
En las cosas que tocabas con tus dedos, y aún conservo,
En los cuadros inacabados que he colgado
En ese salón donde apenas alguna vez fuimos felices.
Pero tu presencia flotará un día entre las aguas,
Cuando me pedías un beso, y te lo daba,
Y volará en la brisa del paseo,
Cuando hablábamos del último libro de Juan, por ejemplo.
Y seguirá prendido en el sol que se cuela entre las hayas,
Cuando parloteabas sin cesar.
Y yo pensando que durarías siempre,
Y tú pensando que te estabas yendo.
¿Cómo será el día uno?
¿Cómo el dos y el tres y el cuatro?
Cuando se vayan agotando las historias,
Cuando se vayan marchando las personas,
-Quizás yo mismo,
Quizás siga pasando aniversarios-,
¿Me habré reconciliado con tu ausencia?
O querré volver a tus abrazos,
A los besos de buenas noches,
A tus frases ingeniosas,
Y a tus locuras trepidantes.
No lo sé, soy una nave
A merced del temporal,
Creía que la gobernaba,
Pensaba que era fácil
Pasar un año entero,
Solo,
Sin ti.
Pero a veces siento que no puedo más,
Que encuentro menos razones para continuar,
Y que las razones sólo tienen nombre de mujer,
Y un cuerpito anclado a una cama, a una silla.
¿Estás triste?, me preguntas,
¿Y cómo quieres que esté?
Porque cuando salí del aturdimiento,
Me encontré de repente con tu foto
Y la certeza de que no te volvería a tener.
Ya comprendo que esta noria rueda,
Y que da lo mismo,
Diga lo que diga, hoy, mañana,
O a lo mejor el día dos, el tres o el cuatro,
Puedan variar las frases,
Para esconder sin embargo los mismos sentimientos.
Y soy capaz de gritar:
¡No me gustan los recuerdos!
Te atormentan,
Te hacen un agujero en las tripas,
Provocan agua en mi ojo izquierdo.
Tercamente quiero repetir esos momentos,
O mejor, vivir, construir otros.
Pero tu distancia es ya infinita
Aunque mi presencia la rechace.
¿Por qué la muerte? ¿Por qué en ti?
Los médicos explican las causas físicas,
Los curas avanzan sus respuestas espirituales
-Ya han perdido buena parte de su convicción-,
Y los amigos hablan del tiempo que pasa,
Que con él se van las penas.
Yo no lo sé,
Sigo en el barco,
La tormenta permanece,
Y cuando hoy le escuchaba a Pablo,
Cantar sus canciones de amor,
Y desamor,
Sólo estabas tú,
Y yo muy bajito,
Te decía,
¿Me escuchabas?,
Eternamente Lupantas.
Sólo esperando los días veintiocho,
Uno, dos, tres y cuatro,
Para comprar unas flores,
Que sustituyan las velas,
Y encargar una misa,
Esta vez en Bilbao,
Donde no nos conocimos,
De donde fuimos,
Donde sólo querías morir.
Una, dos, tres, cuatro.
Muchas lágrimas, dos, tres, cuatro veces.
Sólo estoy solo sin ti,
La otra soledad no me asusta,
Y tendré que terminar esto,
Porque estaría escribiendo lo mismo,
Uno, dos, tres, cuatro días,
Los días de las flores,
Los días veintiocho,
O los días de las velas,
Que son todos los demás.
¿Cómo me gustaría
-Sí, ya sé que no es posible-
que sonara tu llave en la puerta
y fueras tú misma quien entraras!
¿Cómo puedo decirte
Que te quiero?
Sí,
Ya le he puesto
El fin.
Bilbao, octubre de 2003.
miércoles, 21 de julio de 2010
La segunda Semana Trágica (3)
Sin embargo son muchos los intereses creados, los que mantienen este estado de cosas, demasiada clase política que ya no está dispuesta a hacerse el “harakiri” como hicieron los procuradores franquistas. Hay una resistencia al cambio en un sistema en el que se abrazan políticos tradicionales, medios de comunicación tradicionales, sector financiero y grandes empresas que dificultará enormemente esa necesaria e inaplazable transformación.
¿Dónde empezó esta segunda semana trágica? –se preguntaba Calduch- Quizás no fueran siete sino un día: quizás fuera el 11M, cuando unas bombas terroristas pudieron con el proceso histórico y pusieron al frente del Gobierno de España a un hombre que tenía la clara voluntad de amigar a España con todos sus demonios. Un hombre que quiso reescribir nuestra historia y renovar el abismo entre las dos Españas, además de gestionar –malgestionar- los recursos que eran de todos.
Algunos creen que esto tiene solución, que vendrá Rajoy y lo arreglará todo. Pero a la vista está que el líder de la oposición no es el hombre que necesita España. Ese “canciller de hierro” de que hablara Joaquín Costa capaz de predicar la austeridad, cerrando la Moncloa y yéndose a vivir al palacete de la Presidencia, eliminado de un plumazo asesores, palafreneros y demás halagadores de chaqueta y corbata para mayor alegría del jefe.
En la oposición no está la respuesta, entre otras cosas porque no representa la alternativa sino la alternancia.
Pero la primera Semana Trágica España estaba sola y era capaz de cometer todos los errores, y los cometió además, corregidos y aumentados. Ortega dijo que ya que España era el problema, Europa era la solución. Quizás nos queda la confianza en que esa Europa pueda conjurar la profecía y que Calduch y todos nosotros nos equivoquemos.
Es una Europa, sin embargo, que no está dispuesta a entregar a nadie ningún tipo de regalo. La crisis descubre lo peor de nosotros mismos. Y lo peor es la insolidaridad y el egoísmo. Pero trae algo positivo sin embargo: que somos nosotros mismos quienes debemos buscar nuestra propia salida.
Europa puede ser, debe ser, el marco de la respuesta. Pero hay un esfuerzo ímprobo por delante que debemos realizar todos los españoles. Y cuantos más seamos capaces de contarlo y de convocarnos a una tarea colosal, pero necesaria e inaplazable.
¿Dónde empezó esta segunda semana trágica? –se preguntaba Calduch- Quizás no fueran siete sino un día: quizás fuera el 11M, cuando unas bombas terroristas pudieron con el proceso histórico y pusieron al frente del Gobierno de España a un hombre que tenía la clara voluntad de amigar a España con todos sus demonios. Un hombre que quiso reescribir nuestra historia y renovar el abismo entre las dos Españas, además de gestionar –malgestionar- los recursos que eran de todos.
Algunos creen que esto tiene solución, que vendrá Rajoy y lo arreglará todo. Pero a la vista está que el líder de la oposición no es el hombre que necesita España. Ese “canciller de hierro” de que hablara Joaquín Costa capaz de predicar la austeridad, cerrando la Moncloa y yéndose a vivir al palacete de la Presidencia, eliminado de un plumazo asesores, palafreneros y demás halagadores de chaqueta y corbata para mayor alegría del jefe.
En la oposición no está la respuesta, entre otras cosas porque no representa la alternativa sino la alternancia.
Pero la primera Semana Trágica España estaba sola y era capaz de cometer todos los errores, y los cometió además, corregidos y aumentados. Ortega dijo que ya que España era el problema, Europa era la solución. Quizás nos queda la confianza en que esa Europa pueda conjurar la profecía y que Calduch y todos nosotros nos equivoquemos.
Es una Europa, sin embargo, que no está dispuesta a entregar a nadie ningún tipo de regalo. La crisis descubre lo peor de nosotros mismos. Y lo peor es la insolidaridad y el egoísmo. Pero trae algo positivo sin embargo: que somos nosotros mismos quienes debemos buscar nuestra propia salida.
Europa puede ser, debe ser, el marco de la respuesta. Pero hay un esfuerzo ímprobo por delante que debemos realizar todos los españoles. Y cuantos más seamos capaces de contarlo y de convocarnos a una tarea colosal, pero necesaria e inaplazable.
martes, 20 de julio de 2010
¿La segunda Semana Trágica? (2)
El pasado sábado, a continuación del Consejo Político de UPyD, comíamos Carlos Rey y yo con nuestro compañero de partido y catedrático de Relaciones Internacionales Rafael Calduch, que evocaba la idea que desarrollaba en mi última entrada en el blog. Pensaba Calduch que nos estábamos acercando peligrosamente a una especie de “Segunda Semana Trágica” en la historia de España y se preguntaba sobre cuál podría constituir el acontecimiento histórico provocador de este lamentable suceso.
Sin perjuicio de que a todos nos gustaría que Calduch se equivocase –al propio profesor el primero, con seguridad- me quedé pensando en sus palabras, siendo consciente de que eso que nos contaban nuestros familiares acerca de la significación de lo que había tenido una repercusión en la persona Demi bisabuelo, por lo tanto un hecho de alcance familiar, podía tener una significación de enorme trascendencia en la historia de España.
Y esperando a que Calduch se equivoque, y que los demonios que acechaa a España, que decía Jaime Gil de Biedma, puedan quedar conjurados o pospuestos, he seguido elucubrando en la solución de ese enigma.
Parece evidente que las dos últimas legislaturas emprendidas por nuestro presidente Zapatero tienen algo que ver con lo que nos ocurre. La larga serie de desaciertos que hemos podido observar en su gestión, y que culminan con su inédito intento de burlar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, están sin duda en el origen de buena parte de nuestros males. Una larga serie que tiene como punto de partida la promesa de Zapatero de aceptar lo que dijera el Parlament y que ha traído de la mano los estatutos de nueva generación y que han reproducido todos los problemas del catalán. Claro que en los demás casos contando con la connivencia del Partido Popular.
Lo cierto es que España no es que no soporte esa permaente quiebra del principio de igualdad de los españoles que es requisito constitucional de primer orden, es que ya no soporta una presión de sector público como la que vivimos ahora, no sólo por la ineficacia y la ineficiencia que supone, sino por el gasto que conlleva. El Estado de las Autonomías, tal y como este se ha desarrollado, es incompatible con los requisitos de austeridad que establecen las autoridades europeas.
Sin perjuicio de que a todos nos gustaría que Calduch se equivocase –al propio profesor el primero, con seguridad- me quedé pensando en sus palabras, siendo consciente de que eso que nos contaban nuestros familiares acerca de la significación de lo que había tenido una repercusión en la persona Demi bisabuelo, por lo tanto un hecho de alcance familiar, podía tener una significación de enorme trascendencia en la historia de España.
Y esperando a que Calduch se equivoque, y que los demonios que acechaa a España, que decía Jaime Gil de Biedma, puedan quedar conjurados o pospuestos, he seguido elucubrando en la solución de ese enigma.
Parece evidente que las dos últimas legislaturas emprendidas por nuestro presidente Zapatero tienen algo que ver con lo que nos ocurre. La larga serie de desaciertos que hemos podido observar en su gestión, y que culminan con su inédito intento de burlar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, están sin duda en el origen de buena parte de nuestros males. Una larga serie que tiene como punto de partida la promesa de Zapatero de aceptar lo que dijera el Parlament y que ha traído de la mano los estatutos de nueva generación y que han reproducido todos los problemas del catalán. Claro que en los demás casos contando con la connivencia del Partido Popular.
Lo cierto es que España no es que no soporte esa permaente quiebra del principio de igualdad de los españoles que es requisito constitucional de primer orden, es que ya no soporta una presión de sector público como la que vivimos ahora, no sólo por la ineficacia y la ineficiencia que supone, sino por el gasto que conlleva. El Estado de las Autonomías, tal y como este se ha desarrollado, es incompatible con los requisitos de austeridad que establecen las autoridades europeas.
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