domingo, 22 de septiembre de 2024

La muerte no entraba en la ecuación

Conocí a Félix Maradiaga por mediación de la fundación Friedrich Naumann. Félix es uno de los más caracterizados opositores al régimen de Daniel Ortega, antiguo y actual dictador nicaragüense. La historia de Maradiaga, que perdía muy pronto a su padre debido a un accidente de tráfico, es toda ella reveladora de una personalidad cercana a la indestructibilidad.  Enviado por su madre sin papeles a los Estados Unidos, pasaría algún tiempo por un campo de refugiados, antes de ser acogido por una familia de su país de origen con la que convivió dos años.


Regresado a Nicaragua, ultimó sus estudios antes de liderar el MUNAD (Movimiento de Unidad Nacional Azul y Blanco). Las denuncias contra el régimen de Ortega le produjeron la detención por éste. Expulsado de su país, le sería revocada su nacionalidad. Para un patriota, para cualquier ciudadano también, convertirse en apátrida es un hecho terrible; patria viene de padre, y la orfandad, carecer de país es algo así como que te renuncien a tu origen, a tus referencias, condenarte a vivir sin referencias.


La vida de este hombre se integra con la de otros muchos liberales y demócratas insobornables que han hecho de la lucha por los derechos políticos y humanos el norte de sus existencias. Y con la misma naturalidad con la que nos hace el relato de su vida, afirma a los asistentes a la reunión convocados por la fundación liberal alemana:


- En todos los momentos difíciles que pasé tenía una idea muy clara: que la muerte no entraba en la ecuación.


Son palabras que me devuelven a otros tiempos, ya lejanos. Cuando vivía yo mismo el incesante acoso de los terroristas de ETA y observaba con perplejidad cómo otros nacionalistas como los etarras, que decían mantener convicciones democráticas, simplemente miraban hacia otro lado. Se trataba, en efecto, de una existencia que tropezaba con la indiferencia de muchos, pero que se apoyaba en los valores que ya habían quedado resguardados -vigentes, por lo tanto- por unos pocos; aunque sabíamos que muchos vascos estaban con nosotros y que la inmensa mayoría de los españoles nos apoyaba.


Caían nuestros compañeros -de todos los partidos que engrosarían la triste relación de las víctimas-, de la misma manera a como habían caído antes los guardias civiles, los policías nacionales, los miembros del ejército; y como caerían después periodistas, magistrados, empresarios... pero nos decíamos lo mismo que afirmaba Félix Maradiaga, que la muerte no entraba en nuestra ecuación.  No pensábamos en ella en nuestro trabajo cotidiano, quizás la sentíamos cerca en las capillas ardientes por nuestros amigos asesinados o en las manifestaciones que les seguían. Pero no hubo nadie, que yo sepa, que dejara enterrado su compromiso por esta causa, y si así fuera contaría con mi comprensión. Pero he de decir que no tuvieron lugar abandonos notables, en todo caso.


En esa ecuación entrarían, eso sí, nuestras familias. Nuestras mujeres, nuestros hijos, nuestros padres... unos y otros imaginando que debajo de la inevitable sabana blanca que cubría el cadáver aún caliente de la última víctima que recogían las cámaras de las televisiones, pudiera algún día estar su marido, su padre, su hijo, yo mismo.


Pero nosotros pensábamos que no cabía abandonar. Alguno colegía quizás que se trataba de una posición ejemplar, pero no todos eran de la misma opinión. Se trataba de un duro trance para nuestras familias, y por otros motivos resultaba incómodo para quienes se situaban en el terreno ideológico contrario al nuestro; quizás también para los terroristas, aunque aún considero que lo suyo era más bien una batalla contra los otros nacionalistas en la que nosotros éramos más bien unos pim-pam-pum a derribar como en los puestos de feria... ¡a ver quién tira mas!


Y cuando marchándose detrás de las banderas y de los carteles no éramos demasiado conscientes de que en los cuarteles generales de los partidos y de los gobiernos se decidía la suerte del futuro de nuestro país en la clave que interesaba a unos y otros nacionalistas: que el relato a contar no tuviera vencedores ni vencidos; esto es, que no se supiera que la democracia había ganado y que su proyecto disolvente había sido derrotado. Todo para que, en adelante, la contienda sólo se produjera entre los nacionalistas, quedando los constitucionalistas -los que habíamos puesto los muertos- como meros y adjetivos comparsas.


Nuestra muerte no entraba en la ecuación, pero nuestro sacrificio sería en vano. 


Aunque nos quedará siempre la satisfacción por el deber cumplido.

domingo, 15 de septiembre de 2024

La confianza en uno mismo

En una reciente reunión profesional, la principal ejecutiva de una compañía, advertía a los asistentes que en el caso de que empezaran su jornada de trabajo con una nube negra por encima de su cabeza, era mejor que la despejaran previamente al comienzo de sus tareas. La actitud positiva ante la vida -decía - es primordial para el éxito.


Algo parecido viene ocurriendo en el Occidente democrático, el cansancio del sistema. Y nos indica además que los problemas que afectan a las democracias liberales hoy en día no están sólo -aunque también- en el acoso que sufren éstas desde el exterior, sino en sus propias debilidades internas.


Y que también quienes han acabado por situarse en el grupo de los que militan en el antioccidentalismo -Rusia, China, Irán, Corea del Norte- han percibido de manera inequívoca la debilidad de Occidente, en especial en la vergonzosa salida de las fuerzas aliadas de Afganistán. A partir de esa situación, nuestros contradictores -¿enemigos?- se han entregado al deporte de invadir Ucrania, sobrevolar con sus aviones de combate el espacio aéreo de Taiwán, alimentar a las guerrillas para exterminar a Israel o lanzar todos los misiles de que sean capaces al mar.


En democracia, la política constituye la expresión más cercana a la sociología histórica de un país. En este sentido contrastan los mensajes de algunos contendientes norteamericanos con Los de de sus predecesores: la frescura de Obama, la veteranía y el impulso de Reagan, el discurso de la "nueva frontera" de Kennedy o la acreditada preparación de Bush-padre. Y se diferencian también de la situación de los enemigos de la democracia liberal de entonces, que, bien se batían en retirada ante el auge tecnológico y el dominio político de los americanos del Norte, bien dedicaban sus esfuerzos a encaminarse por la senda del desarrollo.


Y a pesar del contraste entre aquellos tiempos y éstos, la situación no es tan grave como parece. El periodista americano -de origen indio- Fareed Zakaria ha publicado un interesante estudio sobre el asunto al que ha puesto por título "The Self-Doubting Superpower", y como subtítulo "America Shouldn’t Give Up on the World It Made".


En contra de quienes aseguran que la botella no está sólo medio vacía sino que se está vaciando, Zakaria considera que los Estados Unidos se encuentran en una extraordinaria posición. Considera que no hay ninguna razón para pensar que este país pueda perder el liderazgo en el ámbito de las nuevas tecnologías. Comparada la situación actual con la de los años 80, en los que las empresas alemanas, japonesas, holandesas y surcoreanas competían con las estadounidenses -en 1989 cuatro de las diez más importantes lo eran de este país, las otras seis eran japonesas-, la situación actual se ha modificado rotundamente en su favor -nueve de las diez más importantes son americanas.


Continúa afirmando el periodista americano que "si la demografía equivale al destino, los Estados Unidos tienen un futuro brillante. A pesar de que su situación en este aspecto ha empeorado en los últimos años, su tasa de fertilidad es de 1,7 niños por cada mujer -por debajo de la tasa de reemplazo que es de 2,1-; pero por encima de Alemania -1,5-, China -1,1-, Corea del Sur -0,8-. Además que los EEUU compensan la carencia de nacimientos con el recurso a la inmigración. Todos los años llegan a ese país un millón de personas dispuestas a anudar su futuro con el resto de los norteamericanos -una de cada cinco personas que viven fuera de sus países de nacimiento lo hacen en los Estados Unidos-.  Por lo tanto, a diferencia de países como Alemania o Corea del Sur, EEUU continuará creciendo en términos de población.


Pero el reto más importante para EEUU -de acuerdo con Zakaria- procede de Asia y se concreta en la permanente reclamación por China de la isla de la antigua Formosa. Pudiera ocurrir que finalmente Xi Jinping’ se determinara por comprobar la resolución de los americanos y de sus aliados intentando reunificar la isla con el continente, utilizando para eso el recurso de la fuerza. Por el momento no lo ha hecho, pero resulta evidente que subsisten las dudas de que pueda llegar a hacerlo. Lo cierto es -según Zakaria- que las dudas de hoy en día contrastan con las certezas de hace 20 años en el sentido de que no se atrevería a hacerlo.


En todo caso, China está intentando por todos los medios la expansión de su poder. Puede hacerlo a través de medios legítimos, como la competencia en los mercados; o ilegítimos, el uso de la fuerza, el incumplimiento de los acuerdos internacionales y otros. En opinión de Zakaria, los Estados Unidos deberían aceptar los primeros y rechazar los segundos. Siempre según el citado autor, Xi Jinping está abandonando su estrategia de combate por otra en la que se reconocen las fortalezas de su principal rival y sus debilidades propias. Quizás tenga por causa esta nueva manera de abordar el contencioso sus necesidades tácticas, pero China está buscando un modus vivendi con los Estados Unidos. En una reunión con senadores de este país, aseguraría que China tenía mil razones para mejorar sus relaciones con los Estados Unidos y ni una sola para arruinarlas.


En este contexto, la conclusión del periodista resulta significativa. El mayor peligro para los Estados Unidos no procede de China, Rusia o Irán; sino de su mismo país. En el caso de que América se consuma en un exagerado temor por causa de su retroceso y se retire del papel de liderazgo en los asuntos mundiales, abrirá un vacío a nivel global que algunos otros países intentarán cubrir. El partido republicano -asegura Zakaria- está volviendo al aislacionismo de los años 30, cuando Europa y Asia estaban en ignición.


En todo caso, la sensación que predomina en los Estados Unidos es la del temor respecto de China. Según han escrito Dmitri Alperovitch y Garrett Graff en World on the Brink, el consenso norteamericano se sitúa en la seguridad de que China constituye una amenaza para ellos y para el conjunto de las democracias occidentales. A pesar de las críticas que Biden hacía a Trump respecto de su política en relación con el gigante asiático, la que ha seguido aquél ha sido tan dura -si no más- que la del republicano. 


La mayor contribución de este ensayo es que propone un objetivo único para la política estadounidense, que es muy simple: Estados Unidos debería ganar tiempo, el necesario para que Taiwán fortalezca sus defensas y reduzca sistemáticamente la dependencia de Occidente de China.


Teniendo en cuenta que la rivalidad entre Estados Unidos y China está aumentando, es fundamental que Estados Unidos mantenga claridad respecto de sus objetivos. Intentar mantener el dominio global casi absoluto del que Estados Unidos ha disfrutado desde el fin de la guerra fría en 1991 sería enormemente costoso. Sin embargo, demasiada acomodación también conlleva, como saben numerosos países occidentales, que han visto industrias destruidas por la competencia china, un retroceso relativo de su influencia. 


Esto no significa que no se mantenga cierta cautela, tampoco que se disponga o incluso se incremente la capacidad de disuasión militar de la potencia militar estadounidense. Pero sí supone tener una visión clara de las desventajas de largo plazo de China, tales como una población en rápido descenso, la falta de aliados naturales, las limitaciones de su sistema político y su dependencia de energía y alimentos importados. Como dice Alperovitch, adoptar una visión a largo plazo también significa trabajar para sostener las ventajas demográficas, tecnológicas y geopolíticas de Estados Unidos, por ejemplo, alentando al talento a inmigrar y fomentando alianzas.


Pero la capacidad de China para sortear grandes obstáculos, como la contaminación del aire o una infraestructura débil, y su rapidez para superar a otros en la construcción de paneles solares o vehículos eléctricos, sugiere que es un error suponer que no puede ponerse al día en la fabricación de semiconductores avanzados o en el perfeccionamiento de una diplomacia internacional más eficaz.


Por supuesto que la oración podría ser también rezada por su antagonista, y a la vista de la polarizada y autodestructiva política norteamericana, China podría también sentarse a esperar, lo que además concuerda bastante con la integración que practica este país entre el confucianismo y el comunismo.


En uno y en otro caso, la confianza en las posibilidades de uno mismo, si bien no son suficiente garantía para el éxito, constituye uno de sus principales instrumentos. 

domingo, 8 de septiembre de 2024

Supplique pour être enterré à la plage de Sète

Me asomé por primera vez al universo poético, anarquizante y bohemio de George Brassens a través del disco al que daba título esta canción. Aparecida en Francia en el año 1966, quizás resulte singular que el primer contacto que un adolescente pudiera mantener con el cantautor francés fuera el de su testamento, pero así son las cosas en la vida, que hasta la idea de la muerte forma parte de tu existencia aunque te quede prácticamente toda ella por delante.


Me atrevo, después de unas cuantas décadas a intentar una traducción al español de esos versos. Y si los lectores quieren comprobar el desaguisado cometido por el traductor, figura el poema en su idioma original a continuación. Les ruego, en todo caso, que sean benévolos conmigo, sólo pretendo un -merecido siempre homenaje- al autor de la “Mala Reputación” (“La mauvaise reputation”).


Diría así:


“La Camarde, que no me ha perdonado jamas,

Por haber hecho en su nariz una siembra floral, 

Me persigue on un celo de cretino.

Así que, rodeado de cerca por los enterramientos,

Consideró oportuno poner al día mi testamento,

Y pagarme entonces un codicilo.


Moja en la tinta azul del golfo del mistral,

Moja tu pluma, oh escribano menestral.

Y, con tu más bella escritura,

Anota lo que deba ocurrirle a mi cuerpo,

Cuando mi alma y él sólo estén de acuerdo

En un único punto, la ruptura.


Cuando mi alma, hacia el horizonte, haya tomado vuelo,

Donde los miserables y las costureras tienen su cielo,

El de los chicos atrevidos, de las obreras con presunción, 

Que sea llevado mi cuerpo hacia mi sol natal,

Con llegada a Sète, a su estación.


Mi panteón familiar, ¡ay!, no es del todo nuevo.

Hablando vulgarmente, está lleno como un huevo.

Y de aquí ni en sueños nadie se va.

Corro el riesgo de que se haga tarde, y no puedo 

Pedir a esa buena gente que se intente apretar

Que hagan sitio a los de menor edad.


Muy cerca de las azules olas, en el borde del mar,

Si os resulta posible un agujero cavad.

Un nicho pequeño, vaya…

Cerca de los delfines que me vieron crecer,

Allí donde la arena extiende su delgadez,

En la suave pendiente de la playa.


Allá donde cuando la mar está encrespada, 

Se diría que Neptuno ha hecho una carnavalada,

Donde cuando ves un barco naufragar

El capitán grita: “¡Yo soy el que manda.

Sálvese quien pueda, antes el vino y las  viandas.

Cada uno su bombona, y a ser audaz!


Y es allí, con quince años, revolucionado,

En la edad en que divertirse solo nunca ha bastado,

A mi primera novieta tuve acceso.

Cerca de una mujer pez, una sirena,

Recibí del amor la primera lección,

Me tragué mi primer hueso.


Con la debida cortesía a Paul Valery

Yo, el humilde trovador que más allá de él fui.

Que me lo perdone el dios omnipotente,

Y si al menos sus versos son siempre más finos,

Que mi cementerio sea al menos más marino

Y no disguste a los nativos presentes.


Esta tumba en sándwich entre el agua y el cielo,

No proporcionará una sombra triste al lienzo,

Sino un encanto terrenal.

Las bañistas lo utilizarán como paramento

Y los niños dirán “mira, un castillo de arena”.


Y si no es pedir demasiado en este pequeño lugar,

Una especie de pino, por favor, plantad,

Pino parasol como preferencia,

Que sabrá prevenir contra la insolación 

A los amigos que vengan a mi concesión

Con afectuosas reverencias.


Tan pronto viniendo de Italia, como de España,

Todas sus bellas músicas, de perfumes bañadas,

El Mistral y la Tramontana,

Presidirán los ecos de mi última siesta,

Villanellas y fandangos de los días de fiesta,

Las tarantelas y las sardanas.


Y toda vez que mi cabeza decida reposar,

Una ondina se vendrá gentilmente a arrimar,

Carente de vestido ni ajuar,

Debo pedir perdón previamente a Jesús,

Si se acuesta por encima la sombra de mi cruz,

Como una pequeña y póstuma felicidad.


Pobres reyes faraones, pobre Napoleón, 

Pobres grandes desaparecidos que yacéis en el Panteón,

Pobres cenizas de consideración.

Envidiareis un poco al eterno veraneante,

Que navega sobre las olas, durmiente,

Que pasa su muerte de vacación.


Versión original


La Camarde qui ne m'a jamais pardonné

D'avoir semé des fleurs dans les trous de son nez

Me poursuit d'un zèle imbécile

Alors cerné de près par les enterrements

J'ai cru bon de remettre à jour mon testament

De me payer un codicille


Trempe dans l'encre bleue du Golfe du Lion

Trempe, trempe ta plume, ô mon vieux tabellion

Et de ta plus belle écriture

Note ce qu'il faudrait qu'il advînt de mon corps

Lorsque mon âme et lui ne seront plus d'accord

Que sur un seul point, la rupture


Quand mon âme aura pris son vol à l'horizon

Vers celle de Gavroche et de Mimi Pinson

Celles des titis, des grisettes

Que vers le sol natal mon corps soit ramené

Dans un sleeping du Paris-Méditerranée

Terminus en gare de Sète


Mon caveau de famille,, hélas n'est pas tout neuf

Vulgairement parlant, il est plein comme un bufet d'ici que quelqu'un n'en sorte

Il risque de se faire tard et je ne peux

Dire à ces braves gens "poussez-vous donc un peu"

Place aux jeunes en quelque sorte


Juste au bord de la mer, à deux pas des flots bleus

Creusez si c'est possible un petit trou moelleux

Une bonne petite niche

Auprès de mes amis d'enfance, les dauphins

Le long de cette grève où le sable est si fin

Sur la plage de la corniche


C'est une plage où même à ses moments furieux

Neptune ne se prend jamais trop au sérieux

Où quand un bateau fait naufrage

Le capitaine crie "je suis le maître à bord"

Sauve qui peut, le vin et le pastis d'abord

Chacun sa bonbonne et courage


  • Et c'est là que jadis à quinze ans révolus

À l'âge où s'amuser tout seul ne suffit plus

Je connus la prime amourette

Auprès d'une sirène, une femme-poisson

Je reçus de l'amour, la première leçon

Avalais la première arête


Déférence gardée envers Paul Valéry

Moi l'humble troubadour sur lui je renchéris

Le bon maître me le pardonne

Et qu'au moins si ses vers valent mieux que les miens

Mon cimetière soit plus marin que le sien

Et n'en déplaise aux autochtones


Cette tombe en sandwich entre le ciel et l'eau

Ne donnera pas une ombre triste au tableau

Mais un charme indéfinissable

Les baigneuses s'en serviront de paravent

Pour changer de tenue et les petits enfants

Diront "chouette, un château de sable".


Est-ce trop demander sur mon petit lopin

Plantez, je vous en prie une espèce de pin

Pin parasol de préférence

Qui saura prémunir contre l'insolation

Les bons amis venus faire sur ma concession

D'affectueuses révérence


Tantôt venant d'Espagne et tantôt d'Italie

Tous chargés de parfums, de musiques jolies

Le Mistral et la Tramontane

Sur mon dernier sommeil verseront les échos

De villanelle, un jour, un jour de fandango

De tarentelle, de sardane


Et quand prenant ma butte en guise d'oreiller

Une ondine viendra gentiment sommeiller

Avec moins que rien de costume

J'en demande pardon par avance à Jésus

Si l'ombre de ma croix s'y couche un peu dessus

Pour un petit bonheur posthume


Pauvres rois pharaons, pauvre Napoléon

Pauvres grands disparus gisant au Panthéon

Pauvres cendres de conséquence

Vous envierez un peu l'éternel estivant

Qui fait du pédalo sur la vague en rêvant

Qui passe sa mort en vacances

Vous envierez un peu l'éternel estivant

Qui fait du pédalo sur la vague en rêvant

Qui passe sa mort en vacances.


Hasta aquí el último testamento poético de Georges Brassens. Pero -todo hay que decirlo- el poeta y cantante francés no se tomaba excesivamente en serio a sí mismo, y en una entrevista que concedió, a propósito de éste asunto, dijo:


“Te señalo que me da igual ser enterrado en la playa de Sète. Lo he hecho sólo para divertirme”.