sábado, 10 de noviembre de 2007

Conversación después de "salir del armario"

- ¡Hola, Sandra!
- ¡Hola, Fernando!
- Te he llamado esta mañana…
- … Sí. Pero estaba reunida con una empresa para entregarles un informe de seguridad… Y presentarles la factura…
- ¿Y qué tal eso…?
- Muy bien. Quince mil euros…
- No está mal. Pues yo te llamaba por lo del aniversario,,,
- ¿De boda?
- Sí.
- ¡Pero si eso fue el viernes pasado!
- ¡Vaya! Por lo menos la intención estaba ahí.
- Desde luego, desde luego. Y no te he llamado hasta ahora porque estaba viajando desde Barcelona, que es donde he tenido la reunión, con Juan Flórez…
- ¡Ah!
- Y hemos hablado mucho de ti. Ya te comentaré. Pero, primero, ¿qué tal ha ido todo?
- Bien, Sandra. Creo que más o menos como estaba previsto. El lunes me despedí de mis compañeros del pepé de Getxo…
- ¿Y qué tal te fue?
- Bien. El texto de mi despedida lo he publicado en mi blog.
- Ya lo veré. ¿Y?
- Bueno. Ya verás que fue una intervención bastante poco política. La hice desde el recuerdo de los tiempos vividos y del sentimiento.
- Ya. Bonita, supongo. Ya la leeré.
- Sí. Parece que ha gustado a la gente que la ha leído…
- ¿Y a la que estuvo allí?
- Supongo que también. Luego hubo un par de intervenciones. Muy correctas y subrayando que ahí iba a permanecer la amistad, por encima de todo. Luego tomamos un vino…
- No está mal.
- Hubo hasta quien me dijo que estaba de acuerdo con lo que yo había escrito en “El Correo”…
- Es que estaba muy bien.
- … Y luego me invitaron a cenar.
- ¡Bueno!
- Después estuvo lo del martes. La rueda de prensa y lo demás.
- De la rueda de prensa ya he visto algo, ¿qué tal lo demás?
- Pues mira. Me despedí de dos parlamentarios, uno es del PSE y el otro de EA. Con estos me he llevado siempre muy bien. En realidad se trata más de amigos que de rivales políticos.
- A veces es más fácil con los de otros partidos.
- Desde luego. La clave es siempre que no sean sectarios. Con los sectarios no te puedes llevar bien, aunque se encuentren en tu mismo partido.
- Eso mismo pienso yo. ¿Y qué más?
- En cuanto a mi grupo parlamentario –o a lo que hasta el martes era mi grupo parlamentario- no me despedí de todos…
- Ya me figuro.
- Sí lo hice del asesor jurídico del grupo…
- Felipe.
- Sí. Y la verdad que, aunque es un hombre bastante contenido en su expresión, noté un afecto que para venir de él resultaba algo especial.
- También del jefe de prensa del partido. Al que yo le seleccioné cuando era secretario general. Es un tío majísimo, así que con él todo fue muy fácil y muy cordial…
- No le conozco.
- Supongo que le habrás visto alguna vez en el parlamento… Me despedí también de Ana López de Alcorta, mi compañera de escaño… Y como no estaban ni Salvador Montes ni Juan Arroyabe no lo hice. Pero les llamaré por teléfono.
- Eso fue todo…
- Más o menos. Tuve una conversación larga con la presidenta del Parlamento, que estuvo muy amable, y también me despedí de las secretarias. Del tipo que más me ha hecho la puñeta en estos últimos años, nada. Aunque prácticamente me tropecé con él.
- Ya.
- ¿Y lo sdemás?
- Lo demás, agotador. No he dormido nada, por la tensión, hasta ayer. Después de la rueda de prensa y de la entrega del acta de parlamentario me fui a Barcelona, donde tuve una cena con los compañeros de UPD de ahí, que terminó tardísimo y el miércoles por la tarde estuve en Madrid.
- Pues Juan Flórez y yo hemos hablado mucho de ti durante el viaje.
- Es un buen tío.
- Sí. Es socialista. Pero es un hombre íntegro. A ti te tiene mucha simpatía. Aunque no te creas que has estado presente en todo el viaje.
- - ¡Ja, ja, ja! Supongo que no.
- Los primeros cien kilómetros, hablando de María, que tiene su aquél…
- Ya.
- Los segundos cien, de la gorda. Que no tiene desperdicio…
- Desde luego.
- Y luego saliste tú a colación. Bueno, lo estabas desde el principio, pero antes decidimos que había que degollar alguna otra cabeza.
- Ya veo.
- Juan me preguntaba por la causa de tu decisión. Ya sabes, le dije, derechización, aburrimiento y que no hacías migas con María…
- Y supongo que porque también me hace ilusión este proyecto.
- También, también. Coincidíamos Juan y yo que habíamos perdido un gran político.
- Me regalas los oídos.
- ¡Qué tontería! ¡Si ya sabes que eso es lo que pienso! Así que los siguientes cien kilómetros llegamos hasta Tejero…
- Es curioso. ¿Y cómo fue eso?
- Empezamos por los políticos que nos gustan… Tú, Ruiz Gallardón… De vosotros pasamos a Suárez, y de Suárez a Tejero. Así fue la cosa.
- Es un vericueto un tanto curioso, pero no deja de tener su sentido.
- Te tengo que decir que me llamó el, director de Osalan[1].
- ¿Y?
- Me dijo que tenía que agradecer la actitud del pepé en el debate sobre el, tema. Que tu intervención había sido muy positiva y que las propuestas de resolución estaban muy bien. Y que era consciente de que las dos cosas se debían personalmente a ti y a mi. Creo que vamos a tener una reunión y eso te lo debo a ti.
- ¡Al final va a resultar que hemos hecho un buen equipo!
- Te voy a echar de menos, no te creas.
- Tú con unas propuestas de resolución que tocan aspectos muy concretos de la seguridad laboral y yo con una intervención general que situaba el asunto. Y los dos con un criterio según el cual se debía dar una respuesta positiva a un problema tan grave y con consecuencias dramáticas, de víctimas mortales…
- Bueno. Y aunque no os voy a votar espero que nos sigamos viendo. ¡Ya sabes que ni siquiera voto al partido de mi marido!
- Lo sé. Desde luego. Cuando yo vaya por ahí te llamo. Y si tú vienes por Bilbao dímelo, y procuro hacer un hueco…
- Y quiero conocerle a Rosa…
- Creo que a finales de este mes tiene una intervención en Bilbao.
- Ya. ¡Pero no quiero un saludo entre la multitud, sino un encuentro con ella. Creo que puedo perdirlo. Soy una persona importante!
- Desde luego, desde luego. Tienes razón.
- ¿Y a que no sabes qué?
- Si no me lo dices…
- Que, según Juan, me van a nombrar alguna cosa institucional en el partido. Nos hemos apostado a que en diez años me harían cargo de algo. Yo le he dicho que no…
- Me parece que no resultarías demasiado cómoda. Y ya vez lo que son los partidos ahora. Todo lo que se selecciona son gente mediocre, gente con la que luego pueden hacer lo que les dé la gana…
- Eso mismo pienso yo. Así que ganaré la apuesta.
- Lo supongo.
- Bueno, Fernando. Te dejo, que estoy llegando a casa.
- Un beso, guapa. Gracias por llamar.
- Adiós.
[1] Servicio Vasco de Seguridad y Salud en el Trabajo

martes, 6 de noviembre de 2007

Texto de la rueda de prensa de abandono del PP, del escaño en el Parlamento Vasco y de asociación a UPD

En la tarde de ayer, ante mis -ya antiguos- compañeros del PP de Getxo hice oficial mi baja como afiliado a ese partido. Esta situación se produce con efecto del día de hoy porque, nada más que termine esta rueda de prensa me dirigiré al Parlamento Vasco a dimitir también de mi cargo representativo. Ya sé que jurídicamente no estoy obligado a hacerlo, pero sé también que la ética es siempre más exigente que el Derecho y yo no quiero mantener mi condición de parlamentario ni un sólo día más después de abandonar el partido en cuya lista fui elegido.
En alguna ocasión he puesto de manifiesto que mi dilema se situaba entre mi vinculación con el proyecto que ha venido en denominarse Unión, Progreso y Democracia o marcharme a casa. He optado por colaborar con este nuevo proyecto que es -como dice su portavoz- un proyecto nuevo, por lo tanto diferente...
Sería fácil -y seguramente tendría sobrados motivos para ello- que formulase yo ahora mi particular lista de agravios para con el PP. No lo voy a hacer. Tengo demasiado respeto por buena parte de la gente de ese partido y no considero que esa gran mayoría sea responsable de muchas de las decisiones de sus dirigentes.
Es lo que pienso que ocurre en los grandes partidos españoles: que se han convertido en verdaderos aparatos electorales, desconectados de sus bases. El debate interno no existe y ni siquiera los cargos públicos que no estén en el "aparato" pueden intervenir en las decisiones. Sé bien lo que digo.
UPD nace con el comprmiso de servir de cauce para la regeneración democrática de este país. Es también un partido que ejerce la democracia interna. Por eso es también mi partido.
Después de 30 años largos de democracia, la prioridad no puede encontrarse en los territorios, sino en los ciudadanos. El PP ha seguido -de forma errática además- el camino emprendido por el Presidente Zapatero en la reforma de los Estatutos.
UPD se ha comprometido a reformar la Constitución en una perspectiva igualitaria entre las CCAA, y la Ley Electoral para conseguir que los representantes sean mejores representantes de los representados Por eso también es mi partido.
Tampoco me gusta el discurso catastrofista y monocorde del Partido Popular, su política de apoyo a una guerra injusta, su excesivo seguidismo de la jerarquía de la iglesia, la permanente ocupación de la calle para ejercer desde ella la oposición y el desgaste al Gobierno.
Mis convicciones liberales no se corresponden con un partido que es cada vez más la Alianza Popular de los viejos tiempos.
UPD es un proyecto transversal que une a socialdemócratas y a liberales -Rosa Díez nos llama "liberales igualitarios", a mí me gusta más adjetivarne de "progresista"-. Por eso UPD es también mi partido.
Concluyen aquí dos meses de reflexión. En ese tiempo he hablado con todos los que han querido hablar conmigo: responsables políticos y amigos. A todos ellos les quiero agradecer su consideración y su respeto. De quienes no han mostrado ningún interés sólo puedo decir que el desinterés es recíproco.
Esto es lo que quería decirles. Ahora quedo a su disposición por si tienen algo que preguntarme.

lunes, 5 de noviembre de 2007

A mis -ya antiguos- compañeros del PP de Getxo

(Intervención realizada en la sede del PP de Getxo el 5 de noviembre de 2.007).

Le he pedido a Marisa.Arrúe que me permita dirigiros la palabra en la tarde de hoy. Después de 25 años de militancia en el proyecto que de una u otra manera se ha referido al Partido Popular me he decidido a causar baja en este partido para dedicar mi trabajo a un nuevo proyecto, al que no me referiré demasiado extensamente en esta intervención. Hoy se trata de cerrar un capítulo de mi vida, no de hacer el elogio del siguiente.
Esta es, por lo tanto, una despedida.
Y, como ocurre con todas las despedidas, se agolpan en rni memoria todo tipo de recuerdos. Esa cena de campaña que tuvimos que abandonar precipitadamente porque los terroeistas habían puesto una bomba en una sede electoral, o la otra bomba que -también los terroristas- pusieron en la casa de Pilar Aresti en víspera de la fiesta de Santiago.
Hemos vivido tiempos difíciles, como sin duda los seguiremos viviendo. Tiempos duros para gente también dura. Como Pilo Gana, que organizaba con inigualable eficacia al equipo de interventores y apoderados, lo mismo que hoy lo hace Fortu. O Begoña Castellanos, que fuera mi secretaria durante muchos años.
Y esos recuerdos los llevaré muy dentro de mí vaya a dondequiera que vaya. Mi vida -la más íntima, además- tiene mucho que ver con este partido. Casi se puede decir que conocí a mi mujer en una campaña electoral y que ella se marchó de mi lado cuando yo estaba preparando enmiendas para los presupuestos. Y van a cumplirse este mismo mes cinco años de aquél suceso.
Y hace veinticinco me sumé a un proyecto incómodo y difícil, porque creía que existía un espacio. Y eso que cuando fui co-director de campaña con Mariano Rajoy, en las autonómicas del '90, no había más que dos diputados en el Parlamento Vasco: Julen Guimón y José Manuel Barquero.
Es siempre dramático echar la mirada atrás. Se fue Anneli, Begoña, Pilo, Julen. Se fue también Ramón Churruca, que intentó levantar una posición liberal en un país poblado de intransigencia..
Ahora me sumo a un nuevo proyecto, quizás más difícil e incómodo que aquél al que fui convocado hace veinticinco años. Y lo hago porque creo sinceramente que existe un espacio. No será desde luego fácil, pero mi vida o sus circunstancias me han hecho preferir los retos complicados antes que una existencia sin problemas.
De manera que le hago entrega a Marisa de la carta por la que causo baja en este partido.
Es muy breve. Dice lo siguiente:

"Bilbao, 5 de Noviembre de 2.007.

Querida Marisa,
Te pongo estas líneas para que tengas
constancia de mi decisión de causar baja en el
Partido Popular con efecto de seis de noviembre..
Un abrazo.
Fernando Maura".

Dice la carta que "con efecto del 6". No es un error.Con esta baja va también la renuncia a mi acta de parlamentario vasco. Lo haré mañana mismo. Ya sé que jurídicamente no es obligatoria. Pero en muchas ocasiones el Derecho no dice las mismas cosas que la ética.
A partir de mañana seremos rivales políticos. Una rivalidad que tendrá muchos puntos en común, sin embargo: la defensa de la libertad y de la unidad de España, por poner dos ejemplos muy importantes.
Y más allá de la distancia política está y estará siempre la cercanía que evocan los años vividos. Os tendré siempre como amigos, lo mismo que me gustaría que vosotros me tuviérais a mí por lo mismo.
Muchas gracias y hasta siempre.

viernes, 2 de noviembre de 2007

La representación de los "maketos"

Esto de los "blogs" tiene su gracia. A veces te contesta alguna persona desconocida para ti, te hace su comentario y tú puedes entrar en contacto con ella. Otras veces, esa misma persona entra en contacto con una tercera y se produce una comunicación entre las dos, en el espacio de tu "blog". Ocurre como en esas simpáticas casas abiertas en las que la gente se reúne, aportando cada una sus ideas y un poco de bebida o de comida -para que no se diga-. Eso que los europeos llaman la "posada española" -por estos pagos nunca he escuchado esa expresión- en la que cada todos consumen lo que han llevado a ella.
Es lo que ha ocurrido con Pedro José Chacón, con quien apenas he tenido una conversación, pues rápidamente resultó acaparado por un "blogger" anónimo. Y yo, como esos anfitriones que saben que lo importante es que la gente se lo pase bien en tu casa, dejaba hacer su larga conversación.
Pero hoy me quería referir a la interesante aportación que me hacía Chacón respecto del problema del nacionalismo. Dicha telegráficamente, su tesis planteaba que el nacionalismo se produce como una reacción -social, racista, política- a la irrupción de la inmigración producto de la industrialización del XIX. Y que sólo podrá acabar cuando los sectores descendientes de esa inmigración asuman sin complejos su condición de tales. Es evidente que si me lee Pedro José admito desde ya cualquier rectificación.
No estoy muy seguro que desaparezca el nacionalismo por eso. En estos tiempos de la globalización cultural, en que las hamburguesas de los McDonalds de turno pueden hacer peligrar una buena chuleta con patatas fritas, la identidad local o territorial sirve como dique de contención respecto de los excesos de una sociedad multicultural. Un dique de contención, por supuesto, que viene dado por la propia inseguridad de los grupos sociales aturdidos ante el cambio de unos tiempos en los que ni las religiones ni las ideologías constituyen ya refugio para el buen orden interior. Y eso de "los de aquí" sigue funcionando, lo mismo que el abrigo del hogar propio cuando se pasa uno la semana deambulando por las carreteras, los aeropuertos y los hoteles más variados. Es verdad que en esa pared hay un desconchón, que nunca se ve bien el tercer canal de la televisión o que aún no me he reconciliado con el jarrón que una vez nos regaló tu madre y mi suegra... pero es tu casa y ahí se encuentran buena parte de tus recuerdos.
Es sin embargo sugestiva la tesis de Chacón porque pone el dedo en la llaga cuando se refiere a los "complejos". Es verdad que los inmigrantes pronto dispondrían de representación propia, lo mismo que les ocurría a otors inmigrantes en otros países: se trataba de los partidos socialistas. Otra cosa ha sido que a lo largo de su historia esta representación se haya producido sin complejos respecto de la población antaño originaria de esos territorios. Y eso que han pasado generaciones y dos siglos de historia. ¿Cómo se es vasco o catalán si se proviene de Extremadura o de Andalucía? Simplemente, identificándose con el nacionalismo existente, proporcionándole unas gotas de de reflexión "social" que ya nadie está dispuesto a negar en esat sociedad abierta de principios del XXI que se traga todo lo que puede tragar -y puede mucho, por cierto-. Todos, excepto los "neo-con" disfrazados de liberales que pretenden cargarse de un plumazo todo el modelo de bienestar social europeo e importar el "way of life" americano, con sus muertos a las puertas de los hospitales cuando carecen de seguro o de recursos para ser atendidos dentro de ellos.
Es el caso del PSC catalán o del PSE vasco. Seamos "nacionalistas", aunque eso sí, "de izquierdas". ¡Como si se pudiera olvidar que el origen de esa ideología -el nacionalismo, no la izquierda, se entiende- proviene de la reacción al progreso económico que trajo consigo la industrialización!
Mi amigo, el profesor Eloy García, se refiere siempre a la necesidad de retornar alos clásicos. Y clásico es ya en la historia del socialismo, el líder bilbaino -también "maketo"- Indalecio Prieto que decía temer más en el nacionalismo su origen reaccionario que su nacionalismo.
Y hoy, con eso de los códigos genéticos, resulta que nos vemos bastante condicionados por nuestros orígenes familiares. Uno tiene una enfermedad porque muchas veces simplemente la ha heredado y esa dolencia condiciona buena parte de su vida; y su educación y destrezas también configuran una mentalidad propia que le hace reaccionar de una manera propia y especial ante los acontecimientos de la vida. Uno se mira en el espejo de sus padres, de sus abuelos... para comprender algo de sí mismo, de su comportamiento y, quizás, para reproducirlo.
Y todo eso resulta evidente en los nacionalismos, se vistan de Caperucita Roja o del Lobo Feroz: son reaccionarios, porque pretenden a toda costa conservar los viejos privilegios -a veces inexistentes en la historia, por más que los bien dotados fondos públicos rastreen en los archivos y los documentos más pretéritos- o crear otros nuevos. Y los privilegios son el Antiguo Régimen y los derechos históricos, la sociedad estamental y la más absoluta desigualdad social.
A la virulencia dxe algunos -los nacionalistas- le contestan los complejos de los otros -los socialistas-, creando una suerte de maridaje, de mala transversalidad que supone a la postre un proyecto de regreso al pasado.
Es entonces urgente crear otros instrumentos que permitan recuperar todo lo bueno que había en el proyecto socialista -reformulado por la aceptación de la democracia liberal comno instrumento para el cambio social- y del liberalismo progresista -que aún se resiste a escuchar los cantos de sirena de la derecha conservadora, o que hace como se les aconsejaba a los marineros antiguos: escucharlos, sí, pero al revés de lo que te dicen.

viernes, 26 de octubre de 2007

Universidad de verano. Jornada sobre la memoria histórica organizado por la Fundación Fernando Buesa. Julio de 2.007

Aparte de la proyectada Ley de Memoria histórica, el Gobierno catalán está marcando el paso con el proyecto "Memorial Democrático" y otra ley que regulará la apertura de las fosas comunes de la Guerra Civil. en desarrollo del art. 54 del nuevo Estatut.
Estas ideas parten de un equívoco: el de confundir el antifascismo genérico de los años 30 con la lucha por la democracia.
En esos años, hubo democracias en Gran Bretaña, Escandinavia, Bélgica, Holanda y Checoslovaquia hasta su invasión por el Reich.
Y en España, demócratas había pocos. Hasta quienes militaban en el espacio del centro político como Miguel Maura, ministro de la Gobernación del gobierno provisional republicano -lo ha estudiado recientemente su nieto Joaquín Romero Maura, en la reedición del libro de aquel, prologado por este, "Así cayó Alfonso XIII"-. En los meses anteriores a la guerra pedía Miguel Maura el advenimiento de una dictadura republicana.
¿Podía considerarse como democrática al conjunto de la izquierda de entonces? Desde luego que no lo eran -demócratas- los anarcosindicalistas -huelgas generales y 3 intentonas de insurrección ofrecen suficiente testimonio de ello..
Compartía con estos similar desprecio a la "democracia burguesa" el partido comunista, hasta la política de la promoción de los frentes populares alentada desde Moscú.
El PSOE vivió en su seno casi todas las contradicciones por las que atravesó la República. La intentona revolucionaria del '34, desplazados los dirigentes más moderados -como Besteiro y Saborit- y conducidos por Largo Caballero y un desconocido -como revolucionario, no como político- Prieto, que simplemente intentaron descabalgar un gobierno que legítimamente le correspondía a la CEDA.
¿Y qué decir de la derecha? Los monárquicos de Renovación Española no eran demócratas -ni siquiera liberales-, los carlistas pedían el retorno del Antiguo Régimen y el ejercicio absoluto del poder por el Rey, los falangistas se veian seducidos por el fascismo italiano -a pesar de la obsesión de José Antonio por velar la herencia política de su padre, que no fuera sino un dictador militar con poco ánimo de pervivencia-. La derecha mayoritaria -la mencionada CEDA- aspiraba a construir un poder autoritario y corporativo, a la manera del Portugal de Salazar.
Un delgado grupo de demócratas con denominaciones diversas como azañistas, liberales progresistas y conservadores, radicales, democristianos, catalanistas, un sector del PSOE e incluso del nacionalismo vasco -a pesar de que su posición sabiniana le acercaba a buena parte de la ideología carlista por lo mismo que la alejaba de la aceptación democrática.
Claro que si la II República española era el espacio de la confrontación, de la negación del otro... esa no era sino una situación heredada del régimen anterior. Del inmediato y del previo.
Era por lo tanto la Dictadura de Primo de Rivera que sancionaba la conclusión del régimen liberal previsto por la Constitución de 1.876, debida especialmente al principal hacedor de la Restauración, Cánovas. Una restauración que vería los sucesivos reinados de dos monarcas, don Alfonso XII y don Alfonso XIII y de una reina regente, doña María Cristina.
Especialmente me gustaría detenerme en el reinado del hijo póstumo del primero de ellos. Un mandato significativo en la historia de España, pues se sitúa en el ámbito temporal en que se producen fenómenos tan importantes como la definitiva desaparición del Antiguo Régimen, la industrialización, la aparición de la clase obrera y sus partidos representativos; y, específicamente para nuestro país, la pérdida de nuestras colonias y el nacimiento del espíritu regeneracionista, que se extendió como una gran mancha de aceite por toda la geografía nacional.
De Alfonso XIII -como de la práctica generalidad de los españoles de la época- no puede decirse que no fuera un rey regeneracionista, pero sí que no fue un rey demócrata.
Al utilizar la expresión "rey" unida a la de "demócrata" debo hacer una precisión. No me refiero a una supuesta "monarquía democrática" -que sería algo así como una contradicción en sus términos, una cosa y la opuesta a la vez, un oximorón; sino a la convicción de una persona que recibe un poder, no democrático sino liberal, y que lo dirige hacia una formulación democrática. Algo así como, andando el tiempo, haría su nieto, el actual rey; con la diferencia de que, don Juan Carlos recibiría un poder total, carente de instancias de control y su abuelo no, como veremos a continuación.
Y es que la Constitución de 1.876 era -a decir de los especialistas- una Constitución liberal, sustentada en los dos poderes: las Cortes y el Rey.
Prescindiendo de la suciedad de los procesos electorales vividos a lo largo de toda la época. Caracterizados por el encasillamiento, la descarada intervención de los gobernadores civiles, la manipulación de los caciques y -en algunas ocasiones- la compra de votos o la violencia sobre los electores... la soberanía nacional la formaban el Parlamento y el Monarca. Las circunstancias políticas -y la apreciación que de las mismas se hacía desde Palacio- determinaba el momento oportuno del cambio de gobierno. El rey nombraba como primer ministro al jefe de la mayoría conservadora o liberal -opuesta a la que hasta ese momento estaba en el poder- y le entregaba el decreto de disolución . El "encasillado" haría el resto del trabajo. Obtenida así la mayoría, el Gobierno gobernaba y el rey ejercía el poder moderador, hasta que se produjera la siguiehte crisis ministerial.
Este sistema turnante -al que también se le denominaría como de "turno de partidos"- operó sin mayores problemas con los dos primeros monarcas y con don Alfonso XIII hasta el año 1.909, con ocasión de la "semana trágica" y la caída del "gobierno largo" de Maura, de cuyo inicio este año cumplimos su centenario.
Nombres como Sagasta, Cánovas o el propio Maura significaron, hasta 1.909, una forma de hacer las cosas.
Hay un cambio de rumbo a partir de 1.907. No es cuestión de analizar ahora las circunstancias que motivaron la "semana trágica" de Barcelona. Para quienes tengan interés en el asunto recomiendo el ensayo seminal de Joaquín Romero Maura "La rosa de fuego" y -para que no se me vea demasiado el plumero, con tanta cita familiar- de la excelente novela de Eduardo Mendoza "La verdad sobre el caso Savolta".
Una gran campaña internacional seguiría al proceso y posterior ejecución de Francisco Ferrer Guardia. La misma campaña que en España daría lugar al "Maura no" y a la reacción del "Maura sí" y el nacimiento del maurismo, un movimiento de ideología difícilmente clasificable.
Una vez que don Alfonso cedía a la presión internacional y cesaba a un gobernante que disponía de mayoría absoluta parlamentaria, le ocurría como a los votantes tradicionales de un partido cuando han depositado la papeleta en favor del partido contrario: una vez que el voto no les quema entre los dedos y ni siquiera el presidente de la mesa le mira con mala cara, ese elector le ha perdido el miedo al "pecado" y está dispuesto a convertirse en recurrente pecador.
Y esto es, poco más o menos, lo que le pasó a don Alfonso: observó que ejercer la política concreta -directa y cotidiana- no exigía pago de peaje alguno y, simple y llanamente, lo convirtió en un juego. Intervenía en los nombramientos -especialmente en los que afectaban a los militares-, dirigía personalmente los hechos de guerra -Marruecos- o pretendía vincular la política internacional española respecto de Europa a su parentesco y relación con las casas reales existentes en el viejo continente.
Algunos dirigentes políticos no quisieron seguirle la gracia y sencillamente los orilló. Ese hecho daría lugar a los llamados "idóneos" del partido conservador, capitaneados por Dato hasta su asesinato o el buceo regio por entre las diferentes familias liberales, después del también asesinado Canalejas, con saltos que iban desde Moret a Romanones, hasta que consiguió deshacer en mil pedazos la clase política de la Restauración. Muchas veces -es preciso subrayarlo- contando con el concurso de unos políticos mediocres, ahítos de favores regios y siempre dispuestos a satisfacer las veleidades del monarca.
No tuvieron mucho recorrido las políticas alfonsinas de atracción del republicanismo de la época. Don Miguel de Unamuno acabaría vituperándole desde su exilio en Hendaya -según carta que escribiría a Gregorio Balparda y a la que hago mención en mi historia novelada "Ultimos días de agosto". No tuvo mejor suerte que el escritor bilbaino el republicano astur Melquiades Alvarez, a quien -como al primero de ellos- haría don Alfonso vagas promesas de democratización de su régimen que nunca cumpliría. Álvarez sería hecho prisionero a lo largo de la guerra y uno de los ejecutados en el triste episodio de Paracuellos
Los últimos gobiernos de concentración y de unidad nacionales de Maura, que este asumiría por mero patriotismo y de acuerdo con su lema: "por mí no quedará", no podrían ya recomponer los cristales rotos de un régimen destrozado ya. El propio Maura calificaría gráficamente a estos gobiernos presididos por él de "monsergas".
Había sido el paso de los gobiernos constitucionales a los gobiernos palatinos -según expresión de Santos Juliá- en que las crisis se calificaban de "orientales", pues se cocinaban inevitablemente en el Palacio de Oriente.
Luego advino la dictadura, en 1.925, que era ya el autoritarismo en estado puro. Una dictadura que algún historiador complaciente con la dinastía, pero seguramte poco cercano a la verdad histórica, ha pretendido desmentir que ocurriera con el expreso apoyo del rey. Este, que en su primer viaje oficial a Roma con el dictador, presentaba al general Primo de Rivera al rey Víctor Manuel como "mi Musolini".
Alfonso XIII representó, como pocos, el escenario de "una de las dos Españas". No fue el único, como queda dicho. Pero él tuvo la oportunidad de derivar su concepto de regeneración hacia la democracia y no lo hizo. En lugar de eso, su deriva fue intervencionista y autoritaria.
La otra España fueron ya las dos del poeta, los españoles en confrontación y rechazo que combatirían en la guerra civil.
No me detendré mucho en reconocer la legitimidad del régimen republicano, de la Constitución de 1.931 y del gobierno del Frente Popular. Es evidente, por lo tanto, que el llamado "Alzamiento Nacional" fue una insurrección contra el poder legítimamente constutuído, un golpe de estado, cruentísimo además.
En términos históricos y sociológicos la guerra civil expresa el fracaso de los españoles en compartir un proyecto común, la incapacidad siquiera del reconocimiento del otro como sujeto de criterios a valorar, la incompatibilidad radical y furibunda.
En 1.986 -50 años después del inicio más bárbaro de nuestra contienda- 11 historiadores españoles de ideologías diversas y procedentes de regiones y nacionalidades diferentes, pactaron un texto para TVE que se dividió en 30 capítulos de una hora.
Me pregunto si ese pacto sería factible hoy.
En el último capítulo de la serie se viene a utilizar la expresión "vencer a la guerra", como la tarea a realizar, como la tarea que se estaba entonces realizando en España.
Hoy ya no es posible la repetición de la guerra. Pero sí lo es que, al amparo de su evocación histórica, se utilice la guerra para repetir una de sus causas: la marginación de la otra España.
Y en eso reside el error. No porque peligra la paz sino porque se pone en peligro la convivencia entre las expresiones políticas.
No es la calle el espacio de la confrontación de las ideas, sino el Parlamento. Y no tiene sentido la evitación del diálogo desde el poder con la oposición para conducir al consenso, y en lugar de eso articular heterogéneas mayorías alternativas que sólo expresan la marginación de quien representa cerca de la mitad del voto emitido.
Se trata de un mal ejemplo de una peor práctica. Por el momento nada más.

martes, 23 de octubre de 2007

DEBATE MONOGRAFICO SOBRE SEGURIDAD Y SALUD LABORAL

Me gustaría abordar este debate desde una aproximación real al problema, sin juicios previos y desconectado de la habitual confrontación político-sindical que hace estragos en este país y en este particular asunto. Una aproximación, por lo tanto, desconectada de toda demagogia. Porque -como todos los portavoces que han hecho uso de la palabra ya han manifestado, y lo harán quienes sigan haciéndolo en el día de hoy- se trata de un asunto muy serio. . En el pasado año 2.006 se han registrado un total de 46.730 accidentes de trabajo; de ellos, 322 respondieron a la calificación de "graves" y tuvieron consecuencia de muerte 52. Son cifras inasumibles para una sociedad civilizada y presuntamente previsora que está concluyendo la primera década del siglo XXI. Cifras que intentaré situar en su contexto a lo largo de esta intervención.
Es preciso reducir al máximo estas cifras y, para hacerlo, no basta con sumarse al corifeo de los que reparten culpas a diestra y siniestra. Es necesario realizar un diagnóstico acertado y proponer un camino practicable para la mejor solución del problema. Entiendo que los ciudadanos exigen de los políticos que hagamos olanteamientos en positivo y ese pretende constituirse en el el sentido de mi intervención en la mañana de hoy.
La ley española parte de un concepto genérico del accidente de trabajo: "toda acción que el trabajador sufra con ocasión o por consecuencia del trabajo que ejecute por cuenta ajena", dice el art. 115 de la LGSS.
Esta definición admite como accidentes de trabajo a enfermedades cardiovasculares o a accidentes de circulación que se producen "in itinere" y que suman en su conjunto la mitad de los accidentes laborales.
En relación con la UE ocurre:
- que algunos países no contabilizan los accidentes "in itinere" o los de tráfico, como es el caso de Irlanda o del Reino Unido.
- en ocasiones no se consideran mortales cuando el fallecimiento no sigue inmediatamente al accidente.
Y, en una aproximacióm exenta de demagogia habría que separar responsabilidades de causas. Una cosa es que se responda al accidente y otra que se sea causante del mismo. Pasa lo mismo con los seguros de automóviles y los accidentes de tráfico: los jueces tienden a no estimar las excepciones contenidas en los condicionados de las pólizas, tratan de atender a un criterio de orden indemnizatorio..
Es verdad que, cuando fallan las medidas preventivas, coinciden las notas de causante y responsable en el empresario.
Pero existe también como causa la fatalidad o la no observancia de medidas preventivas por parte del trabajador.
Para trabajar sobre las causas habría que identificar cuatro ámbitos:
- el empresario, que es el que crea el riesgo;
- el trabajador, que lo sufre;
- la administración, con los instrumentos de que dispone para combatirlo. En el caso de la CAPV, a través de Osalán;
- la sensibilización social, de manera que se introduzca el valor seguridad como un valor generalmente asumido. En este sentido, nadie se escandaliza en España porque no se integre en los currículos de FP la asignatura de seguridad en el trabajo.
Empezando por las causas, habría que formularse la siguiente pregunta: ¿se encuentran entre las causas de la siniestralidad la temporalidad y la subcontratación?
Puede, sin duda, existir una cierta relación de causalidad; pero no deberíamos olvidar que.el riesgo se encuentra principalmente en la actividad antes que en el tipo de contrato.
Por ejemplo, tomando como caso ilustrativo a la Administración Pública, hay más accidentes laborales en la Ertzaintza que en Osakidetza, que sin embargo se encuentra a la cabeza de los contratos temporales.
Y en el sector privado, hay baja siniestralidad en el comercio y la hostelería -que concentran buena parte de la temporalidad- y más alta en la química y el metal -con una alta proporción de contratación fija.
Y está el factor de la edad: la mayoría de los accidentes laborales con consecuencia de muerte se concentran en trabajadores de más de 30 y 50 años, donde existe una elevada tasa de contratación indefinida.
Y el colectivo femenino, que concentra el 39% de la temporalidad, presenta unos índices de siniestralidad entre 5 y 7 puntos menos que entre los hombres.
Es preciso distinguir entre el fenómeno de la subcontrtación y el de la subcontratación en cadena. La primera trae su causa de la especialización y de la colaboración interempresarial, bajo el principio de que cada uno se concentra en lo que mejor conoce.
En la subcontratación en cadena existe una cesión de unidades de producción o de obra, sin aporte de valor y casi exclusivamente con objeto de una reducción de presupuesto.
Por lo tanto:
- hay que identificar y prevenir todos los riesgos que pueden aparecer en la empresa y en el puesto de trabajo.
- la mayor parte de los accidentes graves se deben a un grupo reducido de riesgos.
- por lógica, habrá que concentrar la atención y las actuaciones en los riesgos que producen más accidentes
Dicho lo cual, ¿qué evolución está teniendo la siniestralidad?
.Si hay que creer en las estadísticas, en términos comparativos, el total de accidentes ocurridos eh la CAPV era de 50.585 en el año 2.000; y de 46.730 en 2.006. . Los años 2.001 y 2.005 representan puntas de agravamiento en esta decreciente tendencia.
En cuanto a accidentes graves y mortales, el año 2.000 sumaron 556 y el año 2.006 374, ,con iguales puntas que en el conjunto.
Y, a pesar de Disraeli y sus peor que "bloody lies", entiendo que la estadística.que mejor define la siniestralidad laboral es el llamado "índice de incidencia", que compara los accidentes con el número de trabajadores en activo. Pues bien, este "ratio" ha pasado del 77'96 por cada 1.000 trabajadores en el año 2.000 al 61'54 en 2.006, con una punta de 64'66 en 2.005.
¿Ha sido la administración vasca la principal responsable de esta tendencia?
Sinceramente no lo creemos así.
Como argumento que acredita lo que decimos habrá que examinar el instrumento de que en este sentido fispone el Gobierno Vasco: Osalan.
- Habrá que empezar por decir que el documento no realiza un análisis interno de su situación.
- No se han modificado sus funciones ni organización una vez aprobada la LPRL.
- Que siga organizándose en base a sectores y no a especialización como sugiere la ley y la directiva marco es otro de los pasivos a anotar en su particular cuenta de resultados.
- Osalan no es una herramienta para combatir los accidentes de trabajo y ni siquiera sirve para coordinar en este sentido.
- El 40% de las horas de sus técnicos se dedica a planes de siniestralidad, con un resultado mínimo.
- No existe coordinación entre sus áreas de trabajo.
- Tampoco estamos de acuerdo con la habilitación de Osalan en inspectores. No se debe ser a la vez juez y parte.
En definitiva: no podemos pedir un cambio de mentalidad a la sociedad respecto de este problema si no ajustamos previamente el instrumento de que disponemos para ello..
Para toda la tarea que tenemos que emprender se nos presenta un documento probablemente sobreabundante, que a pesar de su extensión exigiría de una mayor concreción.
Se crean hasta 17 grupos de trabajo. ¿Se acuerdan ustedes de Napoleón Bonaparte, que cuando es preciso enterrar la solución de un problema hay que crear una comisión? No una, 17. Por cierto, tantas como CCAA existen en España.
Termino ya. Las políticas de prevención en materia de siniestralidad laboral deben abordarse desde el triple acuerdo: Administración, sindicatos y organizaciones empresariales.
Si la Administración vasca no ha conseguido propiciar el acuerdo en esta materia, al menos entiendo que el Parlamento debiera realizar el esfuerzo de marcar un estilo diferente: hacer posible un acuerdo donde otros no saben, no pueden o, simplemente, no quieren intentarlo.
Este es el propósito que ha animado esta intervención y que informa las propuestas de resolución que debatiremos en su momento.
No se quiera ver una especie de voluntarismo político en esta intención, sino más bien una llamada de atención a los agentes sociales y al Gobierno, que por cierto demuestra lo que vengo manifestando desde antiguo: que si el Gobierno Vasco convoca a los agentes sociales, a todos, a una reunión tripartita, tarde o temprano los agentes sociales, todos, acabarán sentándose en la mesa.
Por lo demás sólo me queda desear buenas prácticas y mejor éxito al trabajo de todos los implicados en esta fundamental tarea, y me gustaría que por el Parlamento y los grupos que lo componen no se le resten apoyos al combate de la siniestralidad laboral. Que, por lo menos por este parlamentario no quedará.

domingo, 21 de octubre de 2007

Autonomías regresivas

No diré que España vive en trance de desaparición -como afirman los apologistas de la catástrofe- pero sí que afronta un momento de regresión histórica. El origen de la reflexión que motiva este artículo se sitúa en el planteamiento de superación del Antiguo Régimen -al que, es preciso no olvidarlo, tanto colaboraría la actual dinastía reinante-. Con él se fueron detrás los aranceles,alcabalas y tasas de cualquier clase que gravaban todo tipo de mercancías en su discurrir a lo largo de la península..
Este cambio traía su causa en una verdadera necesidad. Los señoríos feudales asentaban su posición política en determinados territorios. Era un poder desde el que exigían esos y otros gravámenes, los cuales consolidaban su preeminencia política. Y desde esta situación dominante sometían a un auténtico chantaje a los reyes, de quienes afirmaban sin embargo su condición de súbditos. Pero los comerciantes -hombres de negocios de la época- no podían estar de acuerdo. Sus productos recibían tal número de cargas a lo largo de su viaje por España que llegaban muchas veces al consumidor final en la forma de objetos cuasi-preciosos, con los inconvenientes que de ello se derivaban en cuanti a su consumo.
El comercio llama siempre a la apertura de nuevos mercados, en una vía que no ha descansado hasta la llegada de la actual globalización.
En ese sentido, el proceso de centralización emprendido en España, en su versión más democrática a partir de la Constitución de Cádiz de 1.812, puede ser considerado como una auténtica tendencia, que apenas se vería truncada por fugaces fenómenos como el que diera en denominarse como cantonalismo -"¡Viva Cartagena libre!", reflexiones sesudas como el republicanismo federativo de Pi I Margall, las tímidas Mancomunidades emprendidas por algunos políticos de la Restauración iniciada por Cánovas o los Estatutos de Autobomía concedidos por nuestra Segunda República.
Si esa lectura jacobina constituye el trazo dominante en nuestra historia moderna, es cierto que no siempre fue democrática, ni siquiera liberal: la dictadura del general Franco es siempre ejemplo paradigmático de centralismo autoritario.
Esa tendencia se quiebra con el Estado de las Autonomías que se establece en el título VIII de nuestra vigente Constitución y se refuerza después por la revisión estatutaria impulsada en la actual legislatura por el Presidente Zapatero.
Los treinta años transcurridos y la aplicación de las previsiones constitucionales en materia autonómica nos permiten obtener algunas conclusiones.
Sin ánimo de resultar exhaustivo ciataré alguna. La primera podría consistir en el nacimiento y consolidación de unas nuevas clases políticas regionales, compuestas por Consejeros, Viceconsejeros, Directores de los respectivos Departamentos y de las empresas públicas creadas al calor de las transferencias competenciales.
Estas clases políticas lo son de dos tipos básicos: las que proceden de los partidos nacionalistas, en las llamadas "nacionalidades históricas" y las estructuras territoriales de los partidos nacionales que se hacen fuertes básicamente en las regiones.
Unas y otras se parecen bastante. El común denominador -aparte de un discurso más o menos integrador o reivindicativo- es el de presionar a la Administración Central en petición de mayores competencias que alimenten a su siempre voraz legión de pretendientes a engrosar el pesebre de los elegidos.
No se trata por lo tanto de que exista o no demanda por parte de los ciudadanos que componen esas comunidades autónomas de un mayor techo competencial. No existe tal, como lo demuestra la escasísima participación ciudadana en los referendos de Cataluña y Andalucía.
Incrustadas estas clases políticas en las instituciones territoriales y alejadas de los ciudadanos, sus nuevos estatutos apenas pretenden acercar el poder al ciudadano, sino acercarse ellos mismos.-esas clases políticas- al poder.
De ese modo, los partidos nacionalistas presionan a los partidos nacionales que se encuentran en el Gobierno de España a que concedan más competencias a las autonomías que ellos gestionan. Ponen a cambio de esas políticas sus votos en el Congreso de los Diputados. No pretenden en realidad la independencia, sino el permanente chantaje a la cosa común.
Las estructuras territoriales de los partidos nacionales -especialmente cuando gobiernan en sus autonomías- dicen contribuir a un proyecto común que se llama España, aunque lo que están haciendo realmente es ayudar a su fragmentación. El pago que entregan para ello al Gobierno central de su partido es la paz organizativa interna -"entre bomberos no hay que pisarse la manguera".
Y como resultado de todo eso se ha construido ya un proceloso país compuesto por diecisiete países. Un notario que no sepa catalán no podrá abrir notaría en Barcelona, un prestigioso médico que no domine el euskera no podrá ejercer en el hospital de Cruces y una empresa de servicios que no esté radicada o disponga de filial en Murcia no podrá participar en determinados concursos públicos Y hay quien piensa que conviene trocear también la Seguridad Social, de modo que los pensionistas a lo mejor tengan dificultades para cobrar su jubilación en el supuesto de que el sistema público dependiente de su autonomía recorte sus prestaciones o simplemente se declare en quiebra -no quebrarán desde luego las empresas públicas de esos territorios en tanto haya que pagar las nóminas de los paniaguados de sus partidos.
La distancia entre representantes y representados, entre políticos y ciudadanos se va acrecentando con el paso del tiempo. Y las convicciones de los primeros se han visto sustituidas en gran parte por sus propios intereses crematísticos.
La unidad de España no es sólo importante por lo simbólico. Lo es también porque se refiere a la solidaridad y al progreso. Este consiguió clausurar el tiempo insolidario del Antiguo Régimen. Pero hoy pueblan los escenarios públicos estos nuevos reconstructores del pasado para contarnos en la práctica que, al fin y al cabo, ese tiempo histórico era bastante mejor y que conviene reeditarlo.