lunes, 12 de mayo de 2025

¿Se aplicará el artículo 5 del Tratado de la OTAN en caso de agresión?

(Publicado en la revista “Avance para la Libertad” en su número de mayo de 2025)


El general, diplomático y político británico, Hastings Lionel Ismay (Lord Ismay), que sería el primer secretario general de la OTAN, señalaría que dicha organización se había creado para mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes bajo control. Pero, más allá de ese ya conocido aserto, en realidad la OTAN se formaría para proteger a los países europeos de cualquier eventual agresión por parte de Rusia, con independencia del que fuera su régimen o denominación (comunista, despótica o neo-zarista).



La manera estrepitosa con la que ha estrenado su segundo mandato el presidente de los Estados Unidos nos ha planteado la pregunta fundamental que nos formulan los convenios internacionales; ¿cumplirán las partes los términos de. Los acuerdos, llegado el caso? O, dicho de otro modo, en el caso de un ataque militar por parte de un tercer país, ¿repelerán los socios esa agresión producida a cualesquiera de los firmantes? Más en concreto aún, ¿lo harán los americanos presididos por Donald Trump?


Seguramente que este es el punto más débil de la cadena que vincula a los países europeos con su seguridad, la defensa de sus valórese de su propio estilo de vida… lo que nos conduce a un debate de carácter existencial. ¿Deberíamos modificar nuestras prioridades?, ¿el proyecto de vida que hasta el momento presente hemos definido y emprendido ya no es válido? , ¿existe o no un efectivo paraguas norteamericano que nos proteja cuando arrecie la tormenta? Y la sucesión de preguntas no acabará con las respuestas que formulemos a esas cuestiones, vendrán otras: ¿cuánto nos costará todo eso?, ¿qué tiempo tendremos para encontrar una alternativa?, ¿esperarán nuestros eventuales enemigos a que estemos finalmente organizados o asestarán algún golpe de gracia en tanto que vamos por ahí corriendo más o menos como pollos sin cabeza?


Más allá del tenor literal del Tratado, es preciso subrayar que el acuerdo atlántico nacía precisamente para no ser aplicado. Es decir, que el potencial militar norteamericano, y el paraguas nuclear derivado del mismo, constituirían un nivel de disuasión suficiente para que otras terceras partes, presuntamente contendientes, no hicieran uso de la fuerza en contra de los socios de la OTAN. Pero hoy, las nuevas declaraciones y medidas propuestas por el inquilino de la Casa Blanca han generado serias dudas en cuanto a la credibilidad de este aserto.


Vayamos al Tratado. Lo que señala el artículo 5 es lo que sigue:


“Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, ser considerado como un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudar a la Parte o Partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las

medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer

la seguridad en la zona del Atlántico Norte. Cualquier ataque armado de esta naturaleza

y todas las medidas adoptadas en consecuencia serán inmediatamente puestas en

conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de

Seguridad haya tomado las disposiciones necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales”.


El texto acordado fue, como ocurre en todos los supuestos similares, fruto de un encuentro basado en un denominador común. Los europeos pretendían una redacción más clara, más rotunda, por lo tanto. Su objetivo era que todos los países respondieran a una agresión militar en los mismos términos proporcionales en los que se hubiera producido ésta. Sin embargo, el Congreso norteamericano prefirió una fórmula más ambigua, que es la que finalmente se incorporaría al acuerdo.


De esa manera, en el  supuesto contemplado en el Convenio, cada país respondería al Estado agresor en los términos que considerara oportunos. No se trataría, por lo tanto, de poner soldados en el terreno (boots on the ground), ni siquiera el establecimiento de sanciones en contra del contendiente. Bastaría, incluso, con la remisión de un tweet de condolencia solidaria -algo así como ocurría con los antiguos  telegramas de pésame- para cumplir con el texto del Tratado. No es entonces el Tratado lo que fallaría, sino la disposición del más fuerte de los aliados a actuar de manera solidaria, y contundente.


Habría también que diferenciar la Alianza Atlántica del Tratado de la OTAN, de la que éste trae su causa. Así como la Alianza nacía para defender ese elemento de cada vez más difícil definición práctica que es la democracia, el convenio que le seguía tiene un carácter militar. La Alianza, en cuanto tal y respecto de sus objetivos, puede decirse que está herida de muerte -si es que no se dirige con paso acelerado hacia el cementerio. Pero ese no es necesariamente el caso de la OTAN.


Lo cual constituye el nudo gordiano de la cuestión, ¿comparten los Estados Unidos de Trump una visión democrática como la que tenemos los europeos?, (¿la tenemos clara nosotros mismos?), ¿o hemos desterrado definitivamente -americanos y algunos europeos-, por obsoletos, los valores occidentales y la legislación internacional para adorar solamente al becerro de oro de los intereses comerciales?


Convendría que nos aclaráramos pronto de lo que tenemos entre manos.


sábado, 10 de mayo de 2025

Treaty

Se dice que un autor deja de ser propietario de su obra en el momento en el que la entrega al público. Es a partir de entonces cuando el espectador se hace con el control del producto y define su representación y sus contornos. Se hace nuestra, se adapta a la nuestra propia situación emocional y vital, en resumen, la recreamos. Y si esto es cierto en lo que se refiere a una novela, por ejemplo, ¿qué podríamos decir acerca de un poema, en el que el contenido  de lo escrito forma parte del ámbito subjetivo del autor tanto como el del lector?


La canción que revisitar hoy, Treaty, debida al poeta canadiense Leonard Cohen, y contenida en el último disco publicado por él (You want it darker) es una de las piezas más acabadas de su obra. Forma parte indisociable del conjunto del álbum y constituye la despedida del autor a su público, después de las emocionantes giras que nos dedicara, toda vez que el cantante se quedaba sin recursos económicos, debido a la mala -¿negligente o ilegal?- gestión de su representante. En otro de los temas contenidos en ese disco, Cohen aseguraba estar preparado (I am ready, My Lord)., una declaración que confirmaba que en esos trabajos se contenían sus últimas voluntades, el testamento de un poeta en su última obra. Sin perjuicio de que el cantautor canadiense continuaría trabajando hasta el final de sus dias, parecía que era consciente de que esa sería su última grabación.


Por eso, pienso que no conviene que tratemos de comprender el Tratado que nos propone Cohen en los viejos términos del amante que se dirige hacia el objeto de sus deseos, como quizás resulte posible en otras de sus creaciones. En ésta, la literalidad se impone -casi- a cualesquiera otras interpretaciones, y el convenio del judío canadiense se sitúa en los mismos términos que él mismo ha propuesto.


En Treaty Cohen se enfrenta directamente al Jesús del Nuevo Testamento, desde el Yahvé del Antiguo, como si se tratara de dos personas no sólo diferentes, incluso opuestas; de manera que quizás el joven Dios quisiera arrebatar su puesto al viejo. Ha visto al Cristo realizar sus hazañas en forma de milagros, lo ha visto transformar el agua en vino y convertirlo enagua después (I've seen you change the water into wine/I've seen you change it back to water, too), pero no parece demasiado impresionado por esa magia, tampoco por la victoria del Hijo sobre el Padre, que es una batalla que hasta cierto punto el Hijo está ganando en el corazón de millones de seguidores a lo largo del mundo. Cohen parece agotado por el esfuerzo de la contienda, y renuncia al combate  No me importa -asegura- quién tome esta maldita colina (I do not care who takes this bloody hill). Sólo aspira a que se firme un tratado de paz entre tu amor y el mío (entre el Hijo y el Padre).


Regresa Cohen por lo tanto a Suzanne, en el primero de sus discos, cuando decía que Jesús era un marinero cuando caminaba sobre el agua, aunque pasó mucho tiempo observando desde su solitaria torre de madera (tal vez la cruz) que sólo los marineros podían verle, y dijo que todos los hombres serán marineros (pasto de las aguas) hasta que el mismo mar los libere. Pero él mismo estaba ya roto -nos sigue contando Cohen-, mucho antes de que la tierra se abriera (con su muerte) había sido abandonado, casi como un hombre.(¿Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?, sería la dramática queja de Jesús clavado).


El comentarista Jaime Rodie nos ha llamado la atención sobre los versos que aparecen cerca del final del poema. 


“Oí que la serpiente estaba desconcertada por su pecado / Mudó su piel para encontrar la serpiente dentro / Pero renacer es nacer sin piel / El veneno penetra en todo.”


Unos versos enigmáticos que deberían conectarse quizás con el génesis de la humanidad -volviendo otra vez al Antiguo Testamento-, cuando la serpiente tienta con la manzana a la mujer para que caiga en el pecado. La serpiente no sólo transporta el mal, es el mismo mal y su veneno lo ha infectado todo.


Y Cohen se despide también explicando que entre el poeta y el Cristo hay una diferencia, y es que sólo uno de los dos es real, y que él -Cohen- es el verdadero. ¿Quiere decir que Jesús no era Dios, no era Hijo del Padre, o que lo cierto de la divinidad es tan inalcanzable que resulta irreal? Si se me permite, ¿un corte de mangas o la derrota por la confusión que provoca ese ser que resulta a la vez Dios y Hombre?


Una canción sobre la quë pensar y a la que volver, sin duda.


Incorporo detrás de la letra en inglés su traducción al español:


Te he visto cambiar el agua en vino.

I've seen you change the water into wine


También te he visto cambiarlo de nuevo a agua.

I've seen you change it back to water, too


Me siento en tu mesa todas las noches

I sit at your table every night


Lo intento pero no me las arreglo contigo

I try but I just don't get by with you


Ojalá hubiera un tratado que pudiéramos firmar

I wish there was a treaty we could sign


No me importa quién tome esta maldita colina

I do not care who takes this bloody hill


Estoy enojado y cansado todo el tiempo.

I'm angry and I'm tired all the time


Ojalá hubiera un tratado

I wish there was a treaty,


Ojalá hubiera un tratado

I wish there was a treaty


Entre tu amor y el mio

Between your love and mine


Ah, están bailando en la calle, es la fiesta del jubileo.

Ah, they're dancing in the street it's jubilee


Nos vendimos por amor pero ahora somos libres

We sold ourselves for love but now we're free


Lo siento mucho por ese fantasma que te hice ser

I'm so sorry for that ghost I made you be


Sólo uno de nosotros era real y ese era yo.

Only one of us was real and that was me


No he dicho una palabra desde que te fuiste

I haven't said a word since you been gone


Que cualquier mentiroso no podría decir tan bien

That any liar couldn't say as well


Simplemente no puedo creer la quietud estática que viene.

I just can't believe the static coming on


Eras mi terreno, mi sano y salvo

You were my ground, my safe and sound


tu eras mi ariel

You were my Ariel


Ah, los campos gritan que es la fiesta del  jubileo

Ah, the fields are crying out it's jubilee


Nos vendimos por amor pero ahora somos libres

We sold ourselves for love but now we're free


Lo siento mucho por ese fantasma que te hice ser

I'm so sorry for that ghost I made you be


Sólo uno de nosotros era real y ese era yo.

Only one of us was real and that was me


Escuché que la serpiente estaba desconcertada por su pecado.

I heard the snake was baffled by his sin


Se despojó de sus escamas para encontrar la serpiente dentro.

He shed his scales to find the snake within


Pero nacer de nuevo nace sin piel.

But born again is born without a skin


El veneno entra en todo.

The poison enters into everything


Y desearía que hubiera un tratado que pudiéramos firmar

And I wish there was a treaty we could sign


No me importa quien tome esta maldita colina

I do not care who takes this bloody hill


Estoy enojado y cansado todo el tiempo.

I'm angry and I'm tired all the time


Ojalá hubiera un tratado

I wish there was a treaty,


Ojalá hubiera un tratado

I wish there was a treaty


Entre tu amor y el mio

Between your love and mine




domingo, 4 de mayo de 2025

¿Cómo financiar el mayor gasto en Defensa?


¿Cómo financiar el mayor gasto en Defensa?

El debate abierto en la Unión Europea y, por extensión, en los países del viejo continente que forman parte de la OTAN sobre la mejor manera de financiar el mayor gasto en Defensa, viene exigido, no sólo por la nueva administración norteamericana, sino por una elemental lógica derivada del sentido común. Y es un debate que tiene antiguos antecedentes.

antiguos no supone afirmar que ya en la presidencia de Obama (2009-2017) esa idea se viene planteando del otro lado del Atlántico. Es que el mismo concepto del arrendamiento europeo de nuestra seguridad a nuestros aliados estadounidenses se encuentra en la génesis del proyecto de revitalización de nuestro viejo continente después de la Segunda Guerra Mundial. Era como si, en paralelo al Plan Marshall y a las instituciones que surgían de la gran contienda para asegurar un orden nuevo multilateral basado en reglas, los países europeos considerasen que todo su esfuerzo consistía en concentrarse en su recuperación económica y en no volver a desenterrar la vieja hacha de guerra, resucitando querellas que debieran quedar para siempre sumidas en la noche de los tiempos. Ya el pensador francés, Jean-François Revel, comparando la transformación europea después de la guerra con la desaparición del imperio soviético, había dejado escrito en uno de sus comentarios semanales en la revista Le Point, que aquella tarea no era tan complicada como lo sería la de poner en orden la destrucción económica operada por el régimen comunista. Después de la guerra, ingenieros arquitectos, empresarios, banqueros… seguían en la Europa liberada y estaban disponibles para acometer sus acostumbrados cometidos; por el contrario, las costumbres adocenadas de los trabajadores que surgían del espacio geográfico del Este, con sus planes quinquenales, su carencia de iniciativa y su hacer como que trabajan para que el Estado haga como que les paga -en feliz explicación del régimen castrista cubano- aún sigue generando una dificultad de integración de sus convicciones ideológicas y políticas en nuestra Europa unificada; buena prueba de ello la constituyen los resultados electorales que se vienen produciendo en el espacio de la antigua Alemania oriental.

Hay en cuanto al punto de quién debe pagar por nuestra Defensa más allá de que lo seamos nosotros, los ciudadanos de los países europeos, por descontado- dos tesis de muy difícil conciliación: la de quienes consideran que la factura debe abonarse con fondos europeos, como está ocurriendo con las cantidades empleadas en la recuperación de nuestras economías, consecuencia de la crisis del COVID 19; y la de los que opinan que el esfuerzo debe proceder de los presupuestos nacionales.

El argumento presentado por los partidarios de una aportación europea, por vía de un endeudamiento colectivo, parte de un concepto que podríamos denominar como de una mera agregación de ese gasto a los presupuestos existentes. Se considera así que los estándares presupuestarios están ya establecidos y carecerían de recorrido, en el capítulo de ingresos (lo que quiere decir que la clase media y las empresas, ya se encuentran en exceso penalizadas y no están dispuestas a satisfacer más impuestos, y que un esfuerzo adicional en ese sentido tendría una expresión en la forma de un voto de castigo); pero ocurre lo mismo en lo relativo a los gastos, porque los gobiernos carecen de la valentía de actuar con rigor presupuestario -meter la tijera-, por ejemplo, en el capítulo de pensiones -imagínense el impacto que tendría una medida de esas características en las envejecidas sociedades europeas-, las infraestructuras, o en el gasto más superfluo, o en el dispendio de unas administraciones elefantiásicas, en el sobrante de asesores, o en el de las horas perdidas por el absentismo laboral provocado por el tele-trabajo de algunos funcionarios.

En lo que se refiere a la mera agregación del gasto se podría tomar como ejemplo el caso francés. El país vecino debería pasar de un 2% de su PIB invertido en Defensa a un 5% -que es la cifra exigida por Trump-. Su producto bruto viene a ser de 2,92 billones de euros, por lo que el incremento del 3% llegaría a situarse en el orden de unos 88.000 millones de euros adicionales. Francia se encuentra ya con un déficit del 6% de gasto por encima del ingreso, y una deuda pública del 116%, que no parece capaz de corregir. Si sumáramos el mayor gasto en Defensa, el país del hexágono tendría que financiar una deuda pública cercana al 120%.

Los casos de Italia y España son parecidos, con el agravante en el nuestro de que gastamos en Defensa un magro 1’3%, de manera que nuestro esfuerzo presupuestario y el impacto de éste en el déficit y el endeudamiento públicos resultarían considerablemente mayores. Cuando se escribe éste comentario, el presidente del gobierno español ha anunciado un incremento del gasto en Defensa que totalizaría así un 2%. Existe un cierto ejercicio de ingeniería contable y de singular concepción de los gastos de Defensa en las medidas propuestas, ya que un 35% del presupuesto adicional se empleará en una mayor retribución a los miembros de las Fuerzas Armadas, un 17% en gestión de emergencias, un 31% se empleará en telecomunicaciones y ciberseguridad -cualquiera que este epígrafe suponga- y sólo un 25% en adquisición de nuevos equipos y en apoyo a las misiones internacionales en las que nuestro país participa. Veremos lo que dicen en los cuarteles generales de la OTAN…

En opinión de quienes sostienen la tesis de que ese mayor gasto hay que facturarlo a la Unión en su conjunto, se evoca la idea de que la seguridad y la defensa de nuestro continente constituyen un bien público del conjunto de Europa. Y no sólo eso, es que pagar más provocaría un efecto desestabilizador en las economías y en los mercados que son a priori muy difíciles de evaluar.  Por otra parte -añaden- no es preciso gastar más, es más importante gastar mejor, y mejorar las economías de escala de los 27 presupuestos nacionales, articulados e integrados unos con otros.

Se trata de unos argumentos que, sin embargo, no rechazan -ninguno de los dos- la necesidad de un mayor esfuerzo en los presupuestos nacionales. En todo caso, quienes opinan que toda la carga debe proceder de los países, son conscientes de que la UE deberá ofrecer las facilidades que estén en su mano para que ese esfuerzo adicional no quede frustrado por un exceso de celo en el control de las cuentas públicas de los Estados, como consecuencia de las normas comunitarias en lo que se refiere a la contención del déficit y de la deuda.

Pero, de un cierto mirar hacia otro lado a un nuevo NextGeneration de la Defensa europea, va un trecho muy considerable que no parece que las instituciones de la Unión estén dispuestos a franquear. ¿Qué podría decir Polonia, por ejemplo, con un 4’7% de gasto en Defensa si se le pide que financie, por vía de deuda pública europea, a un país como España que sólo gasta el 1’3%? -o el 2%: si los cálculos de Pedro Sánchez no ofrecenun gato en lugar de una liebre?-  Se lo pueden ustedes imaginar.

En todo caso, y volviendo a la reciente  intervención del presidente español, parece quedar implícita en ella que, finalmente, nuestro gobierno ha capitulado en su tesis del nuevo Next Generation defensivo.

Aunque, tratándose de Sánchez y su habitual kit de resistencia, todo sigue siendo posible.