miércoles, 6 de febrero de 2008

Inspectores contra los débiles

El Ayuntamiento de Bilbao tiene la intención de habilitar cinco plazas -de nueva creación- con el propósito de que se observe el más estricto cumplimiento las normas que rigen las ayudas de bienestar social.
Quizás convenga una explicación previa.
La Comunidad Autónoma Vasca viene desde antiguo prestando ayudas a las personas que viven en situación marginal, que carecen de otro recurso que no proceda de la caridad privada o de la beneficencia pública.
Son dos los tipos de ayuda a las que tienen derecho las personas que malviven en esta situación: las rentas básicas y las ayudas de emergencia social -en adelante AES-. Las rentas básicas se conciben a la manera de un salario y se perciben por lo tanto en recurrentes devengos mensuales; las AES pretenden atender a necesidades ocasionales y se pretende que se presten una sola vez en función del hecho provocador de la emergencia -digo que "se pretende" porque una era la idea del legislador y otra la realidad social en que se aplica la normativa, y la inmensa mayoría de las AES se han ido en el pago de alquileres a que se ven obligados sus beneficiarios.
Una de mis más íntimas convicciones ha consistido en pensar que los sistemas de apoyo público a las personas que atraviesan la triste circunstancia de la pobreza o se encuentran a dos pasos del umbral que conduce a ella constituyen obligado contrapunto a la economía de mercado. Sustituyen históricamente a la caridad privada, y son desde luego más justos porque se establecen de acuerdo con un criterio de generalidad y se supone que ayudan a resolver todos los problemas que exigen de respuesta. Y no sólo lo he pensado así, a lo largo de mis años de parlamentario vasco he formulado todo tipo de iniciativas tendentes a conseguir su extensión, y la prueba de lo que afirmo está en el registro del Parlamento, que supongo público. .
Es cierto que hay gente que no está de acuerdo con los sistemas de ayudas públicas. Santifican de tal manera al mercado que consideran un gravísimo pecado el alejamiento de sus premisas básicas a través de la intervención administrativa que busca corregir los desequilibrios que subyacen en todas las sociedades, y cuando estas ayudas -las rentas básicas en concreto- rozan el umbral del salario mínimo no se echan las manos a la cabeza preguntándose perplejos si se puede vivir con ese tan exiguo ingreso, al contrario: se mesan los cabellos cuestionando la existencia de unas ayudas que establecen importes muy cercanos al mínimo legal -incluso superior a él, en función del número de componentes de la unidad familiar- ya que nadie está dispuesto a trabajar a cambio del salario mínimo si se le concede un beneficio de parecida cuantía y libre de compromisos laborales- . No profundizan mucho más en la materia, construyen una suerte de círculo vicioso según el cual son los pobres los únicos responsables de su pobreza. Quienes así piensan son los llamados neo-conservadores -o "neo-con"-, disfrazados de liberales y que pueblan las filas de los partidos de la derecha, del Partido Popular, especialmente entre sus dirigentes en nuestros pagos vascos.
Pueden no estar de acuerdo, pero su contrapartida no es otra sino el capitalismo salvaje que muestran las imágenes cernidas sobre la insolidaridad humana de los enfermos inatendidos por los hospitales estadounidenses porque carecen de seguro médico. En la cultura europea el Estado asume la responsabilidad de ofrecer a los ciudadanos, en forma de un extenso salario social, prestaciones sanitarias, educativas o asistenciales. Constituyen todas ellas un valor a preservar, si no en aplicación de un elemental concepto de justicia, al menos por un criterio de egoísmo certero: como me decía mi amigo Juan Carlos -"Zampa"- Escauriaza :
- No hay que olvidar que las revoluciones las provoca el hambre.
Por eso me siento perplejo ante la iniciativa municipal que motiva este comentario. Lo mismo me ocurría cuando escuchaba la intervención de una parlamentaria del PP que pretendía lo mismo que ahora ha determinado el Ayuntamiento bilbaino, pero para todo el territorio vasco. Yo me ausenté de la votación para no quebrantar la disciplina de grupo y el resto de la Cámara votaba en contra. Hoy, el nacionalismo que gobierna Bilbao se aplica con rapidez digna de mejor causa a la ejecución de esas mismas políticas: es lógico, las derechas se unen siempre, aunque dispongan de compañeros de cama tan singulares -"politics makes always strange bedfellows"- como los nuevos conservadores que hoy emergen curiosamente desde las filas de Ezker Batua.
¿Han pensado en la coalición que gobierna Bilbao que quizás habría previamente que en incrementar los servicios sociales de base? ¿O es que los marginados no necesitan de consejo, de asesoría y de acompañamiento? Y que no digan que con semejante medida están mejorando la prestación de asistencia: lo que están creando es una inspección sobre la pobreza.
Comprendería que se incrementara la inspección de Hacienda en una autonomía cuya economía sumergida supera los 9.600 millones de euros -según estudio de la UPV realizado por encargo de la Diputación Foral vizcaina-, pero no puedo entender que se estreche el cerco sobre los débiles.
Podrían nuestros munícipes haber resuelto ampliar el plazo para que las personas con derecho a estas prestaciones puedan presentar sus solicitudes, pero al Ayuntamiento le mueve más el temor a la picaresca que el socorro social: el plazo para la petición de las AES empieza el 4 de febrero y concluye el 15 del mismo mes. ¿Qué ocurrirá con las necesidades que se generen desde el 16 de febrero hasta el 31 de diciembre? Yo se lo digo: que tendrán que esperar hasta el año que viene, con inclusión de la probable visita de uno de esos cinco inspectores que arderá en deseos de conocer si además de la nevera solicitada dispone el presunto beneficiario de otra en perfecto estado de uso. En el improbable caso de que así ocurra la utilizará seguramente como armario, porque a lo mejor carece de recursos suficientes como para pagar la factura de Iberdrola que supone alimentar semejante aparataje electrodoméstico. Ya sé que el ejemplo se inscribe en el terreno de la causticidad, pero no es menos ridícula la pretensión fiscalizadora emprendida por nuestro consistorio.
Vivimos en los aledaños de una recesión. El mes pasado todos los días se incrementó el desempleo en más de 4.000 personas en toda España, en el País Vasco el paro de los inmigrantes se ha incrementado en los últimos 30 meses dos veces y media y uno de cada cuatro bilbainos vive al límite y bajo la amenaza de la pobreza.
En tiempos que preconizan una drástica reducción en el número de puestos de trabajo es preciso poner la burocracia de la Administración al servicio de los débiles, no al de su persecución. Insisto, si no por el sentido de la justicia por el del egoísmo. ¿O es queeEstamos seguros de que ninguno de nosotros va a necesitar nunca de esas ayudas?

martes, 5 de febrero de 2008

De palos y velas

Germán Yanke ha escrito un artículo en "ABC" en el que se hace eco de la posibilidad de que UPyD pueda obtener representación parlamentaria en las próximas elecciones generales. Empezaré por agradecer el comentario, que se encuentra por otra parte avalado por encuestas publicadas y privadas: es tal la sequía informativa que nos rodea que parece haberse establecido como nueva regla de buena crianza o de uso de lo políticamente correcto en España el no referirse a este partido. Claro que Germán Yanke se toma muy en serio a sí mismo -¿demasiado?- y repite hasta dos veces en su artículo que es preciso no confundir la mera posibilidad con su cumplimiento, eso de la equivocidad de los pronósticos que es lo único cierto cuando se pone uno ante su propia bola de cristal. Y es que por lo común el yerro es en los mercados de futuros de la política bastante más frecuente que el acierto.
Germán Yanke es un liberal que decidió observar el ruedo vasco e hispánico desde la barrera. Lo formularía en el otoño de 1.982, cuando un grupo de liberales bilbainos -cuatro y el tambor- nos resolvimos integrar la llamada sopa de letras en las elecciones de ese año bajo la marca del PDL, partido que presidía entonces Antonio Garrigues Walker. Fueron los comicios que acabaron por mucho tiempo en España con las posiciones del centro moderado y abrieron la puerta a un modelo de bipaartidismo imperfecto, en el que PSOE y AP recorrían casi todo el espectro político, dejando un limitado espacio al pequeño partido que luego fundara Adolfo Suárez con algunos de los vestigios del naufragio que se llevaría por delante a UCD.
Germán Yanke no quería que el diminuto Partido Demócrata Liberal vasco participara en aquéllas elecciones. Le recuerdo en la diminuta sede de que disponíamosen la calle Henao de Bilbao. Germán Yanke explicaba su tesis que bien pudiera expresarse a la manera de las antiguas máximas:
- Antes de ir a unas elecciones hay que hacer el partido.
Pero se trataba de la evocación de un interminable círculo vicioso, nunca un partido se encuentra lo suficientemente maduro para confrontarse con los otros, y al contrario son las elecciones las que lo maduran. Porque las elecciones son para los partidos lo mismo que las bicicletas lo son para el verano -en el afortunado título de la película de Jaime Chávarri-. Uno puede crear una plataforma -un club político- y no tiene por qué presentarlo a las elecciones; desde el momento en que se determina la fundación de un partido esa decisión debe operar con todas las consecuencias y, en política, las elecciones constituyen la más palmaria de las consecuencias que son esperables para un partido. El caso contrario -un partido que no se presenta a unas elecciones- se parece bastante a un enfermo en fase de irreversibilidad terminal. Ejemplos de lo que digo pueden encontrarse a miles, y como para muestra sirve con un botón, en la escena política vasca podemos fijarnos en la trayectoria de Unidad Alavesa, que acabaría coaligándose con el PP y pidiendo el voto para ese partido para luego desaparecer.
Cuando creamos UPyD sabíamos de la dificultad del proyecto, intuíamos las dificultades de financiación -quizás no de forma tan descarnada como ahora se presentan- y acertábamos con los espacios de sombra informativos que se cernían en nuestro entorno. Pero descubrimos el insustituible capital humano que recibe el calificativo de la ilusión y nos hemos lanzado al que pretendemos nuevo ruedo hispánico asumiendo la confrontación con los viejos partidos.
En 1.982 éramos conscientes de nuestra pretensión: regenerar el centro político en el País Vasco y contribuir a hacerlo en el espacio nacional desde un ingrediente liberal. Ese objetivo se consiguió en el año '96 y obtendría mayoría absoluta electoral sólo cuatro años después. En el País Vasco, de la mano de los socialistas y de los movimientos cívicos, estuvo a punto de conseguirse en el año '91.
Hoy nuestro objetivo consiste en regenerar la vida política española desde la transversalidad. El liberalismo que otros arrojaron a la cuneta -¿consistía, ahora que estamos en Carnavales, sólo en una máscara que ocultaba sus verdaderas intenciones?- vuelve a constituirse en ingrediente fundamental del proyecto.
Como en 1.982 los hay quienes han preferido aguardar en sus cuarteles de invierno a la espera de lo que digan los electores. Otros, como Germán Yanke, han optado por ejercer su liberalismo desde la letra impresa en los medios de comunicación. Hay tantas velas como palos que las soporten. Y eso apenas importa. La clave de este asunto –cpmo de la gran mayoría-- es que todos conozcamos el nombre del mástil que hemos decidido aguantar.

lunes, 4 de febrero de 2008

La fuerza de la vida

Mi comentario de hoy se refiere a una niña que tiene ya 20 años. He dicho niña y he dicho bien. Pilar nació con el cordón umbilical enrollado a su cuello, lo que le produjo un infarto medular. Vive desde entonces en el hospital de Cruces -Barakaldo- y necesita de respiración asistida. Es tetrapléjica.
Acostumbrada a vivir en la unidad de pediatría ha crecido rodeada de niños cuya edad ha dejado atrás, conservando sin embargo los mismos sentimientos infantiles que ellos tienen. Las visitas procedentes del mundo exterior que recibe las componemos un amplio elenco de personas, pero todos formamos parte de una o de dos generaciones hacia arriba respecto de la suya. Fijada de esa manera al mundo de los niños, Pilar lo es también. Una niña muy lista, como lo era su madre.
Porque hace cinco años perdió a su madre y su vida amenazaba con desmoronarse, pero Pilar resolvió aguantar y ser feliz, en medio de todas las adversidades que la rodean. Vivir es una decisión cotidiana que formulamos todas las mañanas en ese momento que media entre el sonido del despertador y el gesto de hacer a un lado las sábanas para encarar una jornada más. A Pilar no le suena el despertador ni se puede levantar de la cama por sí misma, pero no por eso le es extraño ese principio fundamental: la voluntad de seguir viva.
Pilar es una lección de lo que significa la vida humana, la de cualquier persona. Una vida única e irrepetible, volcada hacia un mundo reducido -¿pero qué mundos no son pequeños?-; sorbiendo con fruición de su entorno y ofreciendo, a la vez, la gracia de su sonrisa y de su risa, la gracia de sus pedorretas y de alguna de sus quejas.
Pero ha tenido también malos momentos. Por los hospitales navegan siempre los más heterogéneos virus, deseosos de encarnarse en infecciones para destruir los organismos de quienes habitan esos recintos. Hace tres días desde que escribo este comentario que me dijeron que Pilar estaba grave. En realidad ya lo sabía y en mi pregunta sobre el estado de su salud buscaba yo más una confirmación que una respuesta. Saturaba poco, no le llegaba el oxígeno. Ese treinta por ciento de un solo pulmón útil que tiene empezaba a decirle adiós, agotado de tantos años de respirador artificial.
Lo pasé mal. He contemplado a la Muerte en diversas ocasiones a lo largo de mi vida. He observado los cadáveres de mis abuelos maternos, de mi padre... Nada es igual sin embargo a la contemplación de tu propia muerte, cuando la Vieja Señora vestida de negro se lleva a tu mujer y te hace el efecto que muchos años de tu vida forman parte del mismo cortejo fúnebre.
Y sentí lo mismo cuando imaginaba la presencia de la Muerte en la habitación de Pilar. Y no debe resultar exagerado ni producto de una fértil imaginación: Proust le contó a Celeste Albaret, su criada, que había visto a la Vieja Señora pocas horas antes de cerrar definitivamente los ojos y una pintora vitoriana me narraba su juego al escondite con la Muerte por las calles de Lisboa.
Y Pilar ha sorteado a la Señora de la guadaña lo mismo que hiciera en una ocasión mi amiga de Vitoria. Porque quiere vivir, tiene esa inmensa fuerza interior que la ayuda a forzar todas y cada una de las previsiones médicas y a batir los récords que figuran en el libro Guinnes.
Nadie le ha hablado a Pilar de la sabiduría oriental y dispone de poco más que de la fé del carbonero -incluída una manía definida al cura del hospital a quien le dedica una cumplida ración de pedorretas y que no sé muy bien de quién habrá heredado-. Pero ha desarrollado una suerte de espiritualidad interior que sólo resulta comparable -por inversamente proporcional- con su reducido y atrofiado organismo.
A veces, cuando voy a verla, me la encuentro ensimismada, una décima de segundo antes de que ella advierta mi presencia. Me gustaría entonces disponer de un haz de luz tan poderoso que me permitiera conocer la realidad de sus pensamientos, pero soy consciente de que esa vida íntima de Pilar sólo a ella pertenece y que en ese terreno vedado somos intrusos hasta los más próximos.
Pienso que nos morimos cuando queremos -siempre que no sea un azar accidental el que se nos lleve-. Lo mismo que mi abuela materna cuando reunió a sus hijos para anunciarles que había decidido marcharse: esa misma noche se iba con esa finura de maneras y esa inteligencia privilegiada que ella tenía. De modo que, cuando desaparece la lucha por la vida, uno convoca a la Muerte para entregarse al viaje final. Hay muchas maneras de suicidarse, las pasivas son las más frecuentes.
Pilar posee lo que bien pudiera calificar de una aparentemente inagotable fuente de vida interior que calma su ser sediento y parece disponer de todas las respuestas para todas las preguntas.
Ayer, antesdeayer, arrojaba de un lado de su cama -una vez más- a la Muerte. Y yo, que intuyo los ropajes negros y la centelleante guadaña que lleva la Señora, me alegro nuevamente de su derrota. Creo que también ella -como Pilar- es sabia. Y sabe que debe esperar.

viernes, 1 de febrero de 2008

Nuestra lista al Congreso

La verdad es que a uno no le queda más remedio que pedir perdón por el sólo hecho de ser bilbaino -no por "ir de bilbaino", lo cual deberá por fuerza convertirse en el más horrible de los pecados y merecer en consecuencia todas las excomuniones divinas y humanas, además de las eclesiásticas.
Una vez presentadas mis excusas debo decir que algunas veces hasta lo sabemos hacer bien los bilbainos .
Me refiero a la candidatura de Vizcaya para las próximas elecciones generales presentada por UPyD. Prescindiendo de quien la encabeza -el que firma este comentario-, los nombres que el Comité Electoral de Vizcaya ha presentado a la Junta Electoral se basan a mi juicio en tres factores: la transversalidad, la trayectoria y la conexión con los movimientos cívicos que se sitúan en nuestros orígenes más inmediatos.
Hacemos transversalidad. Liberales y socialistas, ex pepés y ex Izquierda Unida. Ahí está Katy Gutiérrez, que fue en su día una excelente rival en el Parlamento vasco, una mujer que colaboró con los movimientos cívicos del Foro de Ermua y que va nada menos que de dos en la candidatura.
La trayectoria ejemplar tiene dos nombres en la lista: Vidal de Nicolás -cerrando la candidatura- y Tomás Tueros al Senado. No necesitan de presentación. Basta con citar sus bombres para evocar la lucha antifranquista, la sensibilidad por la culttura, el nacimiento de un sindicalismo libre y comprometido y la margen izquierda que es historia y es presente y futuro.
No resulta difícil encontrar la huella de las personas que encarnaron los movimientos cívicos en nuestra lista: Katy, Vidal y tantos otros que no están en la lista pero cuyo compromiso está ahí.
Dicen los ingleses eso del "last, but not least" -lo último, pero no lo menos importante-. Y ahí está también mi querido doctor Gabilondo, llegado de Cruces y de una fé inquebrantable en todas las ideas que defendemos.
Y está el resto de la candidatura: gente de la Universidad, experta e inexperta en política. Y tenemos hasta una funcionaria de la Unión Europea -María Tellería- que presta su contribución a la paz en uno de los pasos que comunican -y separan- a Palestina de Israel.
No creo que deba escribir más para expresar mi convicción más íntima en que para mí es un orgullo como bilbaino y como liberal encabezar esta candidatura.

jueves, 31 de enero de 2008

Una mirada interior

"El bar de Zampa" es un lugar especial, como lo ha sido siempre su propietario. Es un establecimiento público, por lo que a nadie se le impide el acceso, no hay cartel que diga que "en este local se reserva el derecho de admisión" y a ninguna de las personas que se les ocurra asomar sus narices se le observa con cara rara -y eso que este país está fabricado en la osadía de los intrusos y la arrogancia de los que se supone que llegaron antes-. Pero es "de Zampa", así que viene a ser una prolongación del salón de su propia casa, con sus libros, sus discos y sus fotografías dee las playas de la Guinea Ecuatorial donde pasara los primeros años de su vida. Uno se diría en presencia de la posada de "la Jeanne", en la célebre canción de Brassens, y en ella:

"On est n'importe qui, on vient n'importe quand,
Et comme par miracle, par enchantement,
On fait partie de la famille"

Pero Zampa no es brasseniano, es dylaniano; que son dos bardos universales. Unidos en relatar el amor y la desesperanza, el primero antesala del segundo; una alegría remansada que sin embargo anuncia la inminencia de las aguas turbulentas del desamor.

Era un domingo, después del mitin del Arriaga. Cuatro personas en derredor de la barra y hay una conversación que debuta siempre con todo recién llegado. Estaba Margarita -permítanme evitar la referencia exacta de su nombre: no he pedido su permiso para mencionarla- y nuestro coloquio giró sobre el acto del Arriaga al que ella había asistido. Margarita aludía a la libertad de expresión, las coerciones con que se asedia a este derecho y la necesidad de la paz. Luego nos referimos a la condición humana, al amor, la poesía y a la realidad de los hechos que pervierten los buenos principios que quizás algún día tuvimos.
Fue una conversación tan inesperada como grata. A la salida, Margarita me ofreció un DVD para que lo viera. Le prometí que así lo haría. Y lo hice el día anterior al que se escriben estas líneas.
Es un escenario en el que interviene un orador ante un reducido grupo de personas. Es un buen orador. Es un tipo de raza india, muy moreno, rollizo de cara y de ancha cabeza. Habla en inglés.
La primera intervención que contenía el disco me pareció en exceso cargada de moralina. "Este es un tele-predicador", me dije a mí mismo. Pero había en él algo especial, una cierta profundidad en su relativa simplicidad que me llevaría a seguir el visionado restante.
Y me reuní finalmente con esas ideas que proceden de la sabiduría oriental y que en nuestra tradición cristiana no hemos sabido encontrar, quizás porque un buen día a un ejército de hombres se le ocurrió convertirse en mediadores entre Dios y las restantes personas que no habían obtenido la imposición de manos por la cual podían oficiar en nombre de ese Ser Supremo.
Recuerdo que hace ahora cinco años viajé a China y que me interesó mucho su filosofía, especialmente su mirada interior, los principios contrapuestos del "yin" y del "yang" y la serenidad íntima como respuesta a los innumerables conflictos que nos acosan a lo largo de nuestras vidas.
Después, he querido viajar a la India, pero tanto mis circunstancias personales como las climatológicas de ese país en el momento del año en que podía producirse el desplazamiento me lo desaconsejaron. Por otra parte, no quería hacer el viaje de un turista que sólo pretende hacer una foto del Taj Majal, otra del río sagrado de Benarés y obtener alguna estampa adicional de la pobreza local en Calcuta; todo ello unido a la adquisición de algún recuerdo que colocar en las estanterías que les significan como gente de lo más universal y que han conseguido a un precio irrisorio, lo que los convierte por lo visto en eficacísimos negociantes, además -una lanzaroteña de origen bilbaino, amiga mía, califica con acierto a esos especímenes humanos de cabritos, o más bien de la versión más fuerte de esa especie animal que no repetiré.
Me gustaría relacionarme -siquiera de forma tangencial- con los modos orientales de pensar el ser humano. Insisto. Además que soy tintinista de convicción y se me va la imaginación detrás de las pagodas tibetanas. También he de decir que me impresionaron la espiritualidad unida al sentido de la ética personal y la dignidad del Dalai Lama cuando intervino en el Parlamento vasco y que se lo dije a él mismo. Pero no existen programas de mano a consumir en quince días con filosofía oriental incluida, nadie ha sido capaz de cocinar y vender un "fast food" mental de esas enseñanzas.
Pero hay posibilidades que nos permiten acercarnos a estas versiones de la espiritualidad, aunque tengo para mí que nuestra cultura occidental basada en el consumo desmedido y en la competitividad a ultranza no resulta ambiente propicio para el desarrollo de esas propuestas. Le ocurre al pensamiento "zen" lo que a los espíritus que pueblan las selvas africanas, que al contacto con la "civilización" occidental se disuelven como un azucarillo en una taza de té y si es cierto que el "vídeo mató a la estrella de la radio" no es menos cierto que la materia hace trizas al espíritu con bastante mayor facilidad que al contrario.
Anoche tuve el privilegio de escuchar a Marachi -así creo que se llama- desde el cómodo sofá de mi casa. Me habló de lo maravillosa que es la vida, de la necesaria mirada hacia mi propio interior, de la juventud permanente de mis sentimientos.
Era como el Buda que decía:

"Vosotros mismos debéis ser la llama que os ilumine".

O, en versión de Marachi:

"Dentro de ti está la necesidad de ser feliz, y está también la felicidad. Dentro de ti están las preguntas, y están todas las respuestas".

Fue un toque de atención que quizás me permita encender la llama a que se refería Buda.
Porque es verdad que la oscuridad nos rodea de tal manera que confundimos los objetos y les adjudicamos propiedades que de las que carecen, en tanto que no se nos ocurre encender la lamparita que nos hace vernos, conocernos, sentirnos y amarnos -¿por qué no?- a nosotros mismos, como representantes de una humanidad que se repite maravillosamente en cada una de las personas, que son -somos- un proyecto sagrado para la felicidad.
Supongo que en ese camino y con esos instrumentos resulta fácil deslindar lo importante de lo que no lo es. Y establecer propuestas de acción que de verdad sean útiles: la utilidad de nuestros sentimientos más auténticos y puros -por no contaminados.
Gracias, Margarita, gracias Zampa por crear todos los días ese maravilloso espacio de encuentro.

miércoles, 30 de enero de 2008

"26 ENE": LA REVÁLIDA

Recuerdo que volvíamos emocionados del acto fundacional de Unión, Progreso y Democracia, un 29 de septiembre, en que Rosa Díez y Fernando Savater explicaron las razones del nuevo proyecto flanqueados por dos lugartenientes de las emociones: el verbo sarcástico del juglar Boadella y la pausada palabra del escritor y liberal Vargas Llosa -el izquierdismo de este último quedaba a lo que parece definitivamente enterrado en la "Catedral" de su conversación-, cuando Nico Gutiérrez -una especie de andante osadía bilbaina reciclada ahora en dueño de casa rural en Palencia- con su resolución característica me anunció más que me propuso:
- La presentación del partido la tenemos que hacer en el Arriaga.
A continuación me explicaba sus razones: UPyD había nacido en el País Vasco, muy ligada a la Platafprma ¡Basta Ya!, y sus dirigentes nacionales lo seríamos en gran medida vascos. No podíamos lavar nuestras conciencias con un acto político al uso: teníamos que dar la campanada.
Era un 29 de septiembre y todavía nos la prometíamos fácil. Habíamos superado el estío acompañados por una prensa que esperaba impaciente nuestra decisión final constituyente, de modo que alimentamos la célebre serpiente de verano en singular combate con el famoseo que doraba sus pieles bajo el sol mediterráneo.
Pero las primeras lluvias del otoño enfriaron nuestro optimismo: los actos que montaba el partido para Rosa Díez en toda España -Madrid aparte, desde luego: “de Madrid al cielo”- no pasaban de congregar a unas 150 personas, todo lo más. De modo que la propuesta empezó a calificarse de "fantasía bilbaina" y que en el peor de los casos era mejor invertir el orden de los factores -empezar por las presentaciones provinciales para terminar con la regional- confiando en que el producto final fuera razonable en cuanto al éxito del acto. Así que empezamos con una rueda de prensa en Álava -para la "petite histoire": fue en esa ocasión cuando Mikel Buesa hizo pública su calificación de "pufo" vasco en relación con el cupo-; la presentación en un mitin en Bilbao -con la primera salida del armario upeydiana de mi antigua compañera y antagonista en el Parlamento Vasco Katy Gutiérrez- y una mesa-coloquio con Carlos Martínez Gorriarán en San Sebastián -primera aparición política pública de Marisol Cruz, según ella misma me manifestaba.
Pero el acto en el Arriaga se cernía cual espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Me lo decía Juan Luis Fabo blandiendo su dedo acusador a medio camino entre la prevención de un bondadoso agente del orden y la amenaza bíblica de las postrimerías mundiales:
- El acto del Arriaga se va a hacer, no pienses lo contrario. Ya hemos pagado 1.200 euros.
Era como mencionar la palabra "comida" en la cabaña que servía de cobijo a Charlot en "La quimera del oro". Cuando Juan Luis habla del vil metal y toda la fraseología con él relacionada -créditos, bancos, avales...- se mesa los cabellos y asoma a sus labios un rictus de tristeza infinita.
Y en eso se nos iban las Navidades y presentábamos a los cabezas de lista al Congreso el 12 de enero en Madrid. Era la fortaleza de los débiles, como he dicho en otra ocasión y resultó un acto espléndido. Madrid es una plaza de ciudadanos vibrantes y entusiastas y más de mil personas nos congregábamos en el teatro Alcázar.
De regreso a Bilbao, armados de tacos de octavillas, de un escaso presupuesto de comunicación y con una preocupación cierta -que no es lo mismo que una cierta preocupación- nos lanzamos a la calle en las tres capitales vascas, en tanto que nuestros compañeros del resto de España montaban autobuses y coches para asistir al mitin.
En otro comentario de mi “blog” he comentado lo que significaron para mí los repartos anunciadores de este mitin así que procuraré no castigar a mis amables lectores. El caso fue que mi velada del viernes 25 resultó particularmente lamentable: en mi sueño, un escenario desangelado acogía mi solitaria presencia, no había atril, ni bandera, ni siquiera un cartel que mencionara el nombre de nuestro partido. Sosteniendo un micrófono inalámbrico que recogía mi distorsionada voz según la opinión del artefacto -seguramente influída por el nacionalismo, porque resultaban aquéllas palabras mías en el recuerdo del sueño melifluas, erráticas y ambiguas-, desarrollaba mis ideas a un auditorio desolado en que las calvas superaban las de mi despejadísima cocorota. No había sombra de la grácil figura de Rosa Díez, e gesto irónico de Fernando Savater brillaba por su ausencia y nada se sabía de Antonio Elorza, Álvaro Pombo, los cabezas de lista de Álava y Guipúzcoa y mis compañeros de Vizcaya y del País Vasco no se habían hecho presentes. Para colmo, los escasos concurrentes al desconcertante acto consultaban ávidamente sus relojes y dirigían sin descanso sus miradas a la salida del patio de butacas en unánime y solidaria voluntad de abandonarme en cuanto se les presentara la menor de las oportunidades.
Desperté bañado en mi propio sudor. Encendí la luz de la lamparita de la mesilla de noche y lentamente comprobé que los objetos familiares estaban mayormente en su sitio, incluyendo la camisa usada del día anterior tendida junto a la silla en que deposito las perchas de las chaquetas que aún no he colgado en el armario y los jerseys y chalecos que ordeno sólo cuando siento espanto ante mi propio desorden -lo que me ocurre en contadas ocasiones.
Pude reconciliarme finalmente con el sueño y todo lo bueno que puedo decir de este último es que no recuerdo ahora nada de él.
Hacía un frío pelón esa mañana de sábado, despejada y dormida aún. Me iba por la calle en dirección al teatro Arriaga con uno de los "banners" del acto en bandolera. Un antiguo compañero del PP sorprendía mi deambular despistado por la plaza de Moyúa.
- Luego voy a veros -me dijo- y os voy a votar. Los buenos somos siempre los que nos vamos –añadió, enunciando una extraña regla general que hubiera sido ampliamente amonestada por el propio Bertolt Brecht en su apócrifo poema sobre la dedicación revolucionaria..
Una vez que reanudaba mi marcha hacia ese punto de no retorno en que se había transformado para mí el lugar del mitin me preguntó: "¿Eso que llevas es un violín?".
Me encontraba demasiado tenso como para improvisar una respuesta ocurrente asó que sólo le expliqué de lo que se trataba.
Llegado al teatro accedí por la puerta de atrás. Subí las escaleras y entré por una puerta que decía "escenario". Avancé unos pasos y me topé con un espeso cortinón. Busqué el espacio de apertura y pasé por él.
Lo primero que observé fue el alucinante espectáculo de un patio de butacas absolutamente vacío. Paco Pimentel organizaba los detalles, a la vez que con una mirada de grave prevención me advertía:
- Hay como 700 butacas. Va a costar un huevo llenar esto.
Marisol Cruz llevaba unos días arrastrando su catarro -no es un decir: enardecía ella misma sus miasmas a base de cenas y de copas- me anunciaba que los candidatos debíamos presentarnos en el hotel Ercilla, donde nos esperaban los restantes intervinientes.
Allí nos fuimos y allí estaban Rosa, Savater, Elorza, Pombo, Martínez Gorriarán, Maica y Fernando Cózar, este último con la cámara de fotos en ristre.
Alguien sacó a relucir el nombre del Presidente del Gobierno, supongo que Álvaro Pombo dirigiéndose a Antonio Elorza por su excelente artículo reciente titulado "El bulldog". La conversación derivaría hacia mi amigo Nicolás Redondo. Fue entonces cuando Savater nos contaría una anécdota acaecida cuando Fernando presentaba a Nicolás como candidato a Lehendakari.Zapatero le habló de filosofía. Le dijo que leía a Kant y lo entendía, que leía a Hegel y lo entendía. Pero que no entendía lo que pasaba en el País Vasco.
- Tú sigue leyendo filosofía. En cuanto a la política vasca haz lo que te digamos Nicolás y yo -le espetó.
Está claro que no siguió su segundo consejo. Dudo mucho que lo haya hecho alguna vez con el primero.
Subimos en los coches. Me acompañaba Carlos Martínez Gorriarán. Recuerdo que el camino se me hizo muy largo y una pesada capa de silencio nos envolvía a los dos. Era sábado y las calles me parecieron abarrotadas de vehículos. Nunca he percibido una ordenación del tráfico más caótica que la de aquél día.
Llegados al teatro, El coche de Rosa no estaba aún. Ella misma llamaba para decir que aparecería enseguida.
Llegó y entramos. Eran las doce y cuarto cuando avanzábamos por un patio de butacas repleto. El objetivo principal lo habíamos resuelto entre anuncios, octavillas y autobuses de toda España. Los oradores teníamos que hacer el resto.
Y creo que gustamos.

Mi impresión es que en la corta historia de UPyD el acto del 26 de enero podría pasar como el de la reválida vasca de nuestro partido. De aquí partían nuestras reflexiones estivales que se proyectarían al conjunto de España. Y han vuelto a Bilbao en la forma de un proyecto vigoroso y convincente.

domingo, 27 de enero de 2008

Texto -ampliado- de la presentación de candidaturas de UPyD en el País Vasco

Hace exactamente dos sábados, UPyD presentaba sus candidatos al Congreso de los Diputados en un acto en el que pretendíamos hacer de la necesidad, virtud; de la aparente debilidad, la verdadera;fortaleza de las semanas, años, incluso.
Porque... ¿cómo es posible que un partido que se crea un 29 de septiembre; que dos meses y medio después -un 13 de diciembre- tiene que presentar una campaña de bonos reintegrables porque no hay ningún banco que le preste dinero; pueda hacer un acto el 12 de enero con los 52 cabezas de lista al Congreso?
La respuesta a esa pregunta está en el hastío que está produciemdo la vieja política en toda España, con unos partidos que sólo piensan en ellos mismos, unos partidos que se han convertido en agencias de colocación de ellos mismos.
Pero la respuesta a lo que ya hemos conseguido en menos de 4 meses está también en el País Vasco, en Bilbao. Está aquí, entre nosotros. En todo lo que hemos hecho juntos en el Foro de Ermua, en Basta Ya, en la Fundación para la Libertad... y en UPyD que no es, en este trozo de España, sino una continuidad, una consecuencia natural de todos estos movimientos cívicos: hacer de la necesidad, virtud, de la debilidad no nacionalista, la fortaleza constitucional; de los pocos días y las escasas semanas, meses y años de pasos firmes, adelante, en nuestro camino hacia la libertad.
Y en ese acto del 12 de enero, en Madrid, algunos compañeros explicaron la razón de su presencia allí, de su candidatura al Congreso o al Senado.
A mí me gustaría explicar qué hace un antiguo militante del PP en este partido, que llama a la unidad en el progreso y la democracia.
Y para explicar eso es preciso hacer un poco de historia, sólo un poco. Hoy hemos escogido para nuestra presentarnos el teatro Arriaga de Bilbao. Un edificio que inauguró, hace unos cien años, un alcalde liberal y progresista que se llamaba Gregorio Balparda.
Era liberal y era progresista. El liberalismo bilbaino sólo puede ser progresista porque es una posición política que nace sitiada por los carlistas. Los liberales defendían una España sin fronteras y con libertades y los carlistas querían la vieja España de los fielatos y los privilegios, lo mismo que los nacionalistas, que son sus descendientes, pero con la diferencia de que no sólo no quieren una España de españoles iguales ante la ley, sino que pretenden seguir en una Euskadi subvencionada por el resto de España.
Y Balparda, un liberal progresista, pactó con Prieto, que era "socialista a fuer de liberal". Y los monárquicos de Bilbao no presentaban candidatura a las elecciones a Cortes, para que saliera Prieto; y los socialistas no la presentaban en la margen izquierda, para que saliera Balparda. Y socialistas y monárquicos pactaban porque querían impedir el auge del nacionalismo, al que temía Prieto, no por nacionalista, sino por reaccionario.
Hasta aquí la historia, hasta aquí la explicación. Porque en este país -en España- hablamos demasiado del pasado y demasiado poco del futuro. Hay mucha memoria histórica; mucho recuerdo de si se manipuló o no el 11M, por quién se hizo y hasta qué punto. La guerra civil pasó, los jueces han hablado y ahora toca hablar del futuro y del presente. De una sociedad vasca dividida, desintegrada y enfrentada; tan dividida, desintegrada y enfrentada que se pretende que sigamos dando vueltas a la misma rueca de la noria de siempre -lo que somos los vascos, nuestra identidad- mientras dejamos escapar los trenes del futuro. O discutimos sobre si es posible que una banda de asesinos pueda determinar nuestra legalidad futura. Algunos de los que estamos aquí -por edad, no por otra cosa- hemos luchado desde las fábricas, desde los centros de trabajo, desde las universidades... nos hemos batido por una legalidad democrática en contra de una legalidad antidemocrática, que era la legalidad de la dictadura franquista. ¡Y no peleado por una ley basada en la libertad para simplemente incumplir la ley, para convocar referendos ilegales o para sentarnos con terroristas para discutir nuestro futuro!
Hemos venido a ser políticamente incorrectos, a llamar a las cosas por su nombre; a proclamar nuestras ideas sin complejos... A criticar los comportamientos insolidarios de los partidos nacionalistas, pero a criticarlos también cuando esos comportamientos los practican los grandes partidos nacionales.
Y no vamos a construir teorías de plástico sino de hierro o de acero cortén como las esculturas de Agustín Ibarrola. El que habla euskera que lo hable, con naturalidad y sin arrojarlo contra el vecino; el que no lo habla que no lo hable. Miren ustedes, yo he vivido 52 años en el País Vasco y no he necesitado nunca del euskera para hacerme entender, y ahora, con 52 años, no lo voy a aprender. Y que conste que a mi hija le entusiasma el euskera y a mí me parece fenomenal
Termino ya..
Este teatro Arriaga ha visto muchas cosas, una guerra civil, unas inundaciones que socavaron sus cimientos y algunos discursos que luego se los llevaría el viento. Hoy presentamos el nuestro, nuestro proyecto, que viene para quedarse, como Bilbao, al que no consiguieron doblegar los carlistas, como los ciudadanos del País Vasco, a los que no conseguirán vencer los nacionalistas para quedarse, con la ayuda -espero- de todos ustedes.